HE ESCUCHADO EL CLAMOR DE MI PUEBLO

Queridos hermanos y hermanas:

"¡Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,Padre de las misericordias y Dios de toda consolación,que nos consuela en toda tribulación!" (2 Cor 1,3-4).

Con estas palabras de la Sagrada Escritura saludamos al pueblo católico de El Salvador y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Nuestro saludo se dirige de manera especial a los hermanos y hermanas que padecen las consecuencias del paso del huracán ”Mitch" por el territorio salvadoreño.

1. La tragedia enluta a nuestros pueblos

Los obispos de El Salvador hemos contemplado con profundo dolor la grave situación de las familias que salieron perjudicadas por este fenómeno de la naturaleza que azotó a Honduras,Nicaragua. Guatemala y El Salvador,dejando a su paso una estela de muerte y destrucción. Hemos orado con todo el pueblo de Dios confiado a nuestros cuidados pastorales para pedir al Señor de la vida el descanso eterno para quienes perdieron la vida en tan terrible tragedia; y hemos implorado la protección de la Providencia divina en favor de los millones de damnificados que dejó esa tormenta tropical en el área centroamericana. A la oración ferviente hemos unido la acción solidaria de la Iglesia para ayudar a las victimas principalmente en la zona costera del país. Desde el terremoto de 1986 no habíamos padecido un golpe tan despiadado de la naturaleza.

Gracias a Dios,la lluvia cesó y se esta organizando el retorno de los damnificados a sus respectivos lugares de residencia. Ahora que comienza para ellos una nueva etapa queremos dirigimos a cada uno de los salvadoreños en nombre de Jesús,el buen pastor,a quien indignamente representamos en medio de este pueblo valiente y sufrido. Pero nuestra palabra quiere llegar de manera especial a las víctimas de la catástrofe natural que golpeo sobre todo a los más pobres.

2. El Papa se hace solidario con nuestro dolor

Antes de nosotros alzó su voz paternal Su Santidad Juan Pablo II,quien en tres ocasiones se ha referido a este doloroso acontecimiento. El Papa lo hizo por primera vez el 3 de noviembre mediante un telegrama en que expresó su condolencia por los fallecidos y su solidaridad con quienes han quedado sin hogar y con todos los que sufren; en el mismo mensaje el Santo Padre lanzó un llamamiento a las agendas públicas y privadas de todo el mundo para que ofrezcan "ayuda eficaz en un espíritu de caridad y de solidaridad cristiana". Al día siguiente volvió de nuevo su mirada a la región centroamericana,indicando que ha recibido "con profunda tristeza las alarmantes noticias sobre el elevadísimo numero de victimas que esta causando el huracán".
Con emocionada gratitud recogemos sus palabras de profunda solidaridad cristiana:

"Mientras elevo mi plegaria de sufragio por los fallecidos,expreso mi total cercanía espiritual a las innumerables personas probadas por el cataclismo. Al mismo tiempo,dirijo ahora un fuerte llamamiento sobre todo a las instituciones públicas y privadas,así como a todos los hombres de buena voluntad,para que movidos por sentimientos de solidaridad fraterna,presten todo tipo de ayuda a las poblaciones afectadas,y les presten el socorro necesario en este grave momento de destrucción y muerte". Lo mismo hizo el domingo 8,a la hora de ángelus: "Deseo enviar una palabra de consuelo a las poblaciones de Centro América,donde países enteros han sido devastados por una inmensa catástrofe natural". A la oración por las victimas siguió un nuevo llamado "a la generosidad con los sobrevivientes,que en este momento deben afrontar graves problemas".

3. La Iglesia en El Salvador desea ayudar como el buen samaritano

Recogemos las palabras del Vicario de Cristo y las hacemos nuestras. Al mismo tiempo hacemos público el compromiso de la Iglesia en El Salvador: estamos dispuestos a seguir dando lo mejor de nosotros mismos en favor de quienes ahora más que nunca necesitan nuestro apoyo espiritual y nuestra mano solidaria.

