RECONCILIAOS CON DIOS

1. Un pueblo en busca de Reconciliación

Los Obispos de El Salvador,hemos dado gracias a Dios,con todo el pueblo salvadoreño,por la firma de los Acuerdos que inauguran en nuestro país una nueva etapa de paz,después de tantos años de violencia fratricida.

Al mismo tiempo,como pastores de esta noble nación,convocamos hoy al pueblo de Dios a un intenso esfuerzo de reconciliación,porque este es el camino seguro hacia la paz firme y duradera que deseamos.

Tenemos plena conciencia de la magnitud de la tarea reconciliadora porque la guerra ha golpeado cruelmente a innumerables familias y ha causado profundas heridas en muchos corazones. Pero Cristo hace oír de nuevo su voz: "venid a mi todos los que estáis fatigados y sobrecargados,y yo os daré descanso" (Mt. 11,28). Solo el Señor que vino "para dar libertad a los oprimidos" (Lc. 4,18) puede devolvernos la paz del corazón y darnos fuerza para reconstruir la fraternidad,sobre la base del gran mandamiento del amor,que nos lleva a vivir en la justicia y en la verdad de Dios.

2. Reconciliaos en Cristo

La reconciliación que proclamamos no depende,en primer lugar,de las fuerzas humanas,sino que es,ante todo,obra del amor infinito de Dios "misericordioso y clemente,tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad" (Ex 34,6). La Sagrada Escritura nos enseña que el Señor no se complace en la muerte de nadie,sino que llama a todos a la conversión y a la novedad de vida: "descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mi y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo…Convertíos y vivid" (Ez 18,31-32).

La reconciliación que Dios nos ofrece se realiza en Cristo,"mediador entre Dios y los hombres" (1Tim 2,5),que acoge a los pecadores y los reconcilia con el Padre (cf. Lc 5,20.27 32). Cristo es la reconciliación y la paz: "Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno,derribando el muro que los separaba,la enemistad" (Ef 2,14). Cristo nos reconcilia con Dios "por medio de la Cruz,dando en si mismo muerte a la enemistad" (Ef 2,16).

3. La Iglesia al servicio de la reconciliación

El Señor fundo la Iglesia para ofrecer la salvación a la humanidad. El Espíritu Santo esta presente en ella para realizar la obra redentora de Cristo en el mundo de hoy.

La Iglesia comparte los gozos y esperanzas,las tristezas y angustias de los hombres y mujeres a quienes sirve. En los años recientes,hemos trabajado por la conquista de la paz. Con el mismo empeño la Iglesia debe comprometerse ahora en el ministerio de la reconciliación: "Todo proviene de Dios,que nos reconcilió consigo mismo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación" (2Cor 5,18).

Para nosotros,los pastores de la Iglesia,el ministerio de la reconciliación es un mandato apremiante: "Somos,pues,embajadores de Cristo,como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!" (2Cor 5,20),

4. Ser una Iglesia reconciliada y reconciliadora

No podremos ofrecer nuestro aporte a la reconciliación de la familia salvadoreña,si primero no nos reconciliamos nosotros mismos con nuestro Padre Dios y con los hermanos. Por eso,la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) ha decidido proclamar un AÑO DE GRACIA Y DE MISERICORDIA,que se iniciará este miércoles de ceniza (4 de marzo de 1992) y concluirá el 2 de febrero de 1993,en la solemnidad de la Presentación del Señor; la inauguración tendrá lugar en la iglesia catedral de cada diócesis,el primer domingo de Cuaresma.

En el marco de este Año de Gracia y Misericordia impulsaremos en todo el país las siguientes iniciativas:

(1) Una CAMPAÑA NACIONAL DE ORACIÓN,centrada en el rezo del rosario en familia;

(2) Una MISIÓN NACIONAL,acorde al plan pastoral de cada diócesis y realizada con el compromiso generoso de los laicos organizados en movimientos apostólicos y asociaciones piadosas;

(3) Una atención esmerada,de parte de los sacerdotes,a la celebración del SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN o confesión,para acoger a los penitentes que acudan en busca del perdón de Dios; esta atención se dará en todos los templos,pero de manera particular en los SANTUARIOS DE RECONCILIACIÓN que se designaran en las distintas diócesis.

Exhortamos a nuestros hermanos y hermanas en la fe a orar sin descanso,porque "si el Señor no construye la casa,en vano se afanan los constructores" (Sal. 126,1). Llama os a todos los bautizados a comprometerse en la misión,porque la Nueva Evangelización responde plenamente al formidable desafió que nos presenta una sociedad tan necesitada de reconciliación. Así,ya evangelizados,muchos salvadoreños que tienen quizá su corazón destrozado,redescubrirán con gozo el sacramento de la penitencia. En efecto,en este sacramento Cristo perdona nuestros pecados por medio de su ministro: "Cristo,a quien el hace presente,y por su medio realiza el misterio de la remisión de los pecados,es el que aparece como hermano del hombre,pontífice misericordioso,fiel y compasivo,pastor decidido a buscar la oveja perdida,medico que cura y conforta,maestro único que enseña la verdad e indica los caminos de Dios,Juez de vivos y muertos,que juzga según la verdad y no según las apariencias" (Juan Pablo II,Reconciliación y Penitencia,n.29).

5. Vivir plenamente el Año de Gracia y de Misericordia

Al convocar al AÑO DE GRACIA Y DE MISERICORDIA,tenemos muy presente el hermoso pasaje del profeta Isaías que Jesús se aplicó a sí mismo en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor esta sobre mí porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva,me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos,para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor" (Lc 4,18-19).

Concluimos nuestro Mensaje al pueblo de Dios que peregrina en El Salvador con un llamado a la concordia y a la esperanza. En esta hora de grandes expectativas,unamos nuestros esfuerzos en un solo ideal; hacer realidad la paz definitiva,"la paz que nace de un corazón nuevo" (Juan Pablo II,XVII Jornada de la Paz),en el que no anide el rencor,el odio,los recelos; un corazón capaz de olvidar los agravios y perdonar.

Si,amados hermanos y hermanas: la reconciliación cristiana se construye en lo más íntimo del corazón. Por eso,en este Año de Gracia y de Misericordia,elevemos nuestra oración humilde al Señor: "Oh,Dios,crea en mi un corazón puro,renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro,no me quites tu santo espíritu" (Sal 50,12-13).

Que la Virgen María,Madre de Dios y madre nuestra,en cuyo corazón inmaculado floreció plenamente la Palabra divina,nos acompañe y nos lleve a Jesús,el fruto bendito de su vientre. El es nuestra salvación,él es nuestra paz,él es nuestra reconciliación.

En su nombre,les bendecimos de corazón.

San Salvador,3 de marzo de 1992.

About the author

Deja un comentario