Seminario MAYOR SAN JOSÉ DE LA MONTAÑA

SEMINARIO MAYOR SAN JOSÉ DE LA MONTAÑA

La vida en San José de la montaña,1945. Por Ricardo Urioste.

Escribe: Ricardo Urioste

FUENTE:   Revista: DESDE EL SEMINARIO; Número extraordinario del Primer Centenario del Seminario; Abril – Diciembre 1945; Pág. 292-195

Bajando por la carretera que viene del occidente de la República,al final de una calle adornada por ambos lados de preciosas mansiones,se yergue en el fondo el Seminario San José de la Montaña. Su arquitectura abundosa y uniforme y sus dos torreones se aúnan para darle un aspecto de bastión de defensa. Y en efecto lo es: fortificación del espíritu y defensa de los valores trascendentes de la Patria. Al pie del volcán de San Salvador –majestuoso como él- trepida también por Cristo y por las almas.

En San José de la Montaña se respira aire puro y fresco,el aire puro y fresco de la montaña –que penetra por sus centenares de ventanas. El edificio,aún incompleto- presenta un solo cuerpo con cuatro costados,de dos o tres pisos según el nivel del terreno. El centro del cuadro,ocupado por un esmerado jardín. De sus anchas azoteas,cercadas con "cabalgatas de columnas" se domina todo el valle en que se asienta la ciudad capital. Al costado poniente del edificio,la humilde ermita de San José que un día se ha de transformar en el Grandioso Santuario,cuyo proyecto es ya conocido. Y ahí junto,el patio de basket y los campos de foot –verdes en invierno y resecos en verano- que resultan os sostenedores de la mística deportiva. Eso es San José de la Montaña; ahí anida una juventud que trabaja por lograr su formación intelectual y religiosa para ponerla al servicio de la Iglesia y de la Patria.

De 70,más o menos,que era,el número de Seminaristas en 1938,cuando se hizo el traslado a San José de la Montaña,se ha llegado este año de 1945 a 147,número por primera vez registrado en toda la vida de 100 años de Seminario.

Este solo dato puede darnos una idea de la labor insigne realizada por el nuevo personal jesuítico de la Provincia de Castilla,en los siete años escasos que lleva de estar al frente del Seminario. Este auge considerable,que hemos dicho no tiene paralelo en nuestro siglo de vida,hay que atribuirlo después de la gracia de Dios y de la solicitud de nuestros Prelados,al esfuerzo incansable y a la propaganda con métodos modernos que han desplegado en el ambiente nacional nuestro actual Rector,R.P. Agustín Bariain,y su dinámico cooperador,el P. Santiago Garrido,refundador del Órgano Pro Vocaciones Eclesiásticas,la hoja mensual "San José de la Montaña".

Medio minuto agudo y penetrante de campana a las 5:30 de la mañana hace en un instante poner en conmoción a todos los habitantes de San José de la Montaña. Rezado en común el Te Deum en los dormitorios y después de encendidas las luces,comienza el tráfico por toda la casa. Entre la gente mayor –teólogos y filósofos- cada uno sin inspección de ninguna clase da los pasos necesarios en el pequeño mundo de su aposento. A los 20 minutos exactos un solo toque de campana es la señal para pasar a la capilla. En doble fila,en el tránsito del teologado,se acercan,cada uno de su dormitorio,para la entrada. Cinco minutos de ofrecimiento de obras y media hora de meditación,preparan el ánimo para la labor del día. Uno de los Padres de casa o de los Padres Seminaristas celebra la Misa de comunidad. Esa hora y cuarto junto al Santísimo es la clave de nuestra vida. Sin ella sería un absurdo "San José de la Montaña".

