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En primer lugar, es deber del Obispo, impulsar a su grey y a fomentar las vocaciones, procurar la estrecha unión de todos los esfuerzos y trabajos, ayudar como padre a sus hijos. En segundo lugar, a los sacerdotes, que muestran un grandísimo celo apostólico a las vocaciones y atraigan así el ánimo de los jóvenes hacia el sacerdocio, con vida humilde, laborioso, amable, llevada con alegría y con la mutua caridad sacerdotal y unión fraterna en el trabajo. En tercer lugar, le corresponde a la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana en especial a las familias que llenas del espíritu de fe, caridad y de piedad, son como el primer seminario y las parroquias de cuya vida fecunda participan los mismos adolescentes.
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