QUE NO SE DERRAME MAS SANGRE EN EL SALVADOR

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

El viernes 25 de junio sucedió un hecho que conmovió a la Iglesia: la muerte inesperada de Monseñor  Joaquín Ramos Umaña,Obispo nombrado por el Papa para la atención pastoral de los fieles católicos que integran las Fuerzas Armadas de El Salvador. A tres semanas de tan dolorosa tragedia,los Obispos de El Salvador,reunidos en Asamblea General Ordinaria,nos hemos recogido en oración por el querido hermano en el episcopado cuya vida fue arrebatada violentamente mientras se dirigía del aeropuerto de Comalapa a San Salvador. A la plegaria y al recuerdo cariñoso de Monseñor Ramos,queremos añadir las reflexiones que ahora compartimos con ustedes.

1. Ante todo,nos estremece ver cómo una vez más se derrama sangre inocente en la tierra del Divino Salvador. Más sangre que se añade a la del justo Abel,primera víctima de la violencia en la historia de la humanidad. Sangre de sacerdote que se une a la sangre preciosa de Cristo,nuestro Redentor. Según la enseñanza de la Biblia,la sangre simboliza la vida; y la vida pertenece a Dios,Caín derramó la sangre de Abel y recibió el castigo de su pecado.

2. La muerte violenta de un pastor de la Iglesia evoca en nuestra memoria todos los atentados contra la vida humana que ensombrecen la historia de nuestra patria. Ante el recuerdo fresco de este acto injustificable,nos sentimos especialmente identificados con las familias de los miles y miles de victimas inocentes de la violencia elevamos nuevamente nuestra voz para proclamar el precepto divino: "No matarás",porque toda vida humana es sagrada.

3. Al mismo tiempo –en un momento de extrema inseguridad para los ciudadanos- hacemos nuestro el vehemente llamado del Santo Padre,al referirse al "bárbaro asesinato de digno prelado":
"elevo mi súplica a Dios,junto con la Iglesia latinoamericana,que todavía llora la muerte violenta del Cardenal Juan Jesús Posada Ocampo y de Monseñor Oscar Romero,para que no se derrame más sangre en El Salvador,donde ya se ha vertido demasiada y donde el sufrimiento es todavía grande".

4. Nuestra palabra es también un llamado a la conversión: que con los corazones de piedra dominados por la violencia,se conviertan en corazones de carne que saben amar y vivir en fraternidad,Una conversión que lleve a la superación de la grave crisis de valores que afecta a la sociedad salvadoreña después de tantos años de confrontación.

5. Durante la reunión de la Conferencia Episcopal de El Salvador que hoy clausuramos,hemos conocido algunos aspectos de la marcha de las investigaciones en torno a la trágica muerte de Monseñor Roberto Joaquín Ramos. Es importante que se logre establecer la plena verdad,con honestidad y objetividad. Por nuestra parte hemos una Comisión de Obispos para que siga con atención los resultados de dichas investigaciones y contribuya al buen desarrollo de las mismas. Estamos convencidos de que la verdad es uno de los fundamentos de la paz.

6. Concluimos este breve mensaje con una palabra de gratitud por la consoladora respuesta de amor y solidaridad cristiana que ha mitigado nuestro dolor. Gracias,ante todo,a Su Santidad Juan Pablo II,que nos ha manifestado su profunda cercanía espiritual. Gracias a los cardenales y obispos del mundo entero que nos han enviado sus fraternos mensajes de condolencia. Gracias al pueblo cristiano de El Salvador,que rindió un homenaje de profundo amor al celoso pastor,al hermano y al amigo excepcional que fue Monseñor Ramos.

Recojamos con respeto y reverencia su testimonio y asumamos el compromiso de vivir cada día en la presencia del Señor de la vida.

En nombre de Cristo,vida y resurrección nuestra,les bendecimos de Corazón.

San Salvador,15 de julio de 1993.