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Los duros principios en el Seminario Mayor, 1845-1977 PDF Imprimir E-Mail

LOS DUROS PRINCIPIOS

LOS PRIMEROS 32 AÑOS: 1845-1877

Legajo de Notas y Documentos del Archivo del Obispo Zaldaña  (En su momento en el archivo privado del D. Roberto Molina y Morales.

Molina y Morales Roberto, Apuntamientos Históricos del Seminario Salvadoreño (inédito)

Escribe: José López Sandoval

I 

Terminadas las luchas históricas que ensangrentaron la Patria durante los diez años desde 1829 hasta 1840 surgieron en las cinco fracciones en que se dividio Centro America, movimientos de restauración nacional.

Cupote en suerte a El Salvador tener, en esa época de formación, al frente de sus destinos como presidente, a un gran hombre, Antonio José Cañas.

A este mandatario y a la Asamblea Constituyente que reunida al cesar la lucha secundo su accion, se deben grandes restauraciones morales y materiales en El Salvador: la organización de los primeros Institutos de estudios superiores; la erección de la Diócesis por medios canónicos; la fundación del primer Colegio Nacional, cuna de nuestro Seminario.

El 16 de febrero de 1841 aquella Asamblea expidió el decreto de fundación del Colegio y el 16 de octubre del mismo año se inauguró con el nombre de "La Asunción" en el antiguo convento de San Francisco, situado donde actualmente se encuentra el Primer Regimiento de Infantería.

Sus primeros Rectores fueron los Presbíteros D. José Crisanto Salazar y D. Narciso Monterrey.

Tan pronto como se erigió la Diócesis, su primer Obispo Doctor D. Jorge Viteri y Ungo le dio incremento al Colegio ya que en él se educaban los jóvenes aspirantes al sacerdocio y a él se referían sin duda las palabras de la Bula de la erección de la Diócesis: "… Y para la dotación, tanto del Cabildo como del Seminario ya existente en dicha ciudad de San Salvador, atribuimos perpetuamente y asignamos respectivamente a uno y a otro la porción de los diezmos asignados…"

En este Colegio Nacional educáronse durante siete años los futuros sacerdotes bajo la inmediata vigilancia del Obispo.

El 8 de diciembre de 1844 se trasladó el Colegio-Universidad al antiguo convento de Santo Domingo. En ese tiempo solamente eran dos los alumnos que se preparaban para el sacerdocio. Las clases de teología eran regentadas por Fray Juan de Jesús Zepeda y Fray Esteban de la Trinidad Castillo, de la Orden de San Francisco.

El Señor Viteri vió mas tarde la necesidad que había de fundar un verdadero Seminario según lo mandado por el Concilio Tridentino; y a solicitud del Señor Vicepresidente en ejercicio, Don Joaquín Eufrasio Guzmán, la Asamblea Legislativa dio con fecha 10 de junio de 184 un Decreto por el cual fundaba el Seminario BAJO LA INMEDIATA INSPECCION DEL EXCELENTISIMO SEÑOR OBISPO DE ESTA DIÓCESIS Y LA PROTECCIÓN DEL GOBIERNO". Y esta fecha ha sido la razón de celebrar este año con toda la justicia el 1er Centenario del Seminario.

Pero a pesar del decreto y de la necesidad, de hecho no hubo todavía Seminario.

Fue el Señor Obispo Don Tomas Miguel Pineda y Zaldaña a quien le cupo la honra de poner las bases y ver el nacimiento del Seminario.

A raíz de la revolución de julio de 1846 fue expulsado del territorio Salvadoreño el Señor Obispo Viteri; con este motivo vióse la Santa Sede en la necesidad de nombrar a un Vicario que con carácter Episcopal gobernase la Diócesis. La designación recayó en el Deán, Señor Zaldaña, Cura hasta entonces de la rectoral de Izalco; el cual fue consagrado en febrero del año de 1849 por el Obispo de Comayagua.

