DEN AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR,Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Queridos hermanos y hermanas:

1. "Den al César lo que es del César,y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17)

¿Por qué tomamos una vez más la palabra para referirnos a las elecciones? Porque estamos convencidos de que los procesos electorales son importantes para construir una verdadera democracia. Lo son todavía más en un país como el nuestro,donde la tradición democrática es débil e incipiente. En esta forma los pastores damos nuestro aporte a la formación de los fieles para que sean buenos ciudadanos,es decir,hombres y mujeres que contribuyan desde su fe a la creación de una sociedad donde las personas puedan realizarse plenamente,de acuerdo a su dignidad humana.

El Concilio Vaticano II afirmó la autonomía del poder temporal y la de la Iglesia: "La comunidad político y la Iglesia son independientes y autónomas,cada una en su propio terreno. Ambas,sin embargo,están al servicio de la vocación personal y social del hombre " (Gaudium et Spes,n. 76).

El Código de Derecho Canónico,en el capítulo dedicado a la función de enseñar de la Iglesia,recoge esta doctrina conciliar:
"Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales,incluso los referentes al orden social,así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos,en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas " (CIC,canon 747,2).

Para dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios,los cristianos no sólo deben cumplir sus obligaciones con Dios sino también sus deberes cívicos. Los obispos de El Salvador queremos iluminar la mente de nuestros compatriotas,a fin de que,a la hora de emitir el voto en las elecciones presidenciales del próximo 7 de marzo,actúen con una conciencia rectamente formada,teniendo muy presentes las exigencias del bien común.

2. El compromiso del laico en la construcción de un país solidario

Vemos las próximas elecciones -las últimas del presente siglo- como un paso más en la construcción de un país más acorde con la dignidad humana de sus habitantes: un país realmente solidario y que opte plenamente por la vida. En tan urgente tarea los laicos tienen una responsabilidad fundamental.

La más reciente reflexión del Papa Juan Pablo II sobre la vocación y misión de los laicos la encontramos en la exhortación postsinodal "La Iglesia en América" (Ecclesia in America),que él mismo entregó solemnemente al continente americano en la basílica de Guadalupe,de la ciudad de México,el 22 de enero del presente año.

En ese documento se nos enseña que la vida del laico se mueve en dos ámbitos o ambientes -el mundo y la Iglesia-,subrayando con fuerza que "el primero y más propio de su condición laical,es el de las realidades temporales,que están llamados a ordenar según la voluntad de Dios" (La Iglesia en América,n. 44). En efecto,gracias a los laicos "el Evangelio es llevado dentro de las estructuras del mundo y obrando en todas partes santamente consagran el mismo mundo a Dios" (Ibid.). Y recordando la doctrina conciliar,el Papa señala que "la secularidad es la nota característica y propia del laico y de su espiritualidad que lo lleva a actuar en la vida familiar,social,laboral,cultural y política,a cuya evangelización es llamado " (Ibid.).

La exhortación postsinodal va aún más lejos cuando formula un deseo vehemente: "América necesita laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad. Es urgente formar hombres y mujeres capaces de actuar,según su propia vocación,en la vida publica,orientándola al bien común " (Ibid.).

¿Cómo deben,entonces,los laicos actuar en la política? La respuesta del Santo Padre es contundente: "En el ejercicio de la política,vista en su sentido más noble y auténtico como administración del bien común,ellos pueden encontrar también el camino de la propia santificación". Pero esto no se improvisa: "Para ello es necesario que sean formados tanto en los principios y valores de la Doctrina social de la Iglesia,como en nociones fundamentales de la teología del laicado " (Ibid.).

El Vicario de Cristo no olvida el otro campo de actividad de los laicos: su misión al interior de la Iglesia. Pero no vacila en indicar donde está el compromiso prioritario: "De todos modos,aunque el apostolado intraeclesial de los laicos tiene que ser estimulado,hay que procurar que este apostolado coexista con la actividad propia de los laicos,en la que no pueden ser suplidos por los sacerdotes: el ámbito de las realidades temporales " (Ibid.).