Que les conforten,queridos hermanos y hermanas damnificados,las consoladoras palabras de Jesús que quisiéramos decir personalmente a cada uno,después de haber escuchado con respeto y amor la historia de su inmenso sufrimiento: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré" (Mt II,28).

Todos los hijos e hijas de la Iglesia nos queremos acercar a ustedes,que han quedado llenos de angustia,sin hogar o con el corazón destrozado,como el buen samaritano. En esa parábola Jesús nos enseño a no caer en la actitud del sacerdote que,al ver al hombre tirado al borde del camino,"dio un rodeo" (Lc 10,32) y pasó de largo; ni del levita que,con el pretexto de que debía servir a Dios en el templo,hizo lo mismo. Nuestra conducta quiere ser la del samaritano que "llego junto a él,y al verle tuvo compasión; y acercándose,vendo sus heridas " (Lc 10,33-34).

Como el buen samaritano,hemos tratado de colaborar para aliviar la pena de las víctimas del huracán "Mitch". En todas las diócesis,las parroquias se convirtieron en centros de recolección de ayuda. Donde fue necesario,abrimos las instalaciones de la Iglesia para acoger a los damnificados. Las oficinas de Cáritas han estado muy presentes en esta emergencia. Miles de cristianos se han dedicado a servir con gran amor a sus hermanos que ahora les necesitan.

4. Nuestra reflexión pastoral ante la tragedia

Pasados los días más angustiosos,ha llegado el momento de la evaluación y de la reconstrucción. Como parte de nuestro servicio trataremos de iluminar desde la palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia,la realidad actual y el futuro que nos disponemos a construir juntos.
En primer lugar,damos gracias a Dios por la reacción espontánea y generalizada,de solidaridad con las víctimas. La misma actitud de compasión la hemos visto en países hermanos que ya comenzaron a enviar distintos tipos de ayuda.

A todos va nuestra gratitud: a quienes por su condición de autoridades de la nación,tienen la misión de velar por el bienestar de los ciudadanos; a las instituciones de servicio; a la empresa privada; a las organizaciones de la sociedad civil; a los medios de comunicación social; al pueblo en general y a las comunidades cristianas. También agradecemos la simpatía y la solidaridad de otros países,así como de instituciones privadas de diversas naciones.
Al mismo tiempo deseamos formular algunas sugerencias e inquietudes:

•Vemos muy conveniente recoger las lecciones que nos deja esta emergencia para avanzar en la capacidad de prevenir,en cuanto es posible,futuras catástrofes,salvando así preciosas vidas humanas. Ante Dios toda persona tiene un valor infinito,sin importar su condición económica o social.

• Es importante que nunca haya discriminación en la distribución de la ayuda,por razones de preferencias políticas o de otro tipo. Que nadie se sienta olvidado o marginado. A todos los damnificados debe llegar lo que haga falta para aliviar sus necesidades. El buen samaritano no pregunto como se llamaba el hombre tirado al borde del camino ni cual era su credo religioso o político. La palabra de Dios nos enseña a servir al Señor en los más pobres,débiles e indefensos.

• Otra preocupación tiene que ver con algunos de los lugares que fueron afectados por las inundaciones de los últimos días. Creemos que debe examinarse con seriedad y responsabilidad esta cuestión para que no se exponga a las personas a graves peligros por falta de previsión. Del resultado del análisis puede salir la conclusión de que algunas familias tengan que ser reubicadas en lugares más seguros. Pero no solo eso: es urgente resolver la situación de todas las familias que viven en lugares de alto riesgo,aunque ahora no formen parte de los damnificados. Y en las zonas más afectadas,debe asegurarse el saneamiento ambiental y tomar precauciones para evitar epidemias,antes del retorno de los damnificados.

• Las fuertes lluvias dejaron en evidencia dos de nuestros más graves problemas: en primer lugar pusieron al desnudo la fragilidad del sistema ecológico,tan destruido en los últimos años sin que se pongan en marcha políticas audaces para preservar "la casa de todos"; el huracán "Mitch" También dejo al descubierto el drama de la extrema pobreza que condena a una muerte lenta a gran parte de la población salvadoreña. Urge asumir un compromiso ético y moral ante tan graves desafíos.

