DEN AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR,Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Queridos hermanos y hermanas:

1. "Den al César lo que es del César,y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17)

¿Por qué tomamos una vez más la palabra para referirnos a las elecciones? Porque estamos convencidos de que los procesos electorales son importantes para construir una verdadera democracia. Lo son todavía más en un país como el nuestro,donde la tradición democrática es débil e incipiente. En esta forma los pastores damos nuestro aporte a la formación de los fieles para que sean buenos ciudadanos,es decir,hombres y mujeres que contribuyan desde su fe a la creación de una sociedad donde las personas puedan realizarse plenamente,de acuerdo a su dignidad humana.

El Concilio Vaticano II afirmó la autonomía del poder temporal y la de la Iglesia: "La comunidad político y la Iglesia son independientes y autónomas,cada una en su propio terreno. Ambas,sin embargo,están al servicio de la vocación personal y social del hombre " (Gaudium et Spes,n. 76).

El Código de Derecho Canónico,en el capítulo dedicado a la función de enseñar de la Iglesia,recoge esta doctrina conciliar:
"Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales,incluso los referentes al orden social,así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos,en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas " (CIC,canon 747,2).

Para dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios,los cristianos no sólo deben cumplir sus obligaciones con Dios sino también sus deberes cívicos. Los obispos de El Salvador queremos iluminar la mente de nuestros compatriotas,a fin de que,a la hora de emitir el voto en las elecciones presidenciales del próximo 7 de marzo,actúen con una conciencia rectamente formada,teniendo muy presentes las exigencias del bien común.

2. El compromiso del laico en la construcción de un país solidario

Vemos las próximas elecciones -las últimas del presente siglo- como un paso más en la construcción de un país más acorde con la dignidad humana de sus habitantes: un país realmente solidario y que opte plenamente por la vida. En tan urgente tarea los laicos tienen una responsabilidad fundamental.

La más reciente reflexión del Papa Juan Pablo II sobre la vocación y misión de los laicos la encontramos en la exhortación postsinodal "La Iglesia en América" (Ecclesia in America),que él mismo entregó solemnemente al continente americano en la basílica de Guadalupe,de la ciudad de México,el 22 de enero del presente año.

En ese documento se nos enseña que la vida del laico se mueve en dos ámbitos o ambientes -el mundo y la Iglesia-,subrayando con fuerza que "el primero y más propio de su condición laical,es el de las realidades temporales,que están llamados a ordenar según la voluntad de Dios" (La Iglesia en América,n. 44). En efecto,gracias a los laicos "el Evangelio es llevado dentro de las estructuras del mundo y obrando en todas partes santamente consagran el mismo mundo a Dios" (Ibid.). Y recordando la doctrina conciliar,el Papa señala que "la secularidad es la nota característica y propia del laico y de su espiritualidad que lo lleva a actuar en la vida familiar,social,laboral,cultural y política,a cuya evangelización es llamado " (Ibid.).

La exhortación postsinodal va aún más lejos cuando formula un deseo vehemente: "América necesita laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad. Es urgente formar hombres y mujeres capaces de actuar,según su propia vocación,en la vida publica,orientándola al bien común " (Ibid.).

¿Cómo deben,entonces,los laicos actuar en la política? La respuesta del Santo Padre es contundente: "En el ejercicio de la política,vista en su sentido más noble y auténtico como administración del bien común,ellos pueden encontrar también el camino de la propia santificación". Pero esto no se improvisa: "Para ello es necesario que sean formados tanto en los principios y valores de la Doctrina social de la Iglesia,como en nociones fundamentales de la teología del laicado " (Ibid.).

El Vicario de Cristo no olvida el otro campo de actividad de los laicos: su misión al interior de la Iglesia. Pero no vacila en indicar donde está el compromiso prioritario: "De todos modos,aunque el apostolado intraeclesial de los laicos tiene que ser estimulado,hay que procurar que este apostolado coexista con la actividad propia de los laicos,en la que no pueden ser suplidos por los sacerdotes: el ámbito de las realidades temporales " (Ibid.).

La insatisfacción que muestran muchos salvadoreños por la forma como se ejerce entre nosotros la función pública no es excusa para permanecer indiferentes; al contrario,es una llamada apremiante del Señor a no resignarse a que las cosas continúen como están. La situación de desesperación en que viven cientos de miles de familias salvadoreñas,acosadas por la pobreza,el abandono,la marginación,el desempleo,la inseguridad y la falta de oportunidades,son un desafió que los cristianos no podemos rehuir.

