NO A LA VIOLENCIA,SI A LA PAZ

INTRODUCCION

En esta hora de dolor y de tragedia,cuando,desde la impunidad de la clandestinidad,nos amenaza el espectro de la violencia irracional y ciega.  En esta hora de confusión y decadencia de la conciencia moral; de crisis de valores y exaltación fanática del rencor,del odio y la venganza.  Cuando contemplamos con horror la deshonestidad,la cobardía,la traición,la insidia y el crimen erigidos en valores,la angustia nos embarga y nos sentimos tentados a preguntarnos si hay todavía esperanza en esta vorágine de locura que amenaza tragarnos en un mar de sangre de hermanos.

En esta hora de oscuros presagios,pareciera que ya no hay lugar para la esperanza y,menos para la alegría.  Pero,esta es la hora de la esperanza cristiana y de la alegría pascual: hora de dolor y de consuelo: "así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo,igualmente abunda por Cristo nuestra consolación". (2 Cor. 1,5).

Hora crítica que nos obliga a hablar; pues,como Pastores,es nuestro deber orientar desde el Evangelio para iluminar la realidad del momento con la Palabra del Señor de la Historia.

Desde la luz del Evangelio quisiéramos,en esta Carta Pastoral,contribuir a iluminar y a encauzar el proceso salvadoreño,a la vez que buscamos discernir cuál debe ser la actitud de la Iglesia en estos momentos tan críticos pero,al mismo tiempo,tan cargados de esperanza.  Lo haremos en tres momentos: en el primero haremos presente la actual situación de la realidad nacional: en el segundo,recordaremos aquellos principios cristianos desde lo que se debe juzgar esa realidad y ,finalmente,propondremos algunas orientaciones prácticas sobre los problemas más urgentes.

Estaremos seguros de que una palabra verdaderamente cristiana no sólo contribuirá a esclarecer el proceso,sino que será verdaderamente eficaz para cristianizarlo y humanizarlo.  Esta palabra,que resume todo lo que desarrollaremos en el contenido de esta Carta Pastoral conjunta,la tomamos textualmente del Magisterio perenne de la Iglesia:  "No a la violencia,Si a la paz" que el Papa Pablo VI tomó como lema en la Jornada de la Paz de 1978.

1.    REALIDAD NACIONAL,RETO QUE NOS APREMIA:

La dramática realidad que impera en el país está a la vista de todos.  La vivimos en la angustia de cada día cada uno de los salvadoreños.  La siguen con preocupación constante millares de hermanos nuestros que han tenido que huir presionados por la misma situación; y la comparten,en expectativa creciente,los pueblos del mundo,que fijan ahora sus ojos en El Salvador,como en un lugar histórico en el que está en juego no solamente la suerte de los salvadoreños,sino también el futuro del Istmo Centroamericano y quizá,del Continente entero.

De ahí que,echar una mirada sobre El Salvador,implica ubicar este país en el momento presente en que los conflictos sociales son utilizados para provocar luchas sociales que desembocan en luchas hegemónicas por la imposición o predominio de una determinada ideología y su correspondiente sistema socio-económico.

1.1.    La herencia del pasado.

En repetidas ocasiones hemos denunciando las injusticias que se han cometido tanto en el orden económico como en lo social; en el orden jurídico como en las relaciones de trabajo; en el campo nutricional como en el campo de la educación.  Esta sociedad nuestra aparecía a nuestra vista cada vez más polarizada por el hecho de la acumulación de la riqueza en manos de unos pocos y el empobrecimiento,cada vez más escandaloso,de las mayorías.

Nosotras,como Obispos de El Salvador,hemos abogado en repetidas ocasiones,por leyes más justas; hemos pedido la sindicalización campesina; hemos urgido por el aumento de los salarios,por una mayor justicia… pero,nuestra voz quedaba sin mayor acogida en los sectores gubernamentales y,con el tiempo,la situación de injusticia se hizo cada vez más insoportable.

Todo este conjunto de situaciones injustas,esta resistencia al cambio de estructuras y esta oposición a todo lo que significaba toma de conciencia de la situación nacional,es lo que hemos llamado sistema de injusticia estructural y pecado social.

El Salvador aparecía así,como uno de los pueblos típicos del Continente,que,con sobrada razón,debía incluirse en la denuncia que hicieron los Obispos reunidos en Puebla,"como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano,por la creciente brecha entre ricos y pobres".  (Pue. 28).

1.2.    La violencia

La situación de violencia a que hemos aludido es,en parte,herencia del pasado que,con su carga de injusticia,ha provocado una reacción de resentimiento y desconfianza en muchos salvadoreños,a lo que debemos añadir la insidiosa labor de zapa del comunismo internacional y la violenta reacción de la extrema derecha que,sistemáticamente,vienen saboteando todo esfuerzo gubernamental o privado que pretenda enmendar los yerros del pasado.

Herencia del pasado es también esa influencia nefasta en la juventud que,huérfana de Dios y carente de todo sentido de moralidad y civismo,ha sido presa fácil de políticos inescrupulosos que la han instrumentalizado para sus propios fines de conquista del poder.  La opción por la violencia de esa generación es fruto de una escuela de la que hace tiempo se expulsó a Dios y que hizo escarnio de los principios de la moral cristiana.

Esta opción por la violencia ha llegado hasta la constitución de "brazos armados" que pretenden conquistar el poder por la vía de las armas e imponer por el terror de la ideología de los grupos de la extrema izquierda o defender los intereses de la extrema derecha.

Ahora bien,la violencia,una vez desatada,se va haciendo cada vez más irracional y difícil de contener.  En el clima de tensiones sociales que hemos vivido,además de esos "brazos armados" a que nos hemos referido,han surgido bandas de ladrones y grupos armados que matan por enemistad por abuso de poder o por represión selectiva,a veces con una crueldad tan desconcertante,que manifiesta el odio que se ha venido incubando y que ahora aflora de manera degradante y vergonzosa.

