Ponte en camino, Yo estaré contigo

(cf. Ex 3, 10.12)

Al concluir nuestra Asamblea Ordinaria del inicio de año nos dirigimos a ustedes, hermanos y hermanas en el Señor confiados a nuestros cuidados, y a todos los compatriotas que cada día se esfuerzan por realizar sus propósitos tanto a nivel personal, como familiar y social: que la paz del Señor que camina con su pueblo, esté con todos ustedes.

Estamos iniciando un año lleno de desafíos, marcado por el temor de que muchos salvadoreños se vean obligados a regresar al país si no se resuelve satisfactoriamente su situación migratoria en los Estados Unidos. Marcada también por las elecciones de alcaldes y diputados que se realizarán en el mes de marzo.

En lo que se refiere a la vida de la Iglesia, en octubre del presente año se realizará el Sínodo de los Obispos para tratar a fondo el tema Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Este encuentro de obispos del mundo entero será un momento importante en el camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud que reunirá en torno al Santo Padre, dentro de un año, a jóvenes de los cinco continentes. Damos gracias a Dios porque el Papa Francisco acaba de visitar nuevamente América Latina, iluminando desde Chile y Perú el camino de los hombres y mujeres que vivimos en esta tierra que recibió el anuncio de Jesucristo hace más de cinco siglos.

Otro motivo de acción de gracias que sale del fondo del corazón del pueblo salvadoreño, tan noble y tan sufrido, es la inolvidable experiencia del centenario del natalicio del beato Oscar Arnulfo Romero, a quien esperamos ver pronto convertido en el primer santo salvadoreño.

Él describía su oficio de pastor como un proceso en el que, después de meditar profundamente la palabra de Dios tenía también una mirada atenta a la realidad del pueblo. Decía nuestro amado beato: “Lo ilumino (al pueblo) con esta palabra y saco una síntesis para podérsela transmitir, y hacerlo, a este pueblo, luz del mundo” (Homilía 20 agosto 1978). Queremos seguir su ejemplo e invocamos su intercesión al escribir el presente mensaje, en el que examinaremos dos asuntos importantes de la realidad nacional que causan gran preocupación: la situación migratoria de innumerables compatriotas que residen en los Estados Unidos y las elecciones del mes de marzo.

1. Solidaridad con nuestros hermanos y hermanas migrantes

El Papa Francisco ha dedicado el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz correspondiente al presente año a un tema que nos interesa de manera especial: Migrantes y refugiados, hombres y mujeres que buscan la paz. En sus reflexiones el Vicario de Cristo dice unas palabras que parecen escritas para describir la dura realidad de cientos de miles de hijos e hijas de esta tierra:

“Son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso”.

Las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos nos han ofendido profundamente. Respaldamos la declaración del Arzobispo de San Salvador, cuando expresó la solidaridad de la Iglesia con nuestros hermanos migrantes y pidió respeto a su dignidad de personas de bien:

“Una vez más levantamos la voz unidos a Su Santidad el Papa, para pedir al Gobierno y al Parlamento de los Estados Unidos que respeten los derechos de nuestros hermanos migrantes, que los traten con dignidad porque lo merecen, no son criminales por el solo hecho de no tener sus documentos migratorios en regla; son personas de bien que con su trabajo contribuyen aquel país. Merecen que se les ayude a regularizar su situación migratoria”.

Aprovechamos la ocasión para agradecer las muestras de apoyo que han llegado de distintos países del mundo. Una de las más importantes es la de distintas instancias de la Iglesia Católica en los Estados Unidos. El mismo día en que el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos anunció la finalización del Estatus de Protección Temporal (TPS) que favorecía a cerca de doscientos mil salvadoreños, Catholic Relief Services hizo pública una valiente declaración en la que afirma:

“Terminar el TPS desgarrará a las familias, afectará negativamente a las comunidades tanto aquí en los Estados Unidos como en El Salvador que dependen de los titulares de TPS para obtener apoyo económico y socavará el objetivo de los Estados Unidos para reducir la pobreza, disminuir la migración irregular y promover la seguridad ciudadana en la región”.