Tan pronto como se vió el Señor Zaldaña al frente de la administración de la Iglesia salvadoreña, procuró cumplir con las prescripciones dadas por la Santa Sede sobre la fundación del Seminario. Solicitó del Supremo Gobierno con fecha 30 de mayo de 1849 que "… del gasto que hacían en el Colegio civil 9 niños que podían obtener beca por cuenta del Estado, se le mandara pagar mensualmente, para sostener a los 10 ó 12 de que se compondría inicialmente el Seminario, tomando como primeros alumnos los que en el Colegio de La Asunción hubieran manifestado más capacidad, juicio, moralidad e inclinación al sacerdocio…"

El Gobierno en oficio del 9 de junio contestó evasivamente que ordenaba al Vice-Rector del Colegio de La Asunción que pusiera a disposición del Arzobispo los nueve alumnos mencionados. El Vice-Rector D. Isidro Menéndez comunico el día 11 que de todos los alumnos solamente dos, Francisco Chávez y Concepción Córdova, tenían deseos de pasar al Seminario, quedando ambos a disposición del Señor Obispo para que diera principio a la formación del Colegio Tridentino, nombre con que se le llamaría al Seminario.

Recurrió de nuevo el Señor Zaldaña ante el Gobierno con fecha 20 del mismo junio aceptando los estudiantes propuestos e informando que para proveer las 7 becas restantes "hasta completar el número de 9 cuya provisión le concedía el Art. 31 de la Ley del 28 de febrero del 44" estaba dispuesto a tomar niños que estudiaran fuera del Colegio Civil, para cuyo efecto rogaba al Ministro ordenara al Tesorero le mandara a pagar con puntualidad "el contingente mensual que correspondía a razón de 8 pesos por cada uno de los 9 niños".

También informaba que para mas economía el mismo sería Rector, Catedrático y Vigilante, y cedería una gran parte del edificio que se le había destinado para su habitación, (convento de San Francisco), para que la habitaran los alumnos del Seminario. Sólo pedía fondos para el pago del portero, cocinera y molendera.

El Ministro Pino respondió al Prelado el día 23 que el Gobierno estaba decidido a pagar "únicamente las becas que salieran del Colegio "La Asunción".

Ante esta negativa el Señor Zaldaña no se arredró. Dirigió una circular, el 4 de julio, a todos los Párrocos recomendándoles el envío de las cuartas episcopales mandadas para el Tridentino; insistió también ante el Gobierno que se le excusara del requisito mandado por la Ley de ser únicamente besquistas del Colegio Civil los besquistas del Seminario. Esta solicitud también fue negada.

Ante ésta segunda negativa el Señor Zaldaña ordeno que se estudiara el caso por el Consultor Episcopal, Señor Menéndez, quien aconsejo no insistir mas ante el Gobierno, dejando a un lado el asunto de las becas.

A pesar de su pobreza y de las dificultades Mons. Zaldaña inició con cinco jóvenes el Colegio Tridentino en su propia residencia el día 8 de agosto de 1849. El mismo instruía personalmente a los alumnos en los principios de latinidad, Teología y Rúbricas, indispensables para el servicio Parroquial.

El Pbro. Nereo Marín, seminarista quizá entonces, narra en sus apuntes la inauguración del Seminario.

"En la tarde del 8 de agosto de 1849, dice, se reunieron con el entonces Obispo Gobernador, en el Oratorio de su Casa Episcopal, los cinco seminaristas que inicialmente formaban el Colegio. Se rezó devotamente el Santo Rosario, se tuvo meditación concluyendo todo con una breve exhortación del Señor Rector D. Ignacio Zaldaña. Los bendijo el Señor Obispo, pasándose a tomar la cena. Así se inició el Colegio Tridentino".

El 8 de noviembre el Señor Obispo decretó el "Estatuto Provisorio del Colegio Seminario".

En aquellos primeros años el Seminario llevó una vida muy precaria por falta de profesores y de fondos. El Sr. Obispo y el Rector suplían las deficiencias como podían impulsados por el generoso deseo de darle a El Salvador sacerdotes celosos.

El año 50 la Asamblea Legislativa, a solicitud del Ejecutivo, decretó una asignación al Seminario, la cual fue tarde e incompletamente pagada. A pesar de todo esto el Tridentino estaba en marcha.