Del comedor situado en la planta baja del edificio,-acabado el desayuno- se sube a "munditia": arreglo personal y de la habitación,de que se tiene mucho cuidado. Tres cuartos de hora de estudio anteceden a la primera hora de clase a las 8:30. En filas que se van diezmando,según entran a las diferentes aulas,dispuestas a lo largo de los corredores,con sus textos bajo el brazo –que en tiempos de composiciones resultan un regular rimero- o acaso hojeándolos nerviosamente para no perder los últimos minutos,va cada uno a llenar su propio lugar durante la hora de clase. Anunciado el final de ésta,quince minutos de recreo prestan descanso y distracción. Nuevamente una hora de clase que se extiende hasta las 10:45. El tiempo libre en silencio que sigue en la distribución se emplea en visitar la sala de lectura en donde hay unas 40 revistas de variada condición,o en hacer unos momentos de adoración al Santísimo,o en despejar la cabeza paseando en los corredores. Tras media hora de estudio se oye nuevamente la campana. Son las 12 menos 20,la hora del recuento que lleva cinco minutos a los pies del Tabernáculo.

Todos los quehaceres de la mañana son reconstruidos en la imaginación. Se va enmendando lo mal obrado y se asegura la tarde que viene.

Un cuadrilátero de mesas es el comedor. Sopa,el arroz nacional,verduras (los eternos "ejotes"….) carne abundante,los clásicos frijoles,forman nuestro almuerzo,no ciertamente de príncipes,pero si de hijos de Dios que le agradecen el pan de cada día. Por turnos de tres los Seminaristas hacen diariamente el servicio de las mesas.

Entre tanto desde el púlpito,-se lee la Biblia y libros mas bien históricos o artículos de revistas. El recreo de mediodía se pasa discurriendo por los tránsitos o amparados del sol inclemente en la Champa del patio,comentando las nuevas internacionales,nacionales y más aun las caseras. Mientras tanto,"Laus Perennis",un grupo heroico de voluntarios – sección de la Congregación Mariana- se encarga de mantener nítida la casa del Señor. Se continua con la lectura espiritual; uno o dos capítulos del "ejercicio de perfección" del Padre Rodríguez,pastor ordinario de las comunidades religiosas y Seminarios. Desde la 1:30 PM empieza de nuevo el afán intelectual: estudio,clases. Hay tan solo un interrumpendum de un cuarto de hora –a las3:15pm- que se gasta en tomar un refresco invariablemente de naranja,acompañado del folklórico pan dulce.

Con la última campanada a las 4:45 PM ha terminado la faena estudiantil del día,por lo que respecta a las clases. A esa hora todo es correr a los distintos dormitorios a disponerse para jugar y precipitarse a los campos a ejercitar como se pueda brazos y piernas. Gente de vuelos artísticos también la hay: hay quien prefiera pasarse el recreo golpeando las teclas de un piano o de un cansado armonium…..!

Quince minutos después del juego,tras una ducha benéfica,se prosigue el estudio con la mente ya despejada hasta la hora de cena,a las 6:45 PM.
La cena –muy semejante al almuerzo- transcurre igualmente- mientras se oye la biografía de algún hombre celebre o la crónica de algo ruidoso de la semana.

Bajo la clara luz de la luna o de noches estrelladas se escurre el último recreo del día: las azoteas de San José –en horas nocturnas- se avienen perfectamente con la alegría y la meditación. Si hay quienes canturrean las coplas de su pueblo,hay también reuniones de pensadores,ensimismados en reconsiderar una inquietud antes sembrada al oír una plática o al asistir a una clase. Es el rato que todas las veces se quisiera prolongar. El toque de campana –a las 7:45- deja truncada la frase empezada. "Dignare me laudare te Virgo Sacrata" y todos,individualmente,van pasando una a una las cuentas del Rosario. Todavía una media hora de estudio por la noche,entreverado a veces por algún cabezazo,al que se reacciona con presteza. Sigue la preparación de los puntos de la meditación del día próximo en la Capilla y el último examen general de conciencia,termómetro de la disciplina y piedad,que cada no maneja.

Terminada la última visita se echa encima el gran silencio. Son las 9 PM. El golpecito del interruptor va haciendo saltos a lo largo de la hilera de cuartos,según va cada uno apagando la luz de su aposento. A las 9:30 PM una oscuridad casi total enluta todo el Seminario. San José de la Montaña descansa después de 16 horas de quehacer.