Esta violencia de las extremas opera también creando un clima de tensión que va,desde la llamada telefónica exigiendo el apoyo para un grupo determinado,hasta el asalto a brazo armado que llega al extremo de despojar,incendiar y destruir bienes personales,empresas industriales,Bancos,autobuses,mercados,siembras,plantaciones,etc.,produciéndose así una situación desesperante que está obligando a amplios sectores de la población campesina a huir de sus Municipios y Cantones,bien sea a los países vecinos o al interior de la República,lejos de sus hogares.

1.3.    La lucha ideológica

La misma herencia del pasado y la infiltración del comunismo a la que hemos hecho referencia,ha venido incubando y sistematizando la llamada "lucha ideológica" hasta desembocar en ideologías extremistas que rechazan las formas democráticas de convivencia social.

Es característico de las ideologías dar una respuesta particularista y parcial que excluye toda otra respuesta a la problemática social; de ahí que,al tomar cuerpo aquellas ideologías en El Salvador,los grupos políticos se han ido polarizando a tal grado,que ahora se vuelve cada vez más difícil el diálogo entre ellos.

1.4.    Reflexiones a la luz del Magisterio.

Ante esta sombría situación,no podemos permanecer indiferentes y,nos sentimos obligados a hacer un llamado fraternal y patriótico,para que volvamos nuestra mirada hacia el objetivo fundamental de toda lucha social: la búsqueda de una sociedad justa y fraternal.

En base a este objetivo fundamental y,a la luz del Mensaje perenne del Evangelio,la Iglesia seguirá pugnando para que cese la violencia,se humanice el proceso de los cambios y se llegue cuanto antes a la unidad de ideales en una sociedad justa y fraternal.

A aquellos que,encerrados en su dogmatismo ideológico,rechazan toda alternativa que no sea la de violencia,los invitamos a buscar el bien de las mayorías como objetivo primario de su lucha y no la imposición de una ideología que,en su afán hegemónico,justifica todos los atropellos,incluso el sacrificio de la vida de miles de salvadoreños.

Reconociendo el derecho de los miembros de la Fuerza Armada de hacer uso de las armas (cf. C.P. Art. 112),les recordamos ,sin embargo,que ese derecho está limitado a lo estrictamente necesario para neutralizar la acción subversiva de grupos o individuos que atentan contra las leyes del Estado,el orden público o los derechos constitucionales; y ,condenamos enérgicamente el abuso de autoridad de aquellos elementos de tropa que se toman la ley por sus manos,haciéndose cómplices del mismo delito de terrorismo que están obligados a combatir.  Ese atropello a los derechos humanos nos obliga a levantar nuestra voz de protesta y exigir el castigo de los culpables.

En fin,a los responsables de la educación pública les recordaos,con el Papa Pío XII ,que la escuela no es un laboratorio en el cual,el riesgo de desperdiciar sustancias más o menos costosas,se compensa con la probabilidad de un nuevo descubrimiento: en la escuela está en juego la salvación del hombre y el provenir de la Nación.  La escuela debe formar hombres integrales; y,el hombre sin Dios y sin moral no es plenamente hombre: su formación integral exige la religión,la moral y el civismo.

La violencia que nos oprime es fruto de la corrupción generalizada en todos los estratos sociales y ésta,a su vez,es producto de una escuela sin Dios y sin moral.

Por eso,encarecidamente pedimos a los maestros que,concientes del papel trascendental que desempeñan en la gran empresa de mejorar y renovar las estructuras de la sociedad,trabajen sin ahorrar fatigas en despertar la conciencia moral de los educandos y un sentido de justicia más efectivo; que se empeñen en darles conciencia de su propia personalidad y,por ello,del máximo tesoro de la libertad; en adiestrarlos en una sana crítica,infundiéndoles al mismo tiempo el respeto a los demás y la justa sujeción a las leyes y a los deberes de solidaridad.  En una palabra,que los maestros formen hombres religiosos,honestos,cultos,de mente abierta y trabajadores: capaces de emprender la noble tarea de contribuir a la construcción de la civilización del amor en contraste con la civilización del odio y la violencia.

1.5.    Opciones preferenciales de Puebla.

Queremos recordar asimismo las opciones preferenciales de Puebla: los pobres a quienes debemos respetar,a fin de que tengan la posibilidad "de ser los verdaderos protagonistas de su propio desarrollo" (Pue 1129); y los jóvenes,que desean "construir un mundo mejor y buscan,a veces sin saberlo,los valores evangélicos de la verdad,la justicia y el amor" (Pue 1131).

Respetar al pobre no es imponerle por la fuerza un proyecto político determinado,sino ayudarle a que se realice él mismo y se determine según su opción personal.

A los jóvenes que luchan por la justicia les decimos que,en su reflexión de la realidad,sea la luz del Evangelio lo que los ilumine.

El Mensaje cristiano nos obliga a sembrar amor donde hay odio (cf Mt. 6,44),perdón donde hay pecado (cf Luc 8. 48),esperanza,donde hay desesperación (cf 1 Ped 3. 13-17) y eso sigue siendo cierto aquí y ahora en El Salvador,aunque otros no vean más salida que la del odio,la violencia y la represión.

2.    PRINCIPIOS FUNDAMENTALES:

2.1.    El cristiano,hombre de fe
Las grandes crisis nos obligan a volver a las fuentes del Evangelio para descubrir,desde la Palabra de Dios,nuevos derroteros que nos orienten en nuestra respuesta al Señor de la Historia.

Los datos del hecho histórico que hemos descrito son elocuente expresión de que,en El Salvador,estamos muy lejos de realizar el ideal cristiano de comenzar a construir en la tierra el Reino de Dios que se ha de consumar en la eternidad.  Necesitamos,por tanto,dejar oír al Señor que nos llama a vivir como hermanos; y,en fidelidad a su llamado,adherirnos libre y totalmente a la Revelación,que se hace plena en Jesucristo; y dar respuesta personal al plan de Dios sobre nosotros.