El P. Don Ignacio Zaldaña fue el primer Rector y desempeño funciones desde el 8 de agosto de 1849, día de la organización, hasta el principio de 1851 en que tomó ese cargo el P. Don Narciso Monterrey.

Durante los años 1852 hasta junio del 54, fungió como Rector Fray Esteban de la Trinidad Castillo.

El Doctor Eugenio Aguilar desde el principio tomó la cátedra de Teología hasta su muerte.

El Instituto que naciera entre mil dificultades, se desenvolvió también entre gigantes luchas, superadas gracias al esfuerzo del gran Obispo Zaldaña: lucha contra la Autoridad civil, lucha contra la indiferencia, lucha contra los prejuicios, lucha contra la pobreza.

Gracias a la mano que lo dirigía, mano de un Santo, la obra siguió su camino gloriosos bajo el amparo de Dios.

II

Hasta el año 1854 el nuevo Seminario no tuvo ninguna mayor dificultad, pero el 16 de abril de ese año el convento de San Francisco donde funcionaba el Seminario rodó por tierra a causa del terremoto que destruyó la ciudad.

El Señor Obispo Zaldaña recogió a los seminaristas que quisieron seguirle y se marcho con ellos a Cojutepeque lugar destinado por asiento provisional de la capital. De 52 seminaristas sólo 7 acompañaron al Prelado. En Cojutepeque permanecieron varios meses en convivencia con el Sto. Prelado, y recibiendo las clases en el Colegio "San Juan", propiedad del Sr. Cura D. Manuel Alcaine. Trasladada la capital a Santa Tecla el 8 de agosto del mismo año, el Sr. Obispo reorganizó el Seminario logrando contar en el año 1858 con 71 alumnos. Allí fueron ordenados sacerdotes el Dr. Luis Cárcamo y Rodríguez y D. José Bernal; el primero, sucesor en la Mitra del Sr. Zaldaña y el segundo, alto valor literario.

Desde 1859 hasta 1861 fungieron como Rectores: los Presbíteros D. José Hernández, D. Manuel Corredor, D. Ignacio Hernández, D. Federico Pérez (interino) y Don Domingo Paredes.

El año 1861 recibió el Tridentino un nuevo golpe con la persecución iniciada por el Presidente Gral. Gerardo Barrios.


El Rector, Sr. Pbro. D. Domingo Paredes y los profesores tuvieron que acompañar al Sr. Zaldaña en el exilio quedando el Tridentino sin superiores. El 21 de noviembre el gobierno mandó a desocupar la casa recibiendo algunos seminaristas asilo en la casa de D. León Castillo, antes perseguidor, ahora protector de la Iglesia.

Esta situación de cosas no podía ser duradera a causa del disgusto del pueblo.

El gobierno propuso a la Santa Sede un Concordato que fue suscrito el 22 de abril del año 62 y ratificado el 3 de octubre. Entre otras cosas se estipulaba que únicamente al Obispado le competía la admisión de los jóvenes aspirantes al sacerdocio y la dirección y administración del Seminario. Además la señalaba al Tridentino la pensión de 4,200 pesos anualmente.

El Gobierno del Doctor D. Francisco Dueñas que derrocó al de Barrios, respetó el Concordato y así pudo el Señor Zaldaña al volver de su destierro reorganizar el Seminario, objeto de sus desvelos.

A principios de 1864 reunió el Señor Obispo de nuevo diez clérigos bajo su inmediata vigilancia en el reedificado convento de San Francisco.

Durante los años 186 y 1867 fueron Rectores los Presbíteros D. Luis Cárcamo, D. José Manuel Palacios y D. Juan Bertis.

El 17 de febrero de 1868 el Poder Legislativo dio un Decreto por el cual "se facultaba al Poder Ejecutivo para que destinara un edificio capaz para establecer el Colegio Tridentino que debía haber en este Obispado", y, además, "mandaba cubrir de preferencia la cantidad asignada por el Presupuesto General de Gastos para el sostenimiento del Plantel de que se trata". La casa que se adquirió fue la que hoy es número 38 en la 4ª Calle Oriente.