Como pastores de este pueblo nos comprometemos a acompañarles en la lucha por sus legítimos derechos y, en caso necesario, ofreceremos nuestro pleno apoyo a quienes puedan verse obligados a volver a El Salvador. A la mayor brevedad una delegación compuesta por varios miembros de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) visitaremos a obispos de los Estados Unidos para agradecerles su solidaridad y coordinar con ellos algunas acciones que puedan conducir a una solución justa y permanente.

2. Ante las próximas elecciones de autoridades parlamentarias y municipales

En este contexto de dolor e incertidumbre por el futuro de miles de familias nuestras que se verían afectadas por la revocatoria del TPS, El Salvador se prepara para elegir diputados y alcaldes el próximo mes de marzo. Notamos en el ambiente bastante apatía, desencanto y frustración porque muchos de nuestros dirigentes políticos no han estado a la altura de lo que el pueblo espera y necesita. Por ese motivo son tantos los que consideran la política como una práctica caracterizada por la demagogia, la superficialidad y la corrupción. Es decir, como una actividad que tiene como fin el beneficio propio o de su partido político, a costa de la población.

Esta concepción es contraria a lo que enseña la Iglesia en su doctrina social y engendra graves males que no podemos aceptar como conformes a la voluntad de Dios. En diciembre del año recién pasado el Papa Francisco explicó el sentido cristiano de la política a líderes católicos de casi todos los países latinoamericanos reunidos en Bogotá. Entre sus reflexiones, les invitamos a meditar las siguientes:

  • La política, decía Pío XII, es una “alta forma de la caridad”.  Es “un servicio inestimable de entrega para la consecución del bien común de la sociedad”.
  • Este servicio exige sacrificio y entrega para conseguir el bien común “sin el cual los derechos y las más nobles aspiraciones de las personas, de la familia, de los grupos intermedios en general no podrían realizarse plenamente, porque faltaría el espacio ordenado y civil en los cuales vivir y actuar”.
  • El bien común es como la “atmósfera de crecimiento de la persona, de la familia y de los grupos intermedios”.
  • “La Iglesia católica alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio”.

El Papa, a la luz de estos principios, concluye que es necesario “rehabilitar la dignidad de la política”. Es así porque en el ámbito político se toman decisiones importantes que afectan positiva negativamente a toda la población.

El Vicario de Cristo es plenamente consciente “del descrédito popular que están sufriendo todas las instancias políticas, las crisis de los partidos políticos, la ausencia de debates políticos de altura que apunten a proyectos y estrategias nacionales…” que vayan más allá de los intereses inmediatos o egoístas. Por eso el Santo Padre lamenta que “con frecuencia el diálogo abierto y respetuoso que busca convergencias posibles, con frecuencia se sustituye por esas ráfagas de acusaciones recíprocas y planteamientos demagógicos. Falta también la formación y el recambio de nuevas generaciones políticas”.

Sin embargo, la realidad negativa que acabamos de describir no justifica la indiferencia y el desprecio con que muchos ciudadanos miran su propia responsabilidad: creen que ya no se puede hacer nada y que lo mejor es alejarse de ese mundo nauseabundo y repulsivo. Por eso faltan “laicos comprometidos” en los campos donde se toman las decisiones que nos afectan a todos. Dice el Papa Francisco: “¿Qué significa para nosotros, pastores, que los laicos estén trabajando en la vida pública? Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo de contradicciones, especialmente para los más pobres”.

En este sentido, el sucesor de Pedro alaba al creyente “que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir su fe”; la fe debe vivirse también en el compromiso político. Hacemos nuestro el llamado vehemente del Papa: “Es necesario que los laicos católicos no queden indiferentes a la cosa pública, ni replegados dentro de los templos, ni que esperen las directivas y consignas eclesiásticas para luchar por la justicia, por formas de vida más humanas para todos”.

Este era también el deseo de Monseñor Romero: “Dios quiere salvarnos como pueblo. No quiere una salvación aislada. De ahí que la Iglesia de hoy, más que nunca, está acentuando el sentido de pueblo. Y por eso la Iglesia sufre conflictos. Porque la Iglesia no quiere masa, quiere pueblo… ¿Qué es el pueblo? Pueblo es una comunidad de hombres donde todos conspiran al bien común” (Homilía del 5 de enero de 1978).

3. Algunas orientaciones pastorales

Conscientes de la gravedad del momento que vivimos, tanto por la situación angustiosa que pasan muchos compatriotas en los Estados Unidos como por la violencia brutal que arrebata tantas vidas en nuestro país, mientras se acerca el día de las próximas elecciones, ofrecemos las siguientes orientaciones pastorales:

  1. El pueblo salvadoreño siempre se ha distinguido por la fuerte solidaridad que existe dentro de la familia. Por eso, nuestra primera palabra es para exhortar a fortalecer la familia tanto aquí como fuera de nuestro país. Sabemos bien que la migración, sobre todo si es forzada, debilita la familia. Para fortalecerla es indispensable, en primer lugar, cultivar nuestra relación con Dios, sobre todo mediante la escucha de su palabra y de la oración. Es necesario también cultivar la unidad familiar y los valores que garantizan su solidez: el amor verdadero, el diálogo y la comunicación sincera dentro del hogar, la comprensión, la capacidad de perdonar y de pedir perdón, la vida recta y la preocupación por los más débiles. El proyecto divino sobre la familia es maravilloso. Como enseña el Papa Francisco, “la familia es el mejor invento de Dios”.
  2. La sociedad salvadoreña está muy enferma sobre todo por el cáncer de la corrupción y la impunidad, la indiferencia de muchos ante el dolor ajeno y la débil conciencia de nuestra responsabilidad como ciudadanos. Pero en medio de ese panorama desolador, hay signos de esperanza como la solidez de las instituciones que tienen que ver con el ejercicio de la democracia, sobre todo algunas de las surgidas después de la firma de los Acuerdos de Paz. Como ciudadanos responsables debemos luchar para que estas instancias cumplan a cabalidad la misión.  “Trabajar por el bien común es un deber del cristiano” (Papa Francisco). Sólo de esta manera la política recuperará su dignidad.
  3. Un instrumento fundamental del sistema democrático es la posibilidad de emitir el voto. El voto debe ser libre, consciente y responsable. Para ello no debemos dejarnos llevar por mensajes propagandísticos ni por promesas vacías o imposibles de cumplir. Votar es un derecho, pero es también un deber: un ciudadano responsable debe votar por el proyecto que busque el bien común de todos, pero sobre todo de los más pobres y desprotegidos.
  4. Un tema crucial que ningún partido y ningún candidato o candidata responsable puede pasar por alto es el de la violencia, sobre todo la violencia homicida. Sería imperdonable que quienes aspiran a gobernarnos pasen por alto o traten este grave problema en forma frívola o superficial. La situación ha llegado a ser tan insoportable que merece la mayor atención y un compromiso firme y decidido.  Pedimos al Señor que ilumine la mente y fortalezca el corazón de quienes pretenden gobernarnos o legislar.
  5. Para concluir este mensaje pastoral hacemos un llamado a la conciencia de todos los violentos. No conocemos qué hay en su corazón y qué hay en su mente para que los brazos se armen para arrebatar la vida de hermanos o hermanas que tienen derecho a vivir en paz. Pero estamos íntimamente convencidos de que toda persona puede cambiar. También creemos firmemente que la pobreza y la exclusión pueden conducir a la violencia y por eso insistimos en que todo ser humano, tiene derecho a una verdadera oportunidad de superación; mediante el estudio y un trabajo digno.

Que Jesucristo, príncipe de la Paz, titular de nuestra República, nos conduzca por los caminos de la concordia, la justicia, la misericordia y el perdón. Ponemos nuestras peticiones en las manos benditas de Nuestra Señora de la Paz.

Dado en la Sede de la CEDES, San Salvador, 25 de enero de 2018, fiesta de la conversión de San Pablo.

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