Sólo una fe profunda en el Padre,en cuyas manos está nuestro destino,que tiene poder en este momento para no dejarnos solos,que puede en este momento para no dejarnos solos,que puede en este momento cambiar el curso de las cosas,será capaz de superar la desconfianza que nos aísla y frenar las pasiones desbordadas que enfrentan a hermanos contra hermanos.

He ahí la fuente primaria del hacer cristiano: la fe,por la que creemos en la Palabra revelada y la ponemos en práctica para hacer que el Reino de Dios venga a nosotros (cf Mat 6. 10).

Por eso,refiriéndonos al momento presente,como cristianos debemos preguntarnos si la opción por la violencia está en consonancia con el Evangelio,si el odio tiene cabida en el Mensaje de amor,si tanto derramamiento de sangre,tanta muerte fratricida puede justificarse por defender o conseguir bienes perecederos.

2.2.    El cristiano,hombre de esperanza
Sólo la esperanza cristiana,fruto de la fe que nos descubre la bondad de Dios en cuyas manos estamos,nos dará la seguridad de que nuestros esfuerzos en la construcción de la paz,no serán estériles: si el Señor no dirige nuestro trabajo inútilmente nos esforzamos (cf Salm 127).

Con  la paz de nuestro espíritu,el rechazo de todo pesimismo y la capacidad de no exacerbarnos –frutos de la esperanza- comencemos un diálogo auténtico y desapasionado,sin amarguras ni resentimientos,prontos a recoger cualquier centella de bondad o de verdad que brille en las acciones o en las palabras de nuestro hermano.

Ese diálogo  supone una actitud llena de humildad y un espíritu de colaboración fraterna; y exige un compromiso generoso y valiente en que se conjuguen el ejemplo de la honradez humana y el testimonio de la vida evangélica cuyo fermento sea la irradiación de la fe y de la esperanza cristiana y la acción variada de la caridad.

2.3.    El amor cristiano,fundamento de la convivencia social:
    Hemos hablado someramente de la fe que nos revela al Padre bueno y providente; y de la esperanza que nos infunde la alegría de sabernos amados y protegidos por El.  Hablemos ahora del amor cristiano –la caridad- que es raíz y al mismo tiempo fruto de la fe y de la esperanza; porque,ni la fe ni la esperanza serán auténticas si no son impulsadas por el Amor –que en definitiva,es el mismo Dios (cf Jn 4. 16) que nos amó primero,antes que hubiera en nosotros capacidad de fe y de esperanza- ni serán verdaderas si no engendran el amor como su fruto natural y más auténtico.

    El precepto que campea por encima de todos los demás y los sintetiza sigue siendo el amor de Dios (Mt 22. 37).  Precepto nada fácil –dice el Papa Pablo VI- pero que,en el mismo esfuerzo de su cumplimiento,engendra el motivo y la energía para cumplir los demás preceptos inferiores,entre los que ocupa el primer lugar y,es a la vez el resumen de los mismos,el mandamiento del amor al prójimo,hasta el punto de convertirse en la prueba del mismo amor a Dios (cf 1 Jn 2. 9; 4,20).

    No nos sorprende,queridos hermanos,que al hablarnos del amor de Dios en este momento de tragedia –el mas oscuro de nuestra historia- ante el dolor y la impotencia de las víctimas de la violencia y la injusticia,se dibuje en algunos el rictus amargo de una sonrisa forzada y nos espeten el sarcasmo de esta pregunta: ¿dónde está en ese momento ese Dios amante de que nos habláis?  Tal es la pregunta,muchas veces repetida por los justos perseguidos que,en Cristo – "Varón de dolores,que sabe lo que es sufrir" (Is. 53.3)- se hace,en el colmo de su desamparo,oración filial y queja amorosa: "Dios mío,¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46).

    Ante este misterio sólo podemos responder con toda la tradición cristiana: ¿dónde está Dios? Está gritándonos a todos: "¿Qué has hecho de tu hermano?" (Gen. 4,9) Está sufriendo en cada hombre que sufre,en cada campesino que vive en la incertidumbre del mañana,en cada vecino que viene a nosotros pidiéndonos solidaridad en estos momentos de angustia.  Esta es la grandeza de su amor: Dios se hace solidario de nuestro dolor.

    Por eso,hermanos,al hablarnos de amor de Dios,no cerramos los ojos a la tragedia que nos oprime; somos concientes de que,sólo en medio de una solidaridad incondicional con los que sufren,podemos atrevernos a hablar del amor de Dios para con el hombre.  Sólo cuando seamos capaces de hacer nuestro su dolor,de salir de "nuestro mundo",de desembarazarnos de nuestros intereses y prejuicios para entrar en el mundo de nuestros hermanos,en su cultura y en su mentalidad,en sus necesidades y en su pobreza,sólo entonces el amor de Dios se hará sentir como conversión de nuestras vidas y,como dulce experiencia,en el corazón de los "condenados de la tierra".

    Amor quiere decir salir de uno mismo,adentrarnos en el mundo de nuestro hermano; que,no consiste sólo en prestarle un auxilio inmediato,sino en un gesto de servicio que nos compromete,que nos arranca de nosotros mismos para hacernos solidarios con su pobreza y su necesidad,con su desamparo y sufrimiento.  Adentrarnos en el mundo del que sufre es salirnos de nuestro mundo de riqueza,de saber y de de poder y,reconciliarnos con aquél: es hacerle justicia,devolviéndole la dignidad que Dios le dio y que el pecado le ha robado; es…..establecer el proceso de la reconciliación social.  Porque,el amor es la única fuerza capaz de aniquilar el orgullo de los fuertes y el resentimiento de los débiles.