La insatisfacción que muestran muchos salvadoreños por la forma como se ejerce entre nosotros la función pública no es excusa para permanecer indiferentes; al contrario,es una llamada apremiante del Señor a no resignarse a que las cosas continúen como están. La situación de desesperación en que viven cientos de miles de familias salvadoreñas,acosadas por la pobreza,el abandono,la marginación,el desempleo,la inseguridad y la falta de oportunidades,son un desafió que los cristianos no podemos rehuir.

Todo ello nos debe llevar a ejercer responsablemente el derecho y deber de emitir el voto el próximo 7 de marzo. Esto vale para el cristiano que milita en la política partidista impulsado por su fe; y vale también para el bautizado que quiere ejercer su derecho y deber de votar pensando en los altos intereses de la Patria.

3. Votar iluminados par la Doctrina Social de la Iglesia

A los obispos y sacerdotes no nos corresponde hacer proselitismo por tal o cual partido político,pero los fieles laicos son libres para dar su adhesión al partido de su preferencia. Sin embargo,la adhesión a un determinado proyecto político,para ser coherente con la fe cristiana,debe ser el fruto de un sabio discernimiento. La Iglesia,en su doctrina social,ofrece valiosas orientaciones que un laico de conciencia rectamente formada sabrá tener en cuenta.

Sí,en la Doctrina social de la Iglesia encontraremos la guía segura para responder a los graves problemas de orden social que existen entre nosotros,de modo que los cristianos,"iluminados por ella,se hagan capaces de leer la realidad actual y de buscar vías para la acción" (La Iglesia en América,n. 54). Sus tres pilares fundamentales son: la dignidad humana,la solidaridad y la subsidiariedad. La enseñanza o doctrina social de la Iglesia "contiene principios,criterios y orientaciones para la actuación del creyente en la tarea de transformar el mundo según el proyecto de Dios" (Santo Domingo,n. 158)

Uno de esos criterios de juicio esta tornado de la encíclica "Centesimus Annus" y se refiere a la economía: "Todo sistema según el cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por los factores económicos,resulta contrario a la naturaleza de la persona humana y de sus actos" (Catecismo de la Iglesia Católica,n. 2423). En la visión de la doctrina social de la Iglesia "ocupa un lugar importante el derecho a un trabajo digno. (…) Es una responsabilidad ética de una sociedad organizada promover y apoyar una cultura del trabajo " (La Iglesia en América,n. 54).

4. Para construir una sociedad digna de los hijos de Dios

La palabra de Dios nos revela algo maravilloso: que el ser humano -hombre y mujer- ha sido creado a imagen de Dios. Este es el fundamento más sólido e indiscutible de la dignidad humana y de los derechos humanos. La Iglesia,al proponer esta visión y al acercarse con esta luz a las realidades del mundo,lo hace como "experta en humanidad".

Una de esas realidades es la política,instrumento necesario para construir una auténtica democracia participativa. El voto es una forma de participación,pero es la forma más elemental. Construir la democracia participativa exige mucho más. Para que esta se vaya convirtiendo en realidad,muchas cosas tienen que cambiar en El Salvador. Y los cristianos no podemos estar ausentes en esa tarea,que podríamos resumir,con palabras del Papa,en esta densa expresión: hay que construir un país donde reinen la cultura de la vida y la solidaridad.
Al entregar el documento La Iglesia en América,el Santo Padre expuso con vigor su concepción de la cultura de la vida: "Este es nuestro grito: ¡Una vida digna para todos! Para los que han sido concebidos en el seno de su madre,para los niños de la calle,para los pueblos indígenas y afroamericanos,para los inmigrantes y refugiados,para los jóvenes privados de oportunidades,para
los ancianos,para cuantos experimentan cualquier tipo de pobreza y marginación " (Homilía,México,23.01.99).

Igualmente elocuentes fueron sus palabras dirigidas a todo el continente en su reciente viaje a San Luis,Misouri: "América,si quieres la paz,trabaja por la justicia. Si quieres la justicia,defiende la vida. Si quieres la vida,abraza la verdad,la verdad revelada por Dios" (Homilía,17.01.99). Según el Santo Padre por aquí pasa el camino que nos llevará a una sociedad "verdaderamente libre,democrática,justa y humana " (Ibid.). Esta es la sociedad solidaria que soñamos.