El 5 de febrero de 1869 se inauguró con toda solemnidad el Tridentino bajo la dirección del Señor Canónigo D. José Antonio Aguilar, fungiendo como Vice-Rector el Pbro. D. Miguel Vechiotti y como Padre Espiritual el Pbro. D. Bartolomé Rodríguez.

Un año mas tarde el eminente médico y notable Ex Presidente de la República, Doctor D. Eugenio Aguilar concluía sus estudios sacerdotales en ese Seminario bajo la Rectoría de su propio hijo.

La obra del Seminario siguió desenvolviéndose airosamente a pesar de las dificultades que se levantaban a su paso.

El violento terremoto del 19 de marzo de 1873, que castigó a la Capital, movió a las Autoridades Eclesiásticas a trasladar el Colegio Seminario a la ciudad de Santa Tecla, ocupando la casa que ahora es el Colegio de los Hermanos Maristas. Allí estuvo bajo la dirección del muy Ilustre Señor Obispo Afiliar Monseñor Cárcamo y Rodríguez.

Allí volvió a sufrir nuevos y rudos golpes: el Decreto Oficial de agosto de 1874 que abolió el Concordato dejó sin subsidios al Seminario: más tarde el destierro del Señor Obispo Auxiliar, del Rector y Profesores ejecutado en la noche del 17 de julio de 1875, lo disolvió por completo.

Amargado por tantas y tan duras pruebas el Señor Obispo D. Tomás Pineda y Zaldaña, fundador egregio del Seminario, entregó su alma al Señor el 6 de agosto del mismo año.

A causa de estos sucesos solo 4 seminaristas permanecieron unidos en casa el Coronel D. León Castillo.

El 2 de febrero de 1876 el Mariscal González, perseguidor de la Iglesia salvadoreña, derrotado, entregaba el mando supremo a su vencedor; dos horas más tarde el Señor Cárcamo, Obispo ya en propiedad de San Salvador hacia su solemne entrada en la capital, después de un penoso destierro en Nicaragua.

Inmediatamente puso manos a la reorganización del Seminario, haciendo trasladar nuevamente a la Capital a los Seminaristas que cuidaba y dirigía entonces el Coronel Castillo. El edificio de madera que se había levantado en el emplazamiento del antiguo convento de La Merced y que ocupara durante algún tiempo la Escuela de Niñas "Santa Clara", fue la nueva residencia del Seminario Tridentino, bajo la Rectoría del señor Cánonigo D. Juan Bertis.

Monseñor Cárcamo en su visita "ad limina" estudió una mas eficiente reorganización del Seminario, calcándola en el prestigiado Colegio PIO LATINO AMERICANO.

A su vuelta, el 29 de diciembre del año 77, emitió un Decreto de Constitución del Seminario, con el cual el plantel inició una nueva era. Con éste son cuatro los documentos básicos del Seminario salvadoreño; cuatro documentos que inmortalizan a sus autores; cuatro documentos que marcan el nacimiento, la niñez, la juventud y la plenitud fecunda de nuestro Seminario: el Decreto que fundó en esta capital el Colegio Seminario, expedido con fecha 10 de junio de 1845, por el Cuerpo Legislativo, y cuyo Centenario hemos celebrado solemnemente esta año con el Magno Congreso de Vocaciones; el Decreto Episcopal expedido por el Ilustrísimo Señor D. Tomás Miguel Pineda y Zaldaña que organizó el Seminario, el 8 de Noviembre de 1849; el Decreto Constitutivo expedido por el Ilustrísimo Señor Obispo D. Luis Cárcamo y Rodríguez, el 29 de diciembre de 1877; y el venerable Documento expedido en Roma por la Sagrada Congregación de Seminarios, el 25 de marzo de 1936, que convirtió al antiguo Colegio Tridentino en el Seminario Central de San José de la Montaña.

El Seminario salvadoreño, que de hecho es ahora "Centroamericano", posee ya, como hemos visto, una historia secular que lo honra y lo destaca sobre otros establecimientos del mismo género.

Al iniciar el segundo centenario de su vida, es preciso que nuestro Seminario, honra ya de la Nación entera, logre realizar la sagrada e ineludible consigna de salvar y de llevar a Cristo nuestra Patria, mediante la formación de un clero digno y culto.

 

 

 

 

 

 
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