• De lo anterior se desprende una conclusión: ¿qué clase de país es el que debemos construir entre todos? La propuesta de la Iglesia es simple y comprometedora: estamos llamados a crear una sociedad digna de las personas que componen la comunidad salvadoreña. Una sociedad en la que cada compatriota encuentre las condiciones que le permitan desarrollar al máximo sus capacidades para crecer realmente como persona. En una palabra: hay que comprometerse con el desarrollo humano integral de todos los habitantes de El Salvador.

5. La virtud cristiana de la solidaridad

¿Es posible llevar a la realidad el sueño del desarrollo humano integral? Respondemos resueltamente que es posible si practicamos la virtud cristiana de la solidaridad.

El Papa Juan Pablo II ha escrito que la solidaridad no es simplemente "un sentimiento superficial por los males de tantas personas,cercanas o lejanas" (Sollicitudo Rei Socialis,38). Esto pasaría,por ejemplo,si sólo nos sentimos cercanos a los damnificados mientras ellos aparecen en los espacios informativos. La auténtica solidaridad va mucho mas allá:

"es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir,por el bien de todos y de cada uno,para que todos seamos verdaderamente responsables de todos" (Ibid.). El "bien común" consiste "en la realización cada vez más fraterna de la común dignidad,lo cual exige (…) estar dispuestos a sacrificar aun bienes particulares" (Puebla,317).

El mismo pontífice nos enseña que si Pío XII pudo decir que "la paz es fruto de la justicia",en la actual situación del mundo debemos afirmar asimismo que "la paz es fruto de la solidaridad". El país que queremos solo será digno del divino nombre que lleva si lo construimos sobre bases de justicia y solidaridad.

En este sentido se han pronunciado muchos salvadoreños y salvadoreñas cuando se les ha pedido su contribución a las "Bases para el Plan de Nación". La campana electoral que se inicia debería conceder un espacio privilegiado a estas cuestiones fundamentales. Esperamos de los partidos políticos un diagnóstico que no rehuya las más crudas realidades,y propuestas que respondan a los mayores desafíos que dicha realidad plantea. Hoy mas que nunca necesitamos darnos cuenta de que problemas como la extrema pobreza,el desempleo,todas las formas de violencia,la inseguridad de la población,la corrupción y la impunidad minan los fundamentos mismos de la convivencia ciudadana.

Estamos convencidos de que así como la tragedia que lamentamos no causó zozobra,dolor y muerte sólo en nuestro país,del mismo modo debemos dar el salto hacia la verdadera integración centroamericana. Esta debe edificarse en primer lugar en la pacifica relación de las personas,porque todos los habitantes de los seis países de América Central somos hermanos. La reunión de los presidentes de la región,realizada en San Salvador la semana pasada,debe considerarse como un gesto importante que nos estimula a buscar soluciones comunes a los problemas comunes.

Confiados en la protección permanente del Padre,rico en misericordia,que escucha el clamor de su pueblo (cf. Ex 3,7) y no nos abandona en los momentos más críticos de nuestra historia,renovamos nuestra palabra de esperanza y consuelo. Que el Espíritu Santo consolador,"fuente inagotable de gozo y de paz",suscite en cada uno de nosotros el Espíritu de solidaridad con los damnificados,infunda confianza y esperanza en los que sufren y acreciente en todos nosotros el compromiso por un mundo mejor.
Que Cristo Jesús,el Divino Salvador del Mundo,les conceda,en estos momentos difíciles,el don de la paz.
En su nombre les bendecimos de corazón.
San Salvador,11 de noviembre de 1998.

Fernando Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador y
Administrador Apostólico de Santa Ana
Presidente de la CEDES

José Oscar Barahona Castillo
Obispo de San Vicente

Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

Samuel Elías Bolaños Avelar,sdb
Obispo de Zacatecoluca

Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador

Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de San Miguel
Secretario de la CEDES

José Adolfo Mojica
Obispo de Sonsonate

Luis Morao,ofm
Administrador Apostólico del
Ordinariato Militar