2.3.1.    Lo que nos separa del amor al prójimo
    Cristo Nuestro Señor sintetiza la ley en el amor y jerarquiza el amor en una doble vertiente: el amor a Dios por encima de todo y,su complemento y expresión práctica,el amor al prójimo (Mt 22. 37-40): he ahí el centro de toda moral,el principio del obrar rectamente: "la plenitud de la Ley es el amor" (Rm 13.10).

    Pero,en este punto,amados hermanos,es importante hacernos un llamado de alerta; porque hoy se habla mucho de amor al hombre y ,diferentes humanismos revindican para sí el derecho exclusivo de ese amor,reduciéndolo a los estrechos límites de su propia ideología.  Se prescinde con frecuencia del principio fundamental del amor,que es religioso; y,suprimido  el amor a Dios –que para el cristiano es la orientación principal de su vida y el eje central de su humanismo- se convierte en amor parcial y,por ello,en principio de lucha y de odio.

2.3.2.    Ideologización del concepto del prójimo
    Ese ateísmo práctico o explícito,de los que se desentiendan de la íntima y vital unión con Dios,o la niegan en forma explícita,es uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo,dice el Concilio Vaticano II (GS 19),que ciega en su fuente el amor al prójimo,convirtiéndolo en una mera solidaridad de clase.

    Al parcializar el amor,se ideologiza el concepto de "prójimo",éste ya no es el pobre del Evangelio –el que sufre hambre,el que está desnudo,el inmigrante,el encarcelado,el enfermo (Mt 25. 35-37),el desamparo,en fin todo hombre que,por ser hijo del mismo Padre,es nuestro hermano y,por su condición mortal,carga con la cruz del sufrimiento –sino,sólo y exclusivamente,el oprimido por el sistema capitalista,explotado por la burguesía,organizado y comprometido en la revolución social (cf Cps Québec 1975).  Este reduccionismo antievangélico del concepto de prójimo es una de las ideologizaciones del Evangelio que más daño están causando en el país,al provocar una lucha de clases que ha encendido la llama de un odio feroz,que tanta sangre y tanto sufrimiento está costando.

2.3.3.    Un ateismo de derechas.
    Pero,en la misma forma que atenta contra la paz,provocando el odio entre hermanos,el ateísmo de izquierdas (que pretende amar al prójimo ignorando a Dios) igualmente funesto es el ateísmo de derechas que pretende amar a Dios,pero ignora al prójimo; que permanece indiferente ante la tragedia del hambre,dibujada en el rostro macilento de tantos niños golpeados por la pobreza desde antes de nacer,víctimas inocentes de la desorganización moral de la familia; de la miseria física y moral retratada en los rostros de jóvenes desorientados por no encontrar un lugar en la sociedad,frustrados por falta de capacitación y ocupación.  Ateísmo de derechas es la actitud indiferente ante la explotación de obreros y campesinos; ante la tragedia de miles de sub-empleados y desempleados; de marginados y hacinados urbanos; de mujeres envilecidas y explotadas por los mercaderes del vivió.  Ateísmo de derechas es la ostentación insultante de la riqueza de aquellos que dicen ser cristianos,pero son incapaces de descubrir a Cristo en los harapos de sus hermanos.  También esa actitud constituye una ofensiva contra la paz,porque la insensibilidad social de los sectores más favorecidos,exacerba las tensiones y provoca el estallido de la violencia.

    Y,la violencia –fruto venenoso de intereses bastardos de dominio y de poder- se ha desatado finalmente en forma incontenible por todos los ámbitos de nuestro país,sembrando destrucción y hambre.

    Ante esta situación,nosotros,los Obispos de El Salvador,hacemos un llamado,angustioso y apremiante,a la cordura y a la reflexión: ya no más muertes! Ya no más odio,no más venganzas!… Cese ya de correr tanta sangre –en nombre de Dios os lo pedimos- que vuelva la paz y la reconciliación.  Somos hermanos; amémonos como nos ama nuestro Padre Dios que está en el cielo; como nos ha amado Jesucristo Nuestro Señor,que ofreció su vida en rescate por todos los hombres.

3.    LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL MUNDO PRESENTE
    Ante la grave situación  descrita,queremos señalaros,con lealtad y humildad,las grandes directrices del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia,  para que a la luz del Espíritu Santo,en diálogo con vuestros hermanos en la fe y con todos los hombres de buena voluntas y,en comunión con vuestros pastores,encontréis las soluciones concretas a los grandes problemas sociales,económicos y políticos que aquella situación nos plantea.

    En este esfuerzo por promover las profundas transformaciones que el momento histórico reclama,queremos recordaros,con el Magisterio de la Iglesia,que no podéis prescindir de las exigencias del Evangelio "cuya inspiración,enriquecida por la experiencia viviente de la tradición cristiana a través de los siglos,permanece siempre nueva en orden a la conversión de los hombres y al progreso de la vida en sociedad" (Oct Adv 4).

    Y,en primer lugar,nos preguntamos,nosotros los Obispos,cuál es nuestro deber y cuál,el papel de la Iglesia en el momento actual; y,descubrimos que la primera tarea de la iglesia en El Salvador,es crear en el hombre salvadoreño un constructor de la paz,de la reconciliación y de la comunión fraterna,capaz de participar libre y responsablemente en la construcción de una nueva sociedad más integralmente humana,abierta a la trascendencia,a Dios y al prójimo.

    Tal es el cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas y,particularmente,en la nuestra –dice el Papa Juan Pablo II- orientar la conciencia y la experiencia del hombre hacia el Ministerio de Cristo (cf Redemptor h. 10),enseñar a los fieles a guiarse por la conciencia cristiana en los asuntos temporales (LG 36) y formarlos de tal manera,que puedan imbuir de espíritu cristiano las diversas comunidades y los diversos ambientes (C. Vat II AA 20 a); crear comunidades cristianas concientes de su responsabilidad en la sociedad,que sepan discernir,a la luz del Mensaje universal y eterno del Evangelio,las opciones y compromisos que deben asumir para realizar hoy las urgentes transformaciones sociales,políticas y económicas que exige la sociedad de justicia y amor que queremos construir.

