UNIDOS EN LA ESPERANZA

Al terminar tres días de oración y diálogo en nuestra primera asamblea ordinaria de este Año Misionero,en comunión con Su Santidad Juan Pablo II que ha invitado a toda la iglesia a vivir el 2003 como Año del Rosario,los obispos de El Salvador queremos compartir con ustedes algunas reflexiones.

1. La Iglesia continúa su labor evangelizadora

Durante nuestra reunión hemos compartido el trabajo que realiza la Iglesia en El Salvador. Si seguimos cumpliendo con entusiasmo el encargo que nos dio Jesucristo de anunciar su mensaje a todos los pueblos (ct. Mt 28,18) y de comunicarles la salvación Integral que él nos trajo con su sangre derramada en la cruz (cf. Col 1,20). La primera necesidad del ser humano es conocer el Evangelio porque hemos sido creados para Dios.

Pero no se trata de predicar un Evangelio alejado de la vida cotidiana,sino de infundir en las venas de la sociedad su savia vivificante,de modo que la palabra de Dios que se hace carne en Jesucristo transforme las estructuras que oprimen a los salvadoreños.

2. Signos de vida y signos de muerte

Durante nuestra reunión hemos contemplado,a la luz de la palabra de Dios,la realidad del país,tan marcada por signos de muerte,pero en la que no faltan las señales de vida como el espíritu de trabajo de nuestro pueblo el optimismo la fortaleza ante las adversidades,el espíritu de familia y todos los valores espirituales,que se arraigan en la fe en Jesucristo.

Sin embargo,los motivos de preocupación aparecen por doquier tanto a nivel mundial por la amenaza de una guerra a la que el Santo Padre se opone con energía,corno en el plano nacional,porque en nuestro pequeño territorio está en crisis la esperanza. En efecto,abundan motivos de preocupación como la angustia de tantas familias agobiadas por la falta de trabajo,el alto costo de la vida,la pobreza la violencia y la falta de paz.

3. Nuestra contribución ante el conflicto del sector de la salud

Un lugar especial ocupa en esta larga lista de males,la deficiencia crónica en el sector de la salud,que afecta a tantos hermanos y hermanas que no pueden acudir al sistema privado porque no tienen cómo pagar los servicios que tanto necesitan. En cuanto a la actual crisis,seguimos insistiendo en que el camino de solución pasa por un dialogo sincero y honesto,en el que predomine el compromiso por el bien común por encima de los intereses particulares.

La moral natural enseña que el fin no justifica los medios. Al contemplar la vida y la misión de Jesús,descubrimos que anuncia el Reino de Dios con obras y palabras,poniendo en el centro el bien de la persona: "Recorría Jesús toda la Galilea,enseñando en las sinagogas,proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo (Mt 4,23).

Como pastores hemos participado en la mesa de diálogo y estamos dispuestos a continuar prestando nuestro servicio. Deseamos hacerlo con plena libertad,no para favorecer a alguna de las partes en conflicto,sino para buscar el bienestar de la familia salvadoreña y contribuir a la paz social. Somos concientes de que la salud es un derecho fundamental que tiene toda persona por el mismo hecho de ser persona,y no una concesión del Estado o de cualquier otra organización.

4. Las próximas elecciones,una oportunidad y una responsabilidad

Les dirigimos este mensaje en los primeros días de la campaña electoral,la cual comienza en un clima de confrontación que ya cobró la primera victima mortal. Es urgente detener esta espiral de violencia tan contraria al espíritu de los Acuerdos de Paz que el país firmó en media de tanta alegría hace once años. La democracia que nos hemos comprometido a construir después de la dura experiencia de una larga lucha fratricida,tiene exigencias que no podemos pasar por alto. Como ciudadanos todos somos responsables del futuro de la nación.

Para cumplir con nuestro derecho y deber,debemos acudir a las próximas elecciones de alcaldes y diputados para emitir un voto libre,consciente y responsable,favoreciendo a los candidatos cuyos valores y programas nos parezcan más adecuados para afrontar la dolorosa realidad de nuestra patria. Que ningún ciudadano se quede sin acudir a esta cita. Es una ocasión privilegiada para impulsar al país por caminos de justicia. de concordia y de paz.

En noviembre de 1993 publicamos un mensaje titulado Votar pensando en el futuro. Allí escribimos: "El voto debe ser responsable. Esto quiere decir que el ciudadano debe saber por quién,por qué y para qué emite su voto. De ahí la necesidad de conocer y analizar con sentido crítico -a la luz de la fe- los principios y programas de los diferentes partidos (n. 3).
De lo anterior sacamos una conclusión: "que ningún católico debería votar pensando en ventajas personales,de familia o grupo,sino en las exigencias del bien común".

5. El azote de la pobreza

Los estudios de los expertos y la experiencia cotidiana nos dicen que El Salvador padece una creciente pobreza y un aumento del desempleo. No podernos resignarnos ante este hecho que afecta a millones de hermanas y hermanos que tienen derecho a una vida digna. Es algo que golpea en forma inmisericorde la unidad familiar,al provocar tensiones insoportables o al obligar a no pocos compatriotas a buscar fuera de nuestras fronteras el pan que no pueden encontrar en su propia tierra.

Ante este cuadro tan doloroso,vienen a nuestro corazón estas preguntas: ¿cuándo seremos capaces de construir un futuro de esperanza para la familia,célula básica de la sociedad y de la Iglesia?; ¿cuándo tendremos leyes y políticas que favorezcan y fortalezcan esta institución fundada por Dios como santuario de la vida y del amor,como escuela insustituible en la que aprendemos a amar y ser amados,a distinguir el bien del mal y a ser ciudadanos útiles a la patria? Es hora de rescatar los valores que hacen de la familia una institución fundamental.

6. Jesucristo es nuestra esperanza

A primera vista,el panorama parece desolador. Pero somos un pueblo creyente,que encuentra en su fe en Jesucristo,la luz y la fuerza para no desfallecer en el camino. Los hijos e hijas de la Iglesia tenemos una ocasión privilegiada para crecer en nuestra vivencia cristiana en el Año Misionero que culminará en noviembre con la celebración del Segundo Congreso Americano Misionero. Exhortamos a vivirlo con intensidad,impulsando procesos de auténtica evangelización que lleven a un verdadero encuentro personal con Jesucristo.

Encomendamos estas intenciones a la Reina de la Paz,nuestra patrona,a quien acudimos en el Año del Rosario que ha sido proclamado por el Santo Padre en ocasión de sus veinticinco años de pontificado. La oración auténtica dirigida a la Madre de Dios y Madre nuestra no nos aleja de nuestros compromisos temporales sino que nos lleva a comprometernos con el plan de Dios,que nos invita a la comunión con el Padre por medio del Hijo,en el Espíritu Santo,y a la comunión de unos con otros,en una sociedad justa y solidaria (cf Iglesia en América,68). Esto sólo será posible sí conocemos y llevamos a la practica la doctrina social de la Iglesia. Muy pronto pondremos en manos de los sacerdotes,religiosas y laicos el material adecuado para la formación de las conciencias a la luz de esta doctrina.

A la Madre de Cristo y de la Iglesia encomendamos también la paz del mundo porque la guerra sería -en palabras del Papa- una derrota para la humanidad. A ella le pedimos también que nos lleve a Jesús,el príncipe de la paz,a quien adoramos como el único Salvador del Mundo. Con nuestros mejores deseos por la paz social,tan necesaria en estos momentos difíciles,les bendecimos de corazón.
San Salvador,23 de enero de 2003.

 

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