JESUCRISTO, EL DIVINO SALVADOR DEL MUNDO
JESUCRISTO, EL DIVINO SALVADOR, CONSOLIDA LA FE DE SUS DISCÍPULOS
Homilía en honor del Divino Salvador del Mundo
(6 de agosto de 2006)
Lecturas: Dn 1, 9-10. 13-14; Salmo 96; 2 Pe 1, 16-19; Mc 9, 2-10
Una vez más, como a Pedro, Santiago y Juan, Jesucristo, el Divino Salvador del Mundo nos convoca para sentirnos más que nunca un pueblo que renueva su fe y su confianza en Él, que quiere renovarse en el compromiso de ser un pueblo cristiano digno de su nombre.
¿Cuántos compatriotas, en todos los continentes, se reúnen en este día torno a la imagen del Divino Salvador, para agradecerle el don de la vida?
¿Qué nos dice hoy el Divino Salvador en este año en el que nos preparamos para celebrar la Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe? El tema es: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida" y tendrá lugar en el hermoso santuario de Nuestra Señora Aparecida en Brasil del 13 al 31 de mayo.
1. Las características de la comunidad de San Marcos
El evangelista San Marcos escribe a la comunidad cristiana que tiene un problema serio de constancia, de fidelidad, de pasar de una evangelización elemental a una experiencia de Jesucristo a fondo, que se sostenga hasta las últimas consecuencias. En otras palabras, la obra completa de Jesús, que es el proyecto de Dios Padre, está por caer por el suelo. ¿Qué es lo que está sucediendo? Dos ejemplos: en el capítulo 9 versículo 49, habla de la "prueba de fuego": "Todos van a ser salados para el fuego". Se trata de la persecución vivida por la comunidad en la década del 60 desatada en Roma y sus alrededores en tiempos de Nerón en la que murieron Pedro y Pablo. Otro ejemplo: en el versículo 50 del mismo capítulo, dice: "La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros". El panorama en la comunidad es de cansancio e inconsistencia: unos comenzaban a caer en la rutina y otros sentían la necesidad de aventurarse a explorar nuevos caminos en un estilo de vida fuera del cristianismo. Los falsos "mesías" que inducían a un relativismo moral ciertamente problemáticos para la unidad de la comunidad.
2. San Marcos responde a la comunidad
San Marcos responde a la comunidad con un nuevo anuncio del Evangelio: "Comienzo de la Buena Noticia Jesús a quien confesamos como el Cristo y el Hijo de Dios". Por tanto, responde llevando a la comunidad a una fuerte contemplación del rostro de Jesús: Jesús es el Mesías fiel, obediente al Padre hasta el final. Así lo reconocerá Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mc 8, 29); y así lo hará también el Centurión Romano: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39).
3. Jesús es transfigurado
San Marcos narra el acontecimiento de la Transfiguración al comienzo de la segunda parte de su evangelio, cuando Jesús comienza a hablar abiertamente de su pasión a sus discípulos que le habían reconocido como Mesías (8, 29); ahora deben comprender su misterio como Hijo de Dios, y a la vez, el de Siervo doliente.
Jesús sube al monte Tabor con sus tres amigos: Pedro, Santiago y Juan. Cada uno de ellos con sus limitaciones humanas y sus ambiciones. Pedro, momentos antes, no quería escucharlo hablar de cruz, y Jesús lo reprende fuertemente. Santiago y Juan, querían lugares privilegiados, y Jesús sólo les promete beber de su cáliz. Miedos y ambiciones que se transformarán luego en entrega generosa y en fidelidad hasta la muerte. Pedro, Santiago y Juan, son testigos de la mayor manifestación divina de Jesús: la Transfiguración. No entienden mucho lo que contemplan, pero quedan admirados y aterrados tanto que Pedro le pide quedar siempre allí, en ese éxtasis de felicidad plena. Pero en el diálogo con Moisés y con Elías, dos insignes testigos del Antiguo Testamento, Jesús habla de su entrega fiel al proyecto de Dios en la Cruz. Esto claramente manifiesta a los tres amigos que el camino de la gloria y la Resurrección es la cruz, no el poder ni la ambición humana que nos llevan a la comodidad. Jesús y el discípulo deben cargar con su cruz para llegar a la vida plena.
4. Dios Padre revela a Jesús como su Hijo y manda a que le escuchemos
Aunque lo que acaba de suceder es grandioso, lo que viene ahora es aún más. Esta vez, la "visión" se complementa con la "audición" de la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo".