3.1.    Convocando a la unidad nacional para la salvación de la Patria
Fruto de la conciencia  moral bien formada y de la capacidad de análisis objetivo es la comunión y participación que –dice el Documento de Puebla- han de plasmarse en realidades definitivas sobre tres planos inseparables: la relación del hombre con el mundo,como señor; con las personas,como hermano; y con Dios,como hijo (Pue 322).  Tal es,en definitiva,la meta de nuestra labor de educadores y pastores: "que todos sean un como Tú y Yo somos uno" (Jn 17.21).  A esta unidad nacional –sin confundirse con ningún proyecto político en particular- convoca la Iglesia a la comunidad de los creyentes,para lograr juntos la salvación de la Patria.

3.1.1.    Unidad en la Iglesia
Los Obispos de El Salvador,concientes de nuestro deber pastoral,hacemos un llamado a todos los fieles a realizar y vivir la unidad en la Iglesia,  que es "sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo género humano" (LG 1).

    Somos parte de una Iglesia sacudida por tensiones y radicalismos,cuya misión es,precisamente,la de ser para nuestro pueblo instrumento y paradigma de unidad y reconciliación.  Nos ha tocado vivir en uno de los momentos más críticos de la historia en que,la politización de la fe y del Evangelio –producto de la infiltración de ideologías espurias en la Teología y en la Pastoral- ha provocado tensiones y divisiones tan graves entre los cristianos,que,al radicalizarse,han vuelto nugatoria la acción del Evangelio e imposible la construcción de la sociedad de justicia y de amor.

    Una iglesia dividida no puede ser esperanza de unidad para la Patria dividida y polarizada por las luchas intestinas que repudiamos.  Formamos un mismo pueblo de Dios (LG 9) en la medida en que,como pueblo elegido,somos fieles y obedientes a la Palabra del Señor (Gen 17. 1-14; Ex 34. 10-27).  A esa unidad fundamental,que nace de la fidelidad a la doctrina y Magisterio de la Iglesia,queremos referirnos en primer lugar,en cuanto que constituye la primera nota de la Iglesia de Cristo que,en el Credo confesamos:  Una,Santa,Católica y Apostólica (LG 8).   Unidad que no debe confundirse con "uniformidad".  Unidad que se realiza en aquella  maravillosa concordia de Pastores y fieles en conservar,profesar y practicar la fe recibida (DV 10) y,no está reñida con un sano pluralismo pastoral,sino,al contrario,lo exige; porque,la Iglesia es una,al mismo tiempo,múltiple según el maravilloso símil de San Pablo: "Vosotros sois el cuerpo de Cristo" (1 Cor 12.27) "y así como el cuerpo tiene muchos miembros y,todos los miembros del cuerpo,con ser muchos,son un cuerpo único,así también es Cristo"  (1 Cor 12. 12).  Por eso,en la Iglesia hay diversidad de dones,diversidad de ministerios,diversidad de operaciones,pero un mismo Espíritu,un mismo Señor,un mismo Dios (cf 1 Cor 12. 4-6) una misma fe,una misma esperanza,una misma caridad.

3.1.2.    Una Iglesia unida,que sirve al pueblo convocándolo a la unidad y a la Paz.
    A esta Iglesia unida le toca ser servidora,buscando todo aquello que lleve a la unidad del pueblo salvadoreño en aras de la paz.  Pero,esa unidad no podrá realizarse en un clima de división y polarización.  Desgraciadamente,la situación de injusticia que repetidamente hemos denunciado,ha sido hábilmente aprovechada por las ideologías que en una labor de zapa insidiosa y pertinaz,han ido paulatinamente polarizando a grandes masas populares,a tal grado,que actualmente,los ciudadanos son aceptados o perseguidor por el bando correspondiente,según la ideología que sustentan; y aquellos que,en el uso legitimo de su libertad,se niegan a adherirse a una de las ideologías en pugna,sufren el asedio de unos y otros.  Más aún,los grupos ideológicos pretenden comprometer o instrumentalizar a las personas o instituciones en función de sus intereses del partido.

    Estas divisiones no son constructivas para la paz; si bien todos aceptamos la necesidad de construir la paz como fruto de la justicia,ante esta polarización creada por las luchas ideológicas,tenemos que propiciar el clima necesario para que pueda realizarse un diálogo constructivo en que deponiendo actitudes intransigentes en aras del bien común,encuentren los distintos bloques ideológicos el camino de una paz duradera.

    A este respecto,es de capital importancia descubrir la influencia de las ideologías en la fe y en la praxis de los cristianos; porque,como dice el Documento de Puebla,están dotadas de tal fuerza de conquista y fervor redentor,que se vuelven muchas veces irresistibles en su capacidad de penetrar los diversos ambientes; y,sus slogans,sus expresiones típicas y sus criterios llegan a impregnar con facilidad aún a quienes distan de adherirse voluntariamente a sus principios doctrinales (cf Pue 537).

    Las ideologías tienden así a convertirse en "mitos" y,un mito no se discute: se acepta o se rechaza; porque,el mito mira hacia el porvenir; pretende edificar un mundo nuevo sobre las ruinas del antiguo y contempla su obra futura con una mirada "profética" a través de una "fe" ciega que todo lo justifica.  La violencia,la destrucción,el asesinato,las acciones más horribles se justifican en vista al porvenir que se pretende crear,al mundo nuevo que se quiere edificar; su poder no está en lo que hará mañana: radica en lo que hace hoy,empujando a las masas a una acción destructora.  (E. Leddit).
    Por eso,instamos a los sacerdotes,a los religiosos y religiosas y,a los agentes de pastoral,que no se dejen manipular por los ideólogos y activistas que buscan instrumentalizar a la Iglesia para su causa.  Más aún,esta Conferencia Episcopal se adhiere a la voluntad del Papa Juan Pablo II,de prohibir a los sacerdotes,religiosos y religiosas la militancia política.  Esto lo vemos como una urgencia en nuestro país y,pedimos a los sacerdotes,religiosos y religiosas que acaten esta disposición con la obediencia y el respeto que se merece el deseo del Sumo Pontífice y como un servicio necesario a la Patria,a fin de no ser nosotros causa de la desunión que la aflige.

