¡VEN,ESPÍRITU DE AMOR Y DE PAZ!

Mensaje de la Conferencia Episcopal de El Salvador en el Año del Espíritu Santo

Queridos hermanos y hermanas:

"La gracia de Nuestro Señor Jesucristo,el amor del Padre y la Comunión del Espíritu Santo,este con todos ustedes" (cf. 2 Cor 13,13).

Este saludo litúrgico inspiró tres de las más bellas encíclicas del Papa Juan Pablo II: "Redemptor Hominis" (04.03.79),dedicada a Jesucristo,el "Redentor del hombre"; "Dives in misericordia" (30.11.80),consagrada a Dios Padre "rico en misericordia"; y "Dominum et Vivificantem " (18.05.86),que nos ofrece una profunda reflexión sobre el Espíritu Santo,"Señor y dador de Vida". Las dos primeras "celebran el hecho de nuestra salvación realizada en el Hijo,enviado por el Padre al mundo,’para que el mundo se salve por él’ y ‘toda lengua proclame: Jesucristo es Señor,para gloria de Dios Padre’" (Dominum et Vivificantem 2). De la misma exhortación de San Pablo arranca la encíclica sobre el Espíritu Santo,"persona divina que está en el centre de la fe cristiana y es la fuente y fuerza dinámica de la renovación de la Iglesia" (Ibidem).

1. Vivamos intensamente el Año del Espíritu Santo

En el camino hacia el tercer milenio cristiano,hemos recorrido la primera etapa al celebrar,en 1997,el Año de Jesucristo. Lo hemos hecho en Comunión con el Santo Padre,como preparación al aniversario 2000 de "la Encamación y la venida al mundo del Hijo de Dios,misterio de salvación para todo el genero humano" (Tertio Millennia Adveniente 40). En ese periodo especial hemos proclamado de distintas maneras,individual y colectivamente,nuestra fe en Jesucristo,Hijo de Dios hecho hombre,único Salvador del mundo,ayer,hoy y siempre (cf. Hb 13,8).

Ahora estamos de lleno en el año dedicado al Espíritu Santo "y a su presencia santificadora dentro de la comunidad de los discípulos de Cristo" (TMA 44). De esta manera continuaremos nuestra peregrinación hacia el Gran Jubileo del 2000,el cual no se entiende sin la acción de la tercera persona divina,ya que "el misterio de la encamación se realizó ‘por obra del Espíritu Santo’" (DeV 51). Vivamos el segundo año de preparación al Jubileo como una ocasión providencial para reconocer "la presencia y acción del Espíritu,que actúa en la Iglesia tanto sacramentalmente,sobre todo por la confirmación,como a través de los diversos carismas,oficios y ministerios que El ha suscitado para su bien" (Ibidem 45).

Nuestro Mensaje se dirige en primer lugar a los sacerdotes de todo el país. Ustedes,amados hermanos,son nuestros más cercanos colaboradores en el pastoreo del pueblo de Dios. Ustedes alimentan el rebaño que les ha sido confiado,con el pan de la palabra divina; lo ponen en contacto con la redención de Cristo por medio de los sacramentos,particularmente en la Eucaristía; y lo guían en el camino hacia el Padre,bajo la inspiración del Espíritu Santo.

También nos dirigimos a ustedes,queridos religiosos y religiosas; y a ustedes,amados laicos que colaboran generosamente en el trabajo pastoral. A todos los bautizados nos concede el Señor,en el año del Espíritu Santo,una oportunidad excepcional para avanzar en nuestra conciencia de que somos Iglesia,llenos de gozo,de confianza y de audacia porque estamos seguros de que "el Espíritu Santo la impulsa a cooperar para que se cumpla el designio de Dios,quien constituyo a Cristo principio de salvación para todo el mundo" (Lumen Gentium 17).

En la fe sabemos que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo y que en esa obra divina tenemos una tarea especial los pastores. Hay novedades en la vida de la Iglesia que peregrina en El Salvador. En el seno de la conferencia episcopal hemos elegido nuevas autoridades para los próximos tres años. Además,el episcopado salvadoreño cuenta con un nuevo miembro: Monseñor Elías Samuel Bolaños Avelar,segundo obispo de Zacatecoluca,diócesis en la que sustituye a Monseñor Romeo Tovar Astorga,quien pasó a la sede episcopal de San Miguel. Ya a fines del año recién pasado se había unido a nosotros Monseñor Luis Morao,ofm.,en su calidad de Administrador Apostólico del Ordinariato Militar en El Salvador. Elevemos al Señor nuestros corazones en acción de gracias por el enriquecimiento del cuerpo episcopal y por el benemérito trabajo realizado por Monseñor José Eduardo Álvarez Ramírez durante casi 27 años en la diócesis de San Miguel. Demos gracias también por el esfuerzo realizado en tantos y tantos lugares en el año de Jesucristo.