A propósito de este mandato del Padre: "Escúchenlo", un detalle importante del Evangelio de San Marcos es que no ha sido escrito para ser leído personalmente sino para ser escuchado en la proclamación. Por eso la contemplación de Jesús es ante todo, según San Marcos, una audición.
Toda la escena es la "manifestación" plena de Jesús el enviado del Padre para llevar a la plenitud el misterio de la redención, para que todos los pueblos en Él tengan vida. Ese Jesús que había sido presentado a los pobres pastores, a los magos, a todo el pueblo en el río Jordán, ahora es presentado por el Padre a los discípulos predilectos para que en el momento del dolor en el huerto de los Olivos y de la muerte en cruz, sea reconocido como el Divino Salvador, el Hijo enviado por el Padre. Pero esa palabra del Padre: "escúchenlo" debe resonar fuertemente en nuestra mente y en nuestro corazón. San Pedro jamás la olvidó, como hemos escuchado en su segunda carta: "Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo mientras estábamos con él el monte santo".
5. ¿A quién escuchamos?
¡Cuántas voces llegan hoy día a nuestros oídos! Distintas propuestas políticas, propuestas de relativismo moral, propuestas de rebeldía y violencia a la situación en la que vivimos. ¡Cuántos, a través de la historia y de los últimos decenios, buscando respuestas, han confiado sus ilusiones y sus fuerzas a ideologías, a corrientes de pensamiento ajenas a la fe! ¡No pocos justifican la violencia como respuesta y solución a los flagelos de la injusticia, de la pobreza y de la marginación, que hieren dramáticamente a nuestros pueblos! La Iglesia, esforzándose por crecer en la fidelidad al Señor de la vida, no ha cesado de buscar y dar respuesta, desde el evangelio, a estas múltiples interrogantes, iluminándonos con la palabra de Vida.
¡Cuántos pseudos-salvadores que proponen un ateismo libertino en el que los placeres ligados a él se vuelven objeto de una mayor ganancia del mercado! Dicen: "todo está permitido". Estos son expertos en explotar la ignorancia de algunos cristianos. Al respecto, los obispos en la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, dijeron: "Debemos confesar humildemente que en gran parte, aún en sectores de Iglesia, una falsa interpretación del pluralismo religioso ha permitido la propagación de doctrinas erróneas y discutibles en cuanto a la fe y moral, suscitando confusión en el Pueblo de Dios" (Documento de Puebla, 80).
6. Queremos nuevamente escuchar a Jesucristo
Para escuchar a Jesús, como nos pide el Padre, antes que nada debemos hacer silencio, quitarnos todos los ruidos que impiden meditar esta Palabra de vida, Palabra de amor, de perdón y de compromiso; Palabra exigente y a la vez suave, firme y esperanzadora.
Hoy, una vez más, podemos decirle, no sólo queremos verte sino además escucharte. Escuchar la palabra que le dirigiste a los pecadores, levantándolos de su postración y restituyéndoles la dignidad, transfigurándolo: "levántate, tus pecados te son perdonados, vete en paz".
Queremos escuchar la palabra que dijiste a Zaqueo, "hoy ha llegado la salvación a esta casa", pero sabemos que antes ese hombre ambicioso y egoísta, había prometido devolver cuatro veces más lo que había robado y dar a los pobres la mitad de sus bienes.
Queremos escuchar tu palabra que reprende la ambición de Herodes, la falsedad de los fariseos, la autosuficiencia de los escribas, invitándolos a un cambio de corazón para que pudieran llegar a ellos también el fruto de su perdón.
Queremos, Señor, escuchar nuevamente tu llamado a seguirte, como se lo dijiste a los Apóstoles que dejaron la barca y las redes, su trabajo y sus cosas y confiaron más en ti que en sus bienes.
Queremos escuchar tu voz dirigida a la joven muerta, la hija de Jairo: "yo te lo digo, levántate". La diriges hoy a todos los jóvenes, invitándoles a levantarse, a ser criaturas nuevas, dispuestos a luchar por la civilización del amor; enamorados de la vida, entusiasmados por un amor divino que contagia y transforma.
Queremos escuchar también tu voz que nos dice: "denle ustedes de comer a esta multitud hambrienta" Quizá volvamos a decirte como Felipe "Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan" o, a lo mejor como Andrés: "aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados" Y volverás a decirnos a todos: traigan lo que tengan y compartiendo generosamente lo poco, con mi bendición será más que suficiente para todos.