3.2.    Fidelidad a la verdad:
    Una segunda tarea de la Iglesia en el momento presente la descubrimos en el campo del anuncio de la Palabra de Dios y la denuncia de todo lo que se opone a que el Reino de Dios se vaya realizando ya aquí y ahora en El Salvador.

3.2.1.    Denuncia de todo lo que conspira contra la paz
    En fidelidad a la verdad que viene de Dios y trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre ("la verdad os hará libres": Jn 8.32),denunciamos todo cuanto atenta contra la paz en nuestro país: situaciones y actitudes de injusticia en sus múltiples manifestaciones,como la extrema pobreza que aflige a gran parte de nuestro pueblo y se manifiesta en la mortalidad infantil,en la falta de vivienda adecuada,en las enfermedades endémicas,en los salarios de hambre,en el desempleo y sub-empleo,desnutrición,inestabilidad laboral,inmigraciones masivas forzadas y desamparadas.  La angustia de tantas familias que sufren por la desaparición de sus seres queridos de quienes no pueden tener noticia; inseguridad por detenciones sin orden judicial y abusos de poder en la represión sistemática o selectiva,acompañada de delación,violación de la privacidad,apremios desproporcionados,torturas y exilios.  La angustia de ver a la justicia sometida o atada (cf Pue 42).

    Debemos denunciar igualmente,como una injusticia que atenta contra la paz,la indiferencia culpable de los que,estando en la obligación o en capacidad de poner pronto remedio a tantos males,por cálculos y conveniencias políticas,no cumplen con su deber.

    Condenamos con energía la explotación inicua de la necesidad y de la pobreza.  Y con igual energía,denunciamos y condenamos –en este momento de angustia que vive nuestro pueblo- la violenta sangrienta de la guerrilla y el terrorismo de los grupos clandestinos; los secuestros,extorsiones y asesinatos,perpetrados con lujo de barbarie,no pocas veces ante los ojos espantados de niños de tierna edad.

    Pero,hay también un hecho que ha contribuido poderosamente a mantener y agravar la situación de la violencia en El Salvador,ese hecho es la propaganda internacional desproporcionada y maliciosamente distorsionada,a lo que hay que añadir la injusta internacionalización de nuestro problema en aras de intereses geopolíticos.  Estos hechos,situaciones y actitudes que conspiran contra la paz y mantienen a nuestro pueblo en situación de opresión,de tensión y de temor,deben ser denunciados con audacia y valentía por cuantos nos profesamos miembros de la Iglesia de Cristo que participa de su carisma de profecía.

3.2.2.    En el amor
    Sin embargo,queridos hermanos,no olvidemos que la paz no es sólo obra de la justicia,sino también –y en modo eminente- del amor; y que,el Profeta por excelencia –Verbo Eterno de Dios- no quebró la caña cascada,ni apagó la mecha todavía humeante (cf Mt 12. 20).  La paz es fruto del amor,es expresión de una real fraternidad entre los hombres y,el alma de la justicia es el amor.  El cristianismo que trabaja por la justicia social debe cultivar siempre la paz y el amor en su corazón,dice el Documento de Medellín (cf Med 2,14).

    La amargura en la denuncia,la denuncia misma cuando es obsesiva y unilateral,deja de ser profética porque se desvía de su finalidad propia que es la conversión del pecador: el "Reino de justicia,de amor y de paz" no llegará si no se produce en nosotros una profunda conversión.

3.2.3.    Sin suscitar odio ni lucha de clases
    La denuncia profética no debe olvidar tampoco que,al condenar el pecado,debe al mismo tiempo,tratar con delicada caridad al pecador,teniendo siempre presente la enseñanza de Jesús: "si tu hermano peca,ve y repréndele,a solas,tú con él.  Si te escucha,habrás ganado a tu hermano.  Si no te escucha,toma todavía contigo uno o dos,para que todo el asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.  Si no les hace caso a ellos,dilo a la comunidad.  Y,si ni a la comunidad hace caso,considéralo ya como al gentil y al publicano"  (Mt 18. 15-17).  Jamás la denuncia profética debe suscitar odio ni lucha de clases.

3.3.    El hombre,centro de la nueva sociedad:
    Finalmente,en el momento presente,tenemos que recordar,a la luz del Evangelio,que el hombre debe ser el objetivo principal de las reformas para una nueva sociedad.  No se cambia para ser más desgraciado o para vivir más sometido y explotado.  Las condiciones inhumanas que hemos venido denunciando no pueden cambiar si no se asegura una situación general más justa y humana para todos los salvadoreños.

    En este momento histórico que nos ha tocado vivir,vemos con esperanza los cambios profundos y radicales que se operan en nuestro país.  Una sociedad nueva,estructurada en base a la justicia social,pugna por nacer,es un alumbramiento que,como todo parto,es siempre doloroso.

    Pero la tarea de forjar esa sociedad nueva –más justa y más humana- deberá ser obra de todos,un concierto de voluntades que busque,con el aporte y sacrificio voluntario de cada uno,hacer realidad un sueño largamente acariciado: hacer de El Salvador un gran país,no por su territorios ni por su riqueza,sino por la estatura moral y la voluntad férrea del pueblo salvadoreño que,en la ya larga historia de sus infortunios,ha sabido mantener la frente erguida y mirar con alegría el porvenir.

    En este momento de cambios,nosotros,los Obispos de El Salvador,ofrecemos nuestro aporte,recordando que el hombre debe ser el centro de la sociedad nueva que se quiere estructurar.  El hombre,imagen de Dios,único e irrepetible,persona,sujeto de derechos y obligaciones,irreductible a una simple parcela o a un elemento anónimo de la ciudad humana (cf GS 12,14),alguien eternamente ideado y eternamente elegido,llamado y denominado por su nombre (Juan P. II).

