TENGO COMPASION DE LA GENTE

Al cumplirse exactamente un mes del devastador terremoto que sumió al país en el luto de la desolación sobre todo en los departamentos de Cuscatlán,San Vicente y La Paz. Fuimos testigos inmediatos del dolor del pueblo y pudimos asistirle personalmente porque el sismo nos sorprendió en Candelaria,departamento de Cuscatlán,donde realizábamos la Asamblea General de la Conferencia Episcopal.

Nuestra palabra de pastores se alza de nuevo para llevar un mensaje de esperanza y llamar a la reflexión ante una lacerante realidad que no vacilamos en calificar de desastre nacional. Pero a la luz del Evangelio de Jesús y la doctrina de la Iglesia vemos que al terremoto físico se une un algo todavía más grave: el terremoto moral que se hace visible en una visión materialista de la vida y el afán desmedido de lucro; en la plaga del secuestro el robo y otras formas de violencia; en la indiferencia ante el dolor ajeno. En una palabra,es un terremoto que se manifiesta en la violación de las normas morales que deben regir la vida personal,familiar y social. Por eso nuestra primera palabra es un llamado a la conversión.

1. "La fe que obra por el amor" (Gál 5,6).

Como decíamos en el Mensaje del 18 de enero,la Iglesia reaccionó inmediatamente como el buen samaritano,tratando de aliviar las más urgentes necesidades". En la misma ocasión exhortamos a todas las parroquias que aún no lo habían hecho,a organizar la pastoral social para atender mejor a quienes sufren. De esta manera demostramos con las obras la fe que profesamos porque lo que agrada a Dios es "la fe que obra por el amor" (Gál 5,6). Con humildad debemos reconocer que en varías parroquias todavía existen algunas debilidades que deben superarse a la mayor brevedad. No basta tener el deseo Sincero de atender a las víctimas hay que hacerlo con responsabilidad y eficiencia.

Durante las cuatro semanas transcurridas entre momentos de calma y sobresalto hemos conocido gestos admirables de solidaridad,tanto de parte de compatriotas y de extranjeros que viven en el país,como de personas de las más diversas nacionalidades que han hablado un mismo lenguaje: el idioma de la entrega generosa y desinteresada,de la mano tendida sin esperar recompensa. Desgraciadamente a veces se han hecho evidentes actitudes y acciones que reflejan estrechez de miras,incapacidad de deponer intereses personales en aras de un bien mayor,cálculos políticos inadmisibles,discriminación en la entrega de la ayuda v otras deficiencias que los medios de comunicación social han dado a conocer.

2. Ha llegado la hora de elaborar juntos el plan de reconstrucción

Los problemas que acabamos de señalar han dificultado la elaboración concertada de un proyecto global de reconstrucción al que se puedan consagrar con pasión las mejores energías de todos y cada uno de los sectores y de las personas,sin excluir a nadie.

La situación de desastre nacional que padecemos nos obliga a una respuesta que esté a la medida del desafío: ha llegado la hora de elaborar juntos el programa de reconstrucción. Seguros de recoger el sentir de la mayoría de los hombres y mujeres que habitamos esta tierra bendita,saludamos con esperanza los esfuerzos que se están realizando en los distintos sectores de la vida nacional. Al mismo tiempo expresamos nuestra plena disposición a fin de facilitar el encuentro fraterno de todos en torno a una misma mesa para diseñar juntos el futuro de la nación.

La ayuda internacional -tanto la que llega a través del Gobierno coma la que se canaliza por medio de las Iglesias y diferentes organizaciones de la sociedad civil- ha sido abundante,aunque no suficiente Que podamos recibirla y distribuirla con un solo rostro para que tan valiosos recursos se empleen sin demora en la construcción de un nuevo país en el que la justicia,la solidaridad y la reconciliación puedan ser una luminosa realidad.

3. "Siento compasión de la gente" (Mt 15,32)

La crisis moral que padecemos tiene como uno de sus síntomas la incapacidad de sentir como propio el dolor ajeno. Necesitamos un corazón como el de Cristo cuando,al contemplar la multitud que le seguía sin tener el alimento necesario,dijo: "Siento compasión de la gente" (Mt 15,32). Ha llegado el momento de compartir. El rostro de cada hermano y hermana en desgracia deben ser para nosotros el llamado de Dios de acudir en su auxilio. Compartir es ante todo tener un corazón compasivo; y es también poner al servicio del prójimo nuestras manos nuestras habilidades y destrezas.

Algunos podrían pensar que no tienen nada que aportar la doctrina Social de la Iglesia nos enseña que cada uno tiene que contribuir al bien común según su propia condición porque todos podemos hacer algo. Es cierto que el impacto de dos movimientos sísmicos nos desborda y puede paralizarnos. Pero todos y cada uno podemos y debemos hacer cuanto esté de nuestra parte,comenzando por elevar nuestro corazón a Dios para que el Espíritu del Señor inspire y acompañe el compromiso de todos en favor de las familias damnificadas. A la oración debe acompañarle,en la medida de lo posible,la acción: desde la compañía y la palabra de consuelo al hermano que sufre,pasando por la recolección de información que facilite la entrega de la ayuda,hasta la formulación de políticas sociales adecuadas y del plan global de reconstrucción.

4. Hacia una cultura del diálogo y de la solidaridad

En el mensaje de la paz para el presente año,el Papa Juan Pablo II exhorta a trabajar sin descanso para crear una "cultura de diálogo y de la solidaridad" Esta cultura tiene como núcleo valores que están enlazados en la naturaleza humana:
"Hace falta -señala el Santo Padre- cultivar en las almas la conciencia de estos valores,dejando de lado los prejuicios ideológicos las y egoísmos partidarios,para alimentar ese humus cultural,universal por naturaleza,que hace posible el desarrollo fecundo de un diálogo constructivo." (n. 16).

¿Cuáles son esos valores? El Papa enumera,entre los más importantes,la solidaridad,cuyo principal objetivo es "la promoción de la justicia"; el valor de la paz,"objetivo primordial de toda sociedad y de la conciencia nacional e internacional"; el valor del respeto a la vida humana,la cual "no puede ser considerada como un objeto del cual disponer arbitrariamente,sino como la realidad más sagrada" el valor de la educación,"que tiene una función particular en la construcción de un mundo más solidario y pacífico"; y el valor del perdón y de la reconciliación,que tienen como condición esencial el diálogo,el cual,aunque "es a menudo difícil porque sobre él pesa la hipoteca de trágicas herencias de guerras,conflictos,violencias,y odios (…),es la única vía para alcanzar la meta de la paz".

Que el Señor de la vida y de la paz siga derramando consuelo y fortaleza a las familias afectadas y mueva los corazones de todos en este momento decisivo de nuestra historia.

En su nombre les bendecimos de todo corazón.

Candelaria,departamento de Cuscatlán,13 de febrero de 2001.

† Mons. Fernando Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador
Presidente de La CEDES

† Mons. Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

† Mons. José Oscar Barahona
Obispo de San Vicente

† Mons. Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de Santa Ana
Secretario General de la CEDES

† Mons. Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

† Mons. José Adolfo Mojica
Obispo de Sonsonate

† Mons. Ellas Samuel Bolaños,sdb
Obispo de Zacatecoluca

† Mons. Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador

† Mons. Miguel Angel Morán Aquino
Obispo de  de San Miguel

Mons. Luis Morao,ofm
Administrador Apostólico del
Ordinariato Militar en El Salvador