Señor, necesitamos mucho de tu perdón; porque estamos muy divididos, no nos servimos como hermanos, no nos respetamos en nuestra dignidad como hijo de Dios, no nos cuidamos como tu amor providente nos pide. Hay mucho dolor en los corazones, muchos enfrentamientos: danos tu capacidad de reconciliarnos, de perdonarnos, de construir juntos.
Queremos escuchar una vez más tu Palabra que nos dice: "vengan a mi los que están afligidos y cansados, y los aliviaré". Son muchos los que está sin trabajo, sin techo, sin cariño. Son muchos tus hijos que imploran tu protección porque quieren llevar el pan dignamente a su familia, que quieren vivir en paz en sus hogares. Que tu Palabra les reconforte, y que nuestro amor comprometido les ayude en sus necesidades.
Señor, tu dijiste: "Bienaventurados los que luchan por la paz, porque de ellos es el Reino e los cielos"; concede a los que gobiernan, la sabiduría necesaria para descubrir los caminos de la paz basada en la justicia, la verdad y el perdón; danos a todos el compromiso de construir la unidad que nos lleva a la paz.
Por eso sabemos que no basta contemplar tu Transfiguración. Debemos ser constructores de esperanza de tal manera que cada hijo de Dios, viva con esa dignidad. Que el pobre, el hambriento, el angustiado, el marginado, pueda ser transformado en verdadero signo de Cristo y todos sepamos reconocerlo como tal (cfr. Mt 25, 35-40).
No basta confesar la fe en Jesucristo como Salvador, es preciso celebrarla en los sacramentos; por medio de ellos, especialmente la Eucaristía, el Señor nos concede su gracia y nos mantiene en la firmísima esperanza de participar un día en la plenitud de la vida eterna (cfr. Jn 6, 51). Sin su
7. Divino Salvador, ¡bendícenos!
Por eso pedimos una vez más: Divino Salvador del Mundo, ¡bendícenos! Porque somos un pueblo que te alaba con sus labios y quiere honrarte con sus obras. Un pueblo que sufre y ofrece sus oraciones para un futuro de paz en la solidaridad. Un pueblo que quiere crecer en santidad, meditando y anunciando tu Evangelio. Un pueblo que te reconoce en la Eucaristía, pan de vida eterna.
Bendice a los niños, especialmente a los más desprotegidos; a los que están por nacer: que gocen del amor de su familia. Como dijo recientemente el Papa Benedicto XVI en el V encuentro Mundial de la Familia en Valencia: "Ojalá que los hijos contemplen más los momentos de armonía y afecto de los padres, que no los de discordia o distanciamiento, pues el amor entre el padre y la madre ofrece a los hijos una gran seguridad y les enseña la belleza del amor fiel y duradero".
Bendice a los jóvenes para que descubran el verdadero sentido de la vida.
Bendice a la familia, que viva un amor divino en el sacramento del matrimonio de un hombre y una mujer, así nacidos. Que la sociedad, y de modo particular el Estado y las Organizaciones Internacionales, la protejan con medidas de carácter político, económico, social y jurídico, que contribuyan a consolidar su unidad y estabilidad para que pueda cumplir su función específica; porque la experiencia de diferentes culturas a través de la historia ha demostrado la necesidad que tiene la sociedad de reconocer y defender la institución familiar. Además porque, una de las tareas más grandes de familia, junto con la transmisión de la fe y el amor del Señor, es la de formar personas responsables y libres. Ella es manantial de vocaciones y el corazón de la patria.
Bendice a los que llamas a la vida consagrada y sacerdotal, que anuncien con su vida el Evangelio a todos.
Bendice a los que llevan la cruz de la enfermedad, de la soledad y del encierro en la cárcel, que tengan la seguridad de tu presencia que reconforta.
Bendice a los que tienen la responsabilidad de gobernar que sinceramente, con honestidad busquen el bien común y conduzcan al pueblo por el camino de la justicia, de la verdad y de la auténtica fraternidad.
Bendice a nuestro Papa Benedicto XVI, a cada unos de nosotros los obispos, para que seamos motivo de esperanza con nuestra de vida.
Finamente, Señor, después de haber escuchado tu Palabra, queremos transfigurarnos para servirte y servirnos como nos enseñó María, la Madre que nos dejaste al pié de la Cruz. Que ella, la Reina de la Paz, nos fortalezca para que como Patrona de nuestra querida nación El Salvador, nos inspire en la construcción de una sociedad reconciliada y en paz, donde el Lucero de la mañana amanezca en el corazón de todos. Así sea.
Mons. Miguel Ángel Morán Aquino
Obispo de San Miguel, EL Salvador, C.A.