3.3.1.    Hombre libre.
    Queremos forjar,para una sociedad nueva,un hombre nuevo,plenamente libre,conciente de sus deberes y de sus derechos,capaz de discernir entre las ideologías que,enarbolando banderas de falsos humanismos,pretenden instrumentalizarlo; libre para organizarse,capaz de desarrollar por medio del trabajo sus dotes personales y participar activamente en la ordenación de la vida económica,social,política y cultural,cualquiera que sea su condición social,sus convicciones políticas o su fe religiosa.  En una palabra,queremos forjar un hombre integral que,en una sociedad nueva,sin odiosas discriminaciones,encuentre oportunidades para realizarse como persona.

4.    TAREA DE LOS LAICOS EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA
4.1.    Constructores de la unidad
    Los seglares que han tomado conciencia de su pertenencia al Cuerpo Místico de Cristo y de su derecho y,al mismo tiempo,gravísima obligación,de participar activamente en la misma misión salvífica de la Iglesia (cf LG 33),tienen una trascendental e insustituible tarea que realizar en la construcción de la sociedad de justicia y de amor.  Su vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales.

    La tarea primaria e inmediata,a la que el Señor llama a los laicos católicos en razón de su bautismo y confirmación,es hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde Ella no puede influir directamente.

    El campo propio de su actividad evangelizadora,como miembros responsables del Cuerpo Místico de Cristo,es el mundo vasto y complejo de la política,de lo social y de lo económico; el mundo de la cultura,de las ciencias y de las artes; el mundo amplio y delicado de las relaciones internacionales y el grande e influyente,de los medios de comunicación de masas.  (EN 70).

    En el desempeño de tan variadas tareas,según los carismas y aptitudes personales y en fidelidad a su vocación,los seglares tienen la alta misión de hacerse artífices de la unidad,en colaboración con todos los hombres de buena voluntad y bajo la guía de los Pastores,maestros de fe.

4.2.    En el campo de la política
    La política ofrece a los seglares un camino serio y delicado –aunque no el único- para cumplir el grave deber que,como cristianos,tienen de servir a los demás.  Porque,la política sin que pueda resolver ciertamente todos los problemas,se esfuerza por aportar soluciones a las relaciones de los hombres entre sí.  (cf Oct Adv 46).

    La dimensión política,constitutiva del hombre,-enseña el Documento de Puebla- representa un aspecto relevante de la convivencia.  Posee un aspecto englobante porque tiene como fin el bien común de la sociedad,pero no por ello agota la gama de las relaciones sociales. (Pue 515).

    La fe cristiana no desprecia la actividad política; por el contrario,la valoriza y la tiene en alta estima.  Por eso,la Iglesia siente como su deber y derecho estar presente en este campo de la realidad; porque,el cristianismo debe evangelizar  la totalidad de la existencia humana,incluida la dimensión política.  Critica,por esto,a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar,excluyendo el orden profesional,económico,social y político,como si el pecado,el amor,la oración y el perdón,no tuviesen allí relevancia (cf Pue 514,515).

    Sin embargo,debe quedar bien claro que  "la Iglesia reconoce la debida autonomía de lo temporal" –según enseña el Concilio Vaticano II (GS 36)- Ella está conciente de que el fin que el Señor le asignó es de orden religioso; por lo tanto,al intervenir en este campo,no la anima ninguna intención de orden político,social o económico,sino que,precisamente,porque de esta misma misión religiosa derivan funciones,luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la Ley divina (cf GS 42),Ella contribuye a promover los valores que deben inspirar la política; y,desde el Evangelio,sin partidismos ni ideologizaciones,señala los criterios adecuados que han de normar la realización concreta de la tarea política de los grupos de ciudadanos que se proponen ejercer el poder para resolver las cuestiones económicas,políticas y sociales,según los propios criterios o ideologías de los partidos políticos.

4.3.    No confundir acción pastoral y actividad política.
    Esta tarea política concreta es el campo propio de los laicos (GS 43); a ellos corresponde constituir y organizar partidos políticos con ideología y estrategia adecuada para alcanzar sus legítimos fines (Pue 254).  Pero,aquellos laicos que trabajan directamente –en colaboración con los pastores- en el campo de la Pastoral,deben saber distinguir entre acción pastoral y actividad política; eviten caer en la tentación de ideologizar el Evangelio y hacer política partidista del mensaje cristiano.  Tengan,por tanto,muy en cuenta que jamás les será lícito usar su autoridad como dirigentes de la acción pastoral,en función de partidos o ideologías.  (Pue 530).

4.4.    No confundir militancia política con militancia de violencia
No está demás que,es este punto,llamemos nuevamente la atención sobre el grave problema de la violencia.  No se puede abandonar a los impulsos de la emoción y de la pasión,decisiones de las que depende el porvenir del país –repetimos con Medellín (2. 15)- ni hacer de la violencia un medio de liberación y cambio de estructuras.  La participación activa en la política,a que todo ciudadano tiene derecho,no debe confundirse con la militancia en grupos o partidos que hacen de la violencia el único medio de transformar la sociedad.

5.    REPUDIO A LA VIOLENCIA
    Reafirmando nuestra fe en la fecundidad de la paz,repudiamos con Medellín toda forma de violencia como anti-humana y anti-evangélica.  Porque sabemos que "los cambios bruscos o violentos de las estructuras serían falaces,ineficaces en sí mismos y no conformes ciertamente a la dignidad del pueblo,la cual reclama que las transformaciones necesarias se realicen desde dentro,es decir,mediante una conveniente toma de conciencia,una adecuada preparación y esa efectiva participación de todos,que la ignorancia y las condiciones de vida,a veces infrahumanas,impiden hoy que sea asegurada" (Med 2. 15).