Todo ello nos debe llevar a ejercer responsablemente el derecho y deber de emitir el voto el próximo 7 de marzo. Esto vale para el cristiano que milita en la política partidista impulsado por su fe; y vale también para el bautizado que quiere ejercer su derecho y deber de votar pensando en los altos intereses de la Patria.

3. Votar iluminados par la Doctrina Social de la Iglesia

A los obispos y sacerdotes no nos corresponde hacer proselitismo por tal o cual partido político,pero los fieles laicos son libres para dar su adhesión al partido de su preferencia. Sin embargo,la adhesión a un determinado proyecto político,para ser coherente con la fe cristiana,debe ser el fruto de un sabio discernimiento. La Iglesia,en su doctrina social,ofrece valiosas orientaciones que un laico de conciencia rectamente formada sabrá tener en cuenta.

Sí,en la Doctrina social de la Iglesia encontraremos la guía segura para responder a los graves problemas de orden social que existen entre nosotros,de modo que los cristianos,"iluminados por ella,se hagan capaces de leer la realidad actual y de buscar vías para la acción" (La Iglesia en América,n. 54). Sus tres pilares fundamentales son: la dignidad humana,la solidaridad y la subsidiariedad. La enseñanza o doctrina social de la Iglesia "contiene principios,criterios y orientaciones para la actuación del creyente en la tarea de transformar el mundo según el proyecto de Dios" (Santo Domingo,n. 158)

Uno de esos criterios de juicio esta tornado de la encíclica "Centesimus Annus" y se refiere a la economía: "Todo sistema según el cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por los factores económicos,resulta contrario a la naturaleza de la persona humana y de sus actos" (Catecismo de la Iglesia Católica,n. 2423). En la visión de la doctrina social de la Iglesia "ocupa un lugar importante el derecho a un trabajo digno. (…) Es una responsabilidad ética de una sociedad organizada promover y apoyar una cultura del trabajo " (La Iglesia en América,n. 54).

4. Para construir una sociedad digna de los hijos de Dios

La palabra de Dios nos revela algo maravilloso: que el ser humano -hombre y mujer- ha sido creado a imagen de Dios. Este es el fundamento más sólido e indiscutible de la dignidad humana y de los derechos humanos. La Iglesia,al proponer esta visión y al acercarse con esta luz a las realidades del mundo,lo hace como "experta en humanidad".

Una de esas realidades es la política,instrumento necesario para construir una auténtica democracia participativa. El voto es una forma de participación,pero es la forma más elemental. Construir la democracia participativa exige mucho más. Para que esta se vaya convirtiendo en realidad,muchas cosas tienen que cambiar en El Salvador. Y los cristianos no podemos estar ausentes en esa tarea,que podríamos resumir,con palabras del Papa,en esta densa expresión: hay que construir un país donde reinen la cultura de la vida y la solidaridad.
Al entregar el documento La Iglesia en América,el Santo Padre expuso con vigor su concepción de la cultura de la vida: "Este es nuestro grito: ¡Una vida digna para todos! Para los que han sido concebidos en el seno de su madre,para los niños de la calle,para los pueblos indígenas y afroamericanos,para los inmigrantes y refugiados,para los jóvenes privados de oportunidades,para
los ancianos,para cuantos experimentan cualquier tipo de pobreza y marginación " (Homilía,México,23.01.99).

Igualmente elocuentes fueron sus palabras dirigidas a todo el continente en su reciente viaje a San Luis,Misouri: "América,si quieres la paz,trabaja por la justicia. Si quieres la justicia,defiende la vida. Si quieres la vida,abraza la verdad,la verdad revelada por Dios" (Homilía,17.01.99). Según el Santo Padre por aquí pasa el camino que nos llevará a una sociedad "verdaderamente libre,democrática,justa y humana " (Ibid.). Esta es la sociedad solidaria que soñamos.

5. Por qué votar,para qué votar,por quién votar

Las reflexiones precedentes nos han conducido naturalmente a la cuestión de las elecciones y al voto,como derecho y deber. Pero no basta con acudir a depositar el voto. Es necesario que se ejerza este derecho y se cumpla este deber con una conciencia lucida y como un acto de libertad responsable.

Sobre estos temas nos hemos pronunciado en ocasiones anteriores,tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz. En plena conflicto armado,la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) hablo de la obligación de votar y exhorto a las fuerzas insurgentes a no impedir el ejercicio de ese derecho:
"Toda obstaculización,tanto interna como externa,que coarte el derecho al sufragio,es una violación del derecho ciudadano a expresar su opinión por la vía democrática,en la que está fundamentada la patria salvadoreña " (Mensaje de la CEDES,19.03.89).
En 1991 nos dirigimos nuevamente al pueblo salvadoreño,recalcando que "la fe tiene que influir más allá del santuario íntimo de la conciencia,fermentando con el Evangelio todas las actividades humanas,sean estas culturales,educativas,sociales,económicas o políticas " (Mensaje de la CEDES,21.02.91) Y citando la exhortación apostólica sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo,recordábamos que todos los cristianos somos protagonistas y destinatarios de la política (cf. Christifideles Laici,n. 42).