2. "Al Padre,por Cristo,en el Espíritu Santo"

En 1997 hemos contemplado la persona y la obra salvadora de Jesucristo. Durante el presente año trataremos de conocer más al Espíritu Santo,quien para muchos cristianos sigue siendo "el gran desconocido". ¿Cómo vivirlo? En el Año del Espíritu Santo debemos ahondar en la dimensión trinitaria de la vida cristiana. Se trata de caminar hacia el Padre,por medio del Hijo,en el Espíritu Santo. En el catecismo aprendimos desde niños que el Padre es creador,el Hijo es Redentor y el Espíritu Santo es santificador. El Concilio Vaticano II explica así esta doctrina: el Padre tiene un plan o designio de salvación; para realizarlo envía a su Hijo; después de la resurrección de Jesús,esta misión continua en la Iglesia por obra del Espíritu Santo. Recordemos brevemente la enseñanza conciliar.

El Padre que está en los cielos creo el universo y como centro y culmen de su obra,creo a nuestros primeros padres. Ese fue solo el primer paso porque su plan iba mucho mas lejos: "Decretó elevar a los hombres a participar de la vida divina y,caídos por el pecado de Adán,no los abandonó,antes bien les dispensó siempre los auxilios de la salvación en atención a Cristo Redentor ‘que es la imagen de Dios invisible,primogénito de toda criatura’" (Lumen Gentium 2). Pero el designio de Dios es llamar a los hombres y mujeres de todos los tiempos "a participar de su vida no solo individualmente,sin mutua conexión alguna entre ellos,sino constituirlos en un pueblo en el que sus hijos,que estaban dispersos,se congreguen en unidad" (Ad Gentes 2).

Queriendo Dios llevar a cabo la salvación del mundo "al llegar la plenitud de los tiempos envió a su Hijo,nacido de mujer… para que recibiésemos la adopción de hijos" (Gal 4,4-5). Para cumplir la voluntad del Padre,"Cristo instauró sobre la tierra el Reino de Dios,manifestó a su Padre y a sí mismo con obras y palabras y,por su muerte,resurrección y gloriosa ascensión,así como por el envío del Espíritu Santo,completó su obra" (Dei Verbum 17). Cristo Señor,Hijo del Dios vivo,"vino a salvar de los pecados a su pueblo y a santificar todos los hombres" (Lumen Gentium 2).

"Consumada la obra que el Padre encomendó realizar al Hijo sobre la tierra,fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés,a fin de santificar permanentemente a la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Espíritu" (Lumen Gentium 4). El Espíritu Santo fue enviado por Cristo de parte del Padre "para que llevara a cabo internamente su obra e impulsara a la Iglesia a extenderse a sí misma. El Espíritu Santo obraba ya,en el mundo,antes de que Cristo fuera glorificado. Sin embargo,el día de Pentecostés descendió sobre los discípulos para permanecer con ellos para siempre" (Ad Gentes 4).

Desde entonces,el Espíritu Santo habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo,la guía a la verdad plena,"la unifica en la Comunión y el ministerio y la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos" (Ad Gentes 4). Con la fuerza del Evangelio el Espíritu rejuvenece a la Iglesia,la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con Jesucristo. De esta manera,la misión del Hijo se prolonga en la misión del Espíritu Santo,el "otro Paráclito" (Jn 14,16). Se inicia así el "tiempo de la Iglesia",el cual se prolongará hasta el fin de los tiempos.

3. En el camino hacia el Gran Jubileo

El Jubileo del 2000 es un tiempo especial de gracia para la Iglesia y para el mundo. Durante el periodo de preparación el Papa invita a todos los cristianos y a los hombres y mujeres de buena voluntad,a vivir este tiempo de perdón y de gracia,de justicia y reconciliación universal,tal como se celebraba en el Antiguo Testamento. El Jubileo es un tiempo propicio para asumir seriamente nuestros compromisos espirituales y sociales: conversión,renovación,oración,reconciliación,lucha por la justicia y los derechos humanos,etc.(cf. Tertio Millennio Adveniente 15).

