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“VENGAN A MI TODOS LOS QúE ESTAN CANSADOS Y AGOBIADOS” -MENSAJE DE LA CON FERENCIA EPISCOPAL DE EL SALVADOR- 1. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Consternados y conmovidos par la dolorosa tragedia que enlutó a nuestro país el sábado 13, cuando la furia de la naturaleza sembró el suelo patrio de muerte y destrucción, nos dirigimos a ustedes, hermanas y hermanos amados de Dios. Y el primer sentimiento que aflora en nuestro corazón es la desolación: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Fue el mismo sentimiento que embargó a Jesucristo en el momento supremo de su entrega a la muerte para nuestra salvación. Las imágenes desgarradoras de esta prueba están grabadas en nuestra mente y recorrieron el mundo entero. La experiencia del terremoto ha sido dura y, en muchos casos, purificadora. Nos cuesta comprender los misteriosos caminos de la Providencia, pero creemos firmemente que el Dios que cuida de los pájaros del cielo, vela por cada uno de nosotros porque nos creó a imagen suya. (cf. Lc 12, 6-7). Una vez más el pueblo salvadoreño ha dado muestras de entereza ante la adversidad y desde lo más profundo de su fe cristiana, ha brotado espontáneamente la súplica: “Protégeme Dios mío, que me refugio en ti”. A las familias afectadas par el terremoto porque perdieron seres queridos o sufrieron graves daños en sus personas o en sus bienes materiales, dirigimos nuestra palabra de consuelo y solidaridad. Como dijimos cuando nos azotó el huracán “Mitch”: “Que les conforten, queridos hermanos y hermanas, las consoladoras palabras de Jesús que quisiéramos decir personalmente a cada uno, después de haber escuchado con respeto y amor la historia de su inmenso sufrimiento: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré” (Mt 11, 28). 2. “Llegó junto a él y, al verle, tuvo compasión” (Lc 10, 33). En el lenguaje sencillo y profundamente cristiano de nuestro pueblo se dice que “Dios nunca desampara a sus hijos”. Pero el Señor actúa a favor de sus hijos e hijas a través de personas que saben acercarse al hermano o hermana que yacen heridos y angustiados a la vera del camino. Así sucedió también esta vez. Abundan los testimonios que lo demuestran: nadie estuvo solo, aunque a veces nos sea difícil reconocer en nuestra tribulación su presencia misericordiosa y llena de ternura. ¡Que el Señor bendiga a quienes, dentro y fuera del país, se acercaron con amor a las víctimas del desastre! Es un gesto de solidaridad que nunca vamos a olvidar. Un gesto que se hizo plegaria, compasión y acción decidida para aliviar el sufrimiento de las familias afectadas. Un gesto que debe prolongarse en el largo camino hacia la normalización de sus vidas. En ese camino, Cristo se hará presente discretamente, como sucedió con los dos discípulos que se dirigían a Emaús (cf. Lc 24, 13-35). 3. “Levántate y ponte ahí, en medio” (Mc 3, 4) El evangelio nos cuenta que una vez Jesús entró en la sinagoga, se fijó en un hombre que padecía de parálisis en un brazo y le dijo: “Levántate y ponte ahí, en medio” (Mc 3,4). Hermoso símbolo del criterio que debe guiar el quehacer del Estado y de cada ciudadano: poner en el centro a la persona humana, respetando plenamente su excelsa dignidad. Poner en el centro a la persona significa promover y defender sus derechos inalienables. Poner en el centro a la persona quiere decir aprender a encontrar a Cristo no solo en la palabra de Dios y en el augusto misterio de la Eucaristía sino también “en las personas, especialmente los pobres, con quienes Cristo se identifica” (Iglesia en América, 12). A través de este fenómeno de la naturaleza él nos invita a la reflexión y al compromiso. Es urgente “que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación” (Plegaria Eucarística, Vc). A veces se piensa que catástrofes como la que acabamos de vivir, son inevitables. Sin embargo, sabemos bien que aún en esas duras circunstancias, hay riesgos que se pueden prevenir. Un primer paso es tomar conciencia de que vivimos en una tierra altamente sísmica, por lo cual deben tomarse las debidas precauciones. En segundo lugar, es urgente que nos preocupemos para que todos los salvadoreños puedan poseer una vivienda digna y segura. 4. “Anda y haz tú lo mismo” Como lo hizo el Papa Juan Pablo II con paternal solicitud pocas horas después del terremoto, expresamos nuestra cercanía espiritual con la población afectada por el sismo, elevamos fervientes plegarias por las victimas y hacemos llegar una palabra de aliento a los sobrevivientes. Queremos ser solidarios en el dolor y estar unidos en la esperanza para que, como el profeta, cada uno de ustedes, hermanas y hermanos probados por la adversidad, puedan decir: “EI Señor estaba aquí y yo no lo sabía” (Gén 28, 16). Esa presencia del Señor se realiza a través de toda persona que sirve con amor y desinterés al hermano necesitado. La Iglesia reaccionó inmediatamente como el buen samaritano, tratando de aliviar las más urgentes necesidades. Pero llegó el momento de hacerlo en forma ordenada y sistemática, para lo cual es urgente que, en las parroquias donde aún no existe, se organice la pastoral social. Hemos dado instrucciones a la red de Cáritas que se extiende a través de todas las diócesis para que se encarguen de dirigir eficaz y prontamente, la atención a la emergencia. En nombre del Dios de la paz y del amor, les bendecimos de corazón. San Salvador, 18 de enero de 2001. † Mons. Fernando Sáenz Lacalle Arzobispo de San Salvador Presidente de La CEDES
† Mons. Rodrigo Orlando Cabrera Obispo de Santiago de María Vicepresidente de la CEDES
† Mons. José Oscar Barahona Obispo de San Vicente
† Mons. Romeo Tovar Astorga, ofm Obispo de Santa Ana Secretario General de la CEDES
† Mons. Eduardo Alas Alfaro Obispo de Chalatenango
† Mons. José Adolfo Mojica Obispo de Sonsonate
† Mons. Ellas Samuel Bolaños, sdb Obispo de Zacatecoluca
† Mons. Gregorio Rosa Chávez Obispo Auxiliar de San Salvador
† Mons. Miguel Angel Morán Aquino Obispo de de San Miguel
Mons. Luis Morao, ofm Administrador Apostólico del Ordinariato Militar en El Salvador
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