COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE EL SALVADOR

Con viva preocupación hemos venido observando una latente  espiral de violencia que culminó en los últimos acontecimientos que segaron la vida del Dr. José Antonio Rodríguez Porth,Ministro de la Presidencia,así como también la de sus acompañantes,los Señores Juan Gilberto,Clara Carranza y Benjamín Pérez Jiménez.

Pasados dichos acontecimientos y de una forma serena,pero no por eso menos enérgica,deseamos enfatizar de nuevo,por su misma actualidad,lo que los Obispos dijimos en la Declaración intitulada "NO MATARAS" que,con motivo de las recién pasadas elecciones presidenciales,emitimos el día 19 de enero de 1989.

En aquella ocasión decíamos: "A las voces autorizadas que han condenado categóricamente tales acciones,unimos la nuestra; no podemos callar,ya que el claro precepto del Señor "No Mataras" (Ex. 20,13),debe estar siempre presente en nuestra conciencia. El Santo Padre acaba de recordarlo:

"atacar indiscriminadamente,matar a personas inocentes o llevar a cabo represalias sangrientas no favorece una justa valoración de las reivindicaciones presentadas por las minorías en favor de las cuales pretenden actuar" (Juan Pablo II,Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1989,N.10)".

El pueblo Salvadoreño ha optado por la democracia y quiere ser autor de su propia identidad y destino. En una democra¬cia,aunque sea incipiente como la nuestra,las ideas se combaten con ideas; la tolerancia en las posiciones políticas de cualquier persona o grupo social,es fundamental. La solidaridad  y la libertad deben  fundamentarse en el amor a Dios y al prójimo y favorecer las relaciones entre los individuos y la sociedad. Precisamente porque tenemos una democracia incipiente,frágil,no exenta de peligros,es por eso que,con mayor razón,debemos abocarnos a ella con máximo cuidado y responsabilidad.

Aquellos que quieren subvertir el orden constitucional,los adoradores de la violencia,cuyo modo de actuar ya se volvió una enfermedad  cancerosa,demencial,en nada ayudan; es más,entorpecen toda conciencia social e impiden el deseo de nuestro pueblo de llegar a ser "artesanos de la paz".
Encomendamos a la misericordia de Dios tanto a víctimas como a victimarios que en los nueve largos años de nuestro conflicto arroja una cifra muy alta.
Terminamos esta reflexión,invocando la intercesión de la Reina de la Paz en favor de nuestra patria.
San Salvador,15 de junio de 1989.

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