El Gran Jubileo es ante todo un "año de gracia" tal como lo anunció Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30): un tiempo para comprometemos más en favor de la justicia social,la dignidad humana,la liberación de toda esclavitud (cf. TMA 12-13). "El término ‘Jubileo’ habla de alegría; no sólo de alegría interior,sino de un jubilo que se manifiesta al exterior,ya que la venida de Dios es también un suceso exterior,visible,audible y tangible como recuerda San Juan (cf. I Jn 1,1). Es justo,pues,que toda manifestación de júbilo por tal venida tenga su manifestación exterior… Con este espíritu la Iglesia se alegra,da gracias,pide perdón,presentando súplicas al Señor de la historia y de las conciencias humanas" (TMA 16). No pensemos sólo en signos espectaculares y a escala nacional: cada uno puede realizar pequeños signos de paz,de justicia,de fraternidad,de solidaridad en su propio ambiente,comenzando por el ámbito familiar.

El Jubileo es también un tiempo propicio para pedir perdón por las ofensas que hemos hecho a Dios y al prójimo. Es una invitación vehemente del Señor a "purificarse,en el arrepentimiento de errores,infidelidades,incoherencias y lentitudes. Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe,haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy" (TMA 33).

¿Qué actitudes y actividades deben marcar,en el Año del Espíritu Santo,nuestro camino hacia la Puerta Santa? Los obispos de El Salvador recomendamos de manera especial,lo que sigue:

1. Hacer de 1998 el año del sacramento de la Confirmación,preparando sobre todo a personas adultas para que reciban consciente y fructuosamente este sacramento.

2. Comprometerse con mayor empeño en las tareas pastorales,ya que el Espíritu Santo es "el agente principal de la nueva evangelización" (TMA 45),teniendo presente que es el Espíritu Santo quien "construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo" (Ibidem).

3. Descubrir los signos de esperanza que están presentes hoy en la Iglesia y en el mundo. La esperanza cristiana no defrauda; al contrario nos mantiene con la mirada puesta en la meta final y nos motiva para transformar la realidad de acuerdo al proyecto de Dios (cf. TMA 46). Es necesario,para conseguirlo,que los laicos tomen conciencia de la misión que deben desempeñar en el mundo.

4. Trabajar por la unidad y la reconciliación dentro de la comunidad eclesial y en el seno de la sociedad. La reconciliación social es una tarea prioritaria; para cumplirla debemos poner en marcha -según las luminosas palabras del Papa en su segunda visita a El Salvador- la "pedagogía del perdón" (cf. TMA 47).

5. Celebrar con particular solemnidad,de acuerdo a las orientaciones de la liturgia de la Iglesia,la vigilia y la solemnidad de Pentecostés,procurando que en dichas celebraciones participen los distintos movimientos y comunidades cristianas.

6. Realizar un esfuerzo sistemático y progresivo para profundizar en la enseñanza sobre el Espíritu Santo que encontramos en la Sagrada Escritura y en los documentos oficiales de la Iglesia. Para ello se deben aprovechar de la mejor manera posible los materiales de apoyo que la Conferencia Episcopal ha puesto en circulación.

Invocamos a la bendita Virgen María,"que concibió al Verbo encarnado por obra del Espíritu Santo y se dejo guiar después en toda su existencia por su acción interior" (TMA 48). Que ella nos enseñe a ser hombres y mujeres que saben hacer silencio en su corazón,que saben escuchar a Dios y que no desfallecen en el camino porque los anima la esperanza.
San Salvador 25 de marzo de 1998,solemnidad de la Anunciación de la Santísima Virgen.

Mons. Femando Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador
Presidente de la CEDES

Mons. Marco René Revelo Contreras
Obispo de Santa Ana
Mons. Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de San Miguel
Secretario de la CEDES

Mons. José Adolfo Mojica Morales
Obispo de Sonsonate

Mons. Luis Morao,ofm
Administrador Apostólico del
Ordinariato Militar

Mons. Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

Mons. José Oscar Barahona
Obispo de San Vicente

Mons. Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

Mons. Elías Samuel Bolaños Avelar
Obispo de Zacatecoluca

Mons. Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador