VENGAN A MI TODOS LOS QUE ESTAN CANSADOS Y AGOBIADOS

Queridos hermanos y hermanas:

Estamos a la mitad del camino en el Año Jubilar,tiempo de gracia y reconciliación,de conversión y perdón. Al final de nuestra Asamblea Ordinaria de tres días,les saludamos en el nombre del Señor.
Al mismo tiempo deseamos compartir con ustedes algunas reflexiones sobre La realidad social de nuestro país.

1. Motivos de esperanza

Como pastores de un pueblo profundamente religioso damos gracias al Señor por los signos de vida que una mirada de fe descubre en el alma salvadoreña. El Jubileo ha puesto en evidencia lo mejor de ese corazón en el que vive y actúa Jesucristo. También alabamos al Padre por las cualidades que caracterizan a nuestro país. En efecto,el mundo entero admira la devoción del pueblo por el trabajo; la fortaleza y el optimismo ante la adversidad; el sentido de solidaridad en las familias; y la forma cómo pusimos fin al doloroso conflicto armado.
También nos alegra ver cómo la sociedad va despertando de su letargo y busca caminos para una participación responsable ante los graves problemas que padecemos.

2. La angustia de la violencia y la agresión contra la niñez y juventud

Pero no podemos cerrar los ojos y el corazón al sufrimiento del pueblo. Ya en el Mensaje del 22 de enero titulado "Para proclamar el año de gracia del Señor" expresábamos el deseo de que el Año Jubilar "deje una huella profunda,no solo en el corazón de cada uno sino también en las estructuras de la sociedad" (n.1). Asimismo exhortábamos a vivirlo "en el amor hacia los pobres y oprimidos,en La solidaridad con los necesitados y en el espíritu de concordia y perdón hacia el prójimo para poder alcanzar nosotros mismos la indulgencia y el perdón del Señor" (n. 3).

Y afirmábamos que "a los problemas que se dan en el seno familiar,se añaden a menudo la angustia de la pobreza creciente,el drama del desempleo,el flagelo de la violencia".
En los meses transcurridos desde entonces los motivos de preocupación persisten. Permítannos detenemos unos momentos en el problema que más angustia al pueblo salvadoreño: la violencia.

La experiencia cotidiana deja en claro que somos una sociedad violenta. Aunque nos dude reconocerlo,la violencia se ha convertido en una cultura,es decir,en un estilo de vida. Hay violencia dentro del hogar,cuando los niños son maltratados y los esposos no pueden resolver pacíficamente sus diferencias; hay violencia en la calle: agresiones físicas,ataques,robos; hay violencia en muchos de los contenidos que difunden los medios de comunicación social. Una forma de violencia particularmente inhumana que ha proliferado entre nosotros,afectando a compatriotas de todos los sectores sociales,es el secuestro. Y es violencia también la pobreza y la falta de oportunidades para que miles de jóvenes puedan realizar sus mejores ideales.

Esto todos lo sabemos. Pero hay algo más: con asombro e inquietud hemos conocido otra forma de violencia que busca sus victimas en niños y adolescentes al pretender darles una educación sexual con contenidos contrarios a la ley de Dios. Nos referimos en concreto a materiales producidos por el Ministerio de Salud y a la campana que dicha cartera de Estado realiza fuera de las escuelas,ignorando el derecho de los padres a la educación de sus hijos. De esta forma,al exacerbar los instintos y minar las bases morales de la persona,se abre la puerta a otros tipos de violencia. Jesús dijo: "Es inevitable que haya escándalos,pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que Ie ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar,antes que escandalizar a uno de estos pequeños" (LC 17,1-2).

3. Una palabra de aliento y de orientación

Ante una realidad tan grave,elevamos la voz para afirmar que estos problemas solo tendrán una solución adecuada si hacemos frente con decisión a la profunda crisis de valores en que se debate la patria. Un pueblo sin valores es un pueblo sin alma y sin futuro. Un pueblo sin valores se encamina hacia la ruina moral.

¿Cómo hacer frente a esta crisis? Comprometiéndonos a fondo en el apoyo y fortalecimiento de la familia,convirtiendo la escuela en una fuente real de valores y logrando el compromiso de los medios de comunicación social para fomentar lo mejor del alma salvadoreña. Por su parte,el Gobierno deberá asumir sus responsabilidades en la búsqueda del bien común de la comunidad nacional dando preferencia a los sectores más golpeados por la pobreza,fomentando la generación de empleos,propiciando un salario justo y promoviendo los valores morales y cívicos.

Sirva también nuestra palabra como un apoyo a las iniciativas de la sociedad civil que están uniendo sus fuerzas para luchar pacíficamente contra la delincuencia. Que Dios les dé sabiduría a fin de alcanzar los nobles propósitos que animan estos movimientos en favor de la paz social.
En este Año Jubilar busquemos todos el encuentro personal con Jesucristo,único Salvador del Mundo. El nos prometió la paz que el mundo no puede dar. En su nombre,les bendecimos de corazón.
San Salvador,20 de julio de 2000

Mons. Fernando Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador
Presidente de La CEDES

Mons. Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

Mons. José Oscar Barahona
Obispo de San Vicente

Mons. Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de Santa Ana
Secretario General de la CEDES

Mons. Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

Mons. José Adolfo Mojica
Obispo de Sonsonate

Mons. Ellas Samuel Bolaños,sdb
Obispo de Zacatecoluca

Mons. Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador

Mons. José Pérez García
Administrador Diocesano de San Miguel

Mons. Luis Morao,ofm
Administrador Apostólico del
Ordinariato Militar en El Salvador

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