5. Por qué votar,para qué votar,por quién votar

Las reflexiones precedentes nos han conducido naturalmente a la cuestión de las elecciones y al voto,como derecho y deber. Pero no basta con acudir a depositar el voto. Es necesario que se ejerza este derecho y se cumpla este deber con una conciencia lucida y como un acto de libertad responsable.

Sobre estos temas nos hemos pronunciado en ocasiones anteriores,tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz. En plena conflicto armado,la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) hablo de la obligación de votar y exhorto a las fuerzas insurgentes a no impedir el ejercicio de ese derecho:
"Toda obstaculización,tanto interna como externa,que coarte el derecho al sufragio,es una violación del derecho ciudadano a expresar su opinión por la vía democrática,en la que está fundamentada la patria salvadoreña " (Mensaje de la CEDES,19.03.89).
En 1991 nos dirigimos nuevamente al pueblo salvadoreño,recalcando que "la fe tiene que influir más allá del santuario íntimo de la conciencia,fermentando con el Evangelio todas las actividades humanas,sean estas culturales,educativas,sociales,económicas o políticas " (Mensaje de la CEDES,21.02.91) Y citando la exhortación apostólica sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo,recordábamos que todos los cristianos somos protagonistas y destinatarios de la política (cf. Christifideles Laici,n. 42).

Por su actualidad en un momento en que parece dominar la indiferencia ante el proceso electoral que culminará el próximo 7 de marzo,queremos recordar un punto central de ese mensaje:
"Para animar cristianamente el orden temporal en el sentido de servir a la persona y a la sociedad,los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la político,es decir,en la multiforme y variada acción destinada a promover orgánica e institucionalmente el BIEN COMUN: es decir,el bien de todos los hombres y de todo el hombre " (Ibid.).

6. Las elecciones que nos llevan al Tercer Milenio

El Mensaje del episcopado salvadoreño que tuvo más impacto entre los cristianos fue el del 21 de noviembre de 1993,pocos meses antes de las más reciente elección presidencial,cuando apenas se iniciaba la campaña electoral. Su título era un reto y un compromiso: "Votar pensando en el futuro". Cuando lo escribimos,estábamos convencidos de que las llamadas "elecciones del siglo" eran de vital importancia para el porvenir de El Salvador. Por eso pedimos a los electores emitir el voto "en forma responsable,apoyando a los candidatos o partidos que puedan contribuir en forma más adecuada y eficiente a la promoción del bien común de todos los salvadoreños".

También dirigimos entonces una palabra a los candidatos a la presidencia,invitándoles respetuosamente a prestar una atención prioritaria a la familia,a favorecer a las grandes mayorías en sus legitimas aspiraciones,a asumir un firme compromiso en favor de la recta administración de la justicia y a combatir con decisión la corrupción,la venalidad y la impunidad.

Un llamado similar queremos formular en el umbral de un nuevo siglo y de un nuevo milenio. El Papa nos ha invitado a revisar los puntos de nuestra historia personal y comunitaria para reconocer los errores y asumir una actitud de conversión; nos ha pedido asimismo que el año dos mil sea de profunda alegría para los más pobres entre los pobres,que vean por fin como caen de sus manos y pies las cadenas de la miseria,la exclusión,la ignorancia,la enfermedad y la marginación.

Al depositar nuestro voto el próximo 7 de marzo,expresemos en ese gesto cívico un compromiso firme y generoso: votemos por un país en el que todos podamos vivir realmente como hermanos,en justicia,en solidaridad,en un pleno desarrollo humano y en clima de paz firme y duradera. Votemos pensando,no en intereses particulares o partidarios,sino en el bien común de todos los salvadoreños.

En nombre de Cristo,Señor de la historia,les bendecimos de corazón.

San Salvador,27 de febrero de 1999

Fernando Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador y
Administrador Apostólico de Santa Ana
Presidente de la CEDES

Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

José Oscar Barahona Castillo
Obispo de San Vicente

Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de San Miguel
Secretario de la CEDES

Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

Samuel Elías Bolaños Avelar,sdb
Obispo de Zacatecoluca

Jose Adolfo Mojica
Obispo de Sonsonate
Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador

Luis Morao,ofm
Administrador Apostolico del
Ordinariato Militar