    Nos dirigimos finalmente a aquellos que,ante la gravedad de la injusticia y las resistencias ilegítimas al cambio,ponen su esperanza en la violencia.  Con Pablo IV reconocemos que su actitud "encuentra frecuentemente su última motivación en nobles impulsos de justicia y solidaridad",pero también es cierto que la violencia o revolución armada generalmente engendra nuevas injusticias,introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas:  no se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor (Med 2.19).

6.    TESTIMONIO DE ORACION
    No queremos terminar esta Carta Pastoral Conjunta sin hacer un llamado urgente  a todos los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad,a unirnos permanentemente en oración.

Todos nuestros esfuerzos en la construcción de la paz serán estériles si el Señor no los bendice; porque,la paz es un don de Dios; y los dones de Dios sólo se obtienen por la oración humilde y constante: "Yo os aseguro" –dice el Señor- "lo que podáis al Padre en mi nombre,os o dará… Pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea colmado"  (Jn 16,23-25).

    El mundo de hoy exige testimonio; pero,sólo en la profundidad del silencio interior: en la oración y en la contemplación,encontraremos fuerza y serenidad para dar al mundo el testimonio que nos reclama.

    Somos servidores: "hombres para los demás","hombres del diálogo"; pero,sólo a condición de que seamos "hombres de oración"; porque sólo la oración nos dará capacidad de diálogo y de donación.

    Sólo seremos testigos de una Iglesia que ha hecho opción preferencial por los pobres cuando experimentemos en la oración nuestra radical limitación y nuestra inseguridad.

    Sólo seremos testigos de una Iglesia solidaria con los gozos y esperanzas,las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (cf GS 1) cuando nos capacitemos por la oración,a asumir el dolor y el pecado de los hombres.

    Sólo seremos "testigos de la comunión" cuando seamos,como Cristo,el que comunica a los demás "lo que ha visto y oído",el que tiene "experiencia" del Padre; cuando,penetrando en la intimidad de Dios por la acción del Espíritu,saboreemos su Palabra y,a la luz de la Palabra,nos encontraremos a nosotros mismos en el Señor.

    Hace falta una Iglesia contemplativa: que sepa descubrir al Señor en cada momento.  No se trata de una Iglesia "ajena" o extraña a la historia; todo lo contrario: la contemplación es esencial para una Iglesia que se encarna y está presente en el mundo; para una Iglesia de la Palabra y del testimonio; del diálogo y del servicio; porque,"sólo desde la profundidad de la oración nace una Iglesia liberadora y comprometida" (Card. Pironio).

    Antes de terminar este tema de tanta importancia,queremos invitaros a reflexionar con atención en las palabras que el Santo Padre dirigió en Roma a los Superiores Mayores Religiosos –pero,que tienen aplicación a todos los sacerdotes y a todos los cristianos- que resumen magistralmente todo lo que hemos dicho sobre la importancia de la oración.  "El alma que vive en contacto habitual con Dios y se mueve dentro del ardiente rayo de su amor" –dijo en esa ocasión Juan Pablo II- "sabe defenderse con facilidad de la tentación de particularismos y antítesis que crean el riesgo de dolorosas divisiones; sabe interpretar a la justa luz del Evangelio,las opciones por los más pobres y por cada una de las víctimas del egoísmo humano,sin ceder a radicalismos sociopoliticos que,a la larga,se manifestan inoportunos,contraproducentes y generadores ellos mismos de nuevos atropellos…  Un rato de verdadera adoración tiene más valor y fruto espiritual que la más intensa actividad,aunque se tratase de la misma actividad apostólica."  Esta es la contestación más urgente que debemos oponer a una sociedad donde la eficacia ha venido a ser un ídolo,sobre cuyo altar no pocas veces se sacrifica hasta la misma dignidad humana.  (Juan Pablo II: Discurso a los Sup. Mayores Religiosos.  Roma 24 Nov. 1978).

    Que el divino Salvador del Mundo,cuyo nombre bendito lleva nuestra Nación; y nuestra Madre Santísima,la Reina de la Paz,escuchen nuestra oración y nos concedan el don de una paz duradera,fruto de la justicia y de la reconciliación en el amor.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

    A modo de conclusión,queremos resumir en unas proposiciones nuestra posición como Obispos de El Salvador,en este grave momento político que vivimos:

1.    Pedimos,a quienes han tomado las armas,que cese la violencia,la represión y el terrorismo para dar paso a aun ambiente de diálogo en aras del bienestar de las mayorías.  No se defiende al pueblo atacando al pueblo.
2.    Basados en el Magisterio de la Iglesia,ofrecemos nuestra colaboración en todo aquello que conduzca a la paz y,repudiamos la violencia como contraria al Evangelio y a la construcción de una paz duradera.
3.    Ordenamos a los sacerdotes,religiosos y religiosas más directamente implicados en política partidarista,que,en fidelidad y obediencia a la Iglesia,dejen a los laicos esos puestos,cargos o funciones,puesto que a ellos,los laicos,les corresponde por derecho propio la militancia política.  Declaramos:  que aquellos sacerdotes,religiosos o religiosas que sigan en este tipo de militancia como dirigentes,no son representantes oficiales de la Iglesia,ni tienen nuestra autorización para ello,de modo que,si lo siguen haciendo,es a título personal y,de ninguna manera,como parte de su deber pastoral. 
4.    Ordenamos,así mismo,que en todas las parroquias se organicen jornadas de oración por la paz,el día y hora convenientes.  Que en esas jornadas se estudie y divulgue esta Carta Pastoral Conjunta,a fin de que nuestra oración,unida a la reflexión,vaya transformando los corazones hasta lograr la conversión y hacernos hombres de la paz; una paz,fruto de la justicia y del diálogo,que nos asegure para el futuro la alegría de un pueblo unido y fraternal.

    Dado en San Salvador,a los quince días del mes de Septiembre de mil novecientos ochenta,en la conmemoración de los dolores de Nuestra Señora.