Por su actualidad en un momento en que parece dominar la indiferencia ante el proceso electoral que culminará el próximo 7 de marzo,queremos recordar un punto central de ese mensaje:
"Para animar cristianamente el orden temporal en el sentido de servir a la persona y a la sociedad,los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la político,es decir,en la multiforme y variada acción destinada a promover orgánica e institucionalmente el BIEN COMUN: es decir,el bien de todos los hombres y de todo el hombre " (Ibid.).

6. Las elecciones que nos llevan al Tercer Milenio

El Mensaje del episcopado salvadoreño que tuvo más impacto entre los cristianos fue el del 21 de noviembre de 1993,pocos meses antes de las más reciente elección presidencial,cuando apenas se iniciaba la campaña electoral. Su título era un reto y un compromiso: "Votar pensando en el futuro". Cuando lo escribimos,estábamos convencidos de que las llamadas "elecciones del siglo" eran de vital importancia para el porvenir de El Salvador. Por eso pedimos a los electores emitir el voto "en forma responsable,apoyando a los candidatos o partidos que puedan contribuir en forma más adecuada y eficiente a la promoción del bien común de todos los salvadoreños".

También dirigimos entonces una palabra a los candidatos a la presidencia,invitándoles respetuosamente a prestar una atención prioritaria a la familia,a favorecer a las grandes mayorías en sus legitimas aspiraciones,a asumir un firme compromiso en favor de la recta administración de la justicia y a combatir con decisión la corrupción,la venalidad y la impunidad.

Un llamado similar queremos formular en el umbral de un nuevo siglo y de un nuevo milenio. El Papa nos ha invitado a revisar los puntos de nuestra historia personal y comunitaria para reconocer los errores y asumir una actitud de conversión; nos ha pedido asimismo que el año dos mil sea de profunda alegría para los más pobres entre los pobres,que vean por fin como caen de sus manos y pies las cadenas de la miseria,la exclusión,la ignorancia,la enfermedad y la marginación.

Al depositar nuestro voto el próximo 7 de marzo,expresemos en ese gesto cívico un compromiso firme y generoso: votemos por un país en el que todos podamos vivir realmente como hermanos,en justicia,en solidaridad,en un pleno desarrollo humano y en clima de paz firme y duradera. Votemos pensando,no en intereses particulares o partidarios,sino en el bien común de todos los salvadoreños.

En nombre de Cristo,Señor de la historia,les bendecimos de corazón.

San Salvador,27 de febrero de 1999

Fernando Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador y
Administrador Apostólico de Santa Ana
Presidente de la CEDES

Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

José Oscar Barahona Castillo
Obispo de San Vicente

Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de San Miguel
Secretario de la CEDES

Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

Samuel Elías Bolaños Avelar,sdb
Obispo de Zacatecoluca

Jose Adolfo Mojica
Obispo de Sonsonate
Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador

Luis Morao,ofm
Administrador Apostolico del
Ordinariato Militar

CUARESMA,TIEMPO DE CONVERSIÓN Y DE SOLIDARIDAD CON LOS POBRES

Queridos hermanos y hermanas:

"Conviértanse y crean en el Evangelio" (Me 1,15).

Con estas palabras que escuchamos cuando se nos impuso la ceniza al inicio de la cuaresma,les deseamos la alegría y la paz del Señor resucitado.

1. Vivamos intensamente la caridad en el año del Padre

"El Señor preparará un banquete para todos los pueblos". Su Santidad Juan Pablo II cita estas palabras del profeta Isaías para invitarnos a vivir el último año del siglo XX,dedicado a Dios Padre,como año de la caridad. En el año del Padre,rico en misericordia,el Papa nos dice que en esta cuaresma,Dios "quiere ayudarnos a redescubrir nuestra naturaleza de hijos,creados y renovados por medio de Cristo por el amor del Padre en el Espíritu Santo" (Mensaje de Cuaresma,introducción).

En el mismo Mensaje,más adelante,afirma:
"En la historia de la salvación que él realiza con y por nosotros,aprendemos a vivir con nueva intensidad la caridad (cf. 1 Jn 4,10ss),virtud teologal que he recomendado profundizar durante 1999 en la Carta Apostólica ‘Tertio Millennio Adveniente"’ (Ibid.,n. 3).

Y esto,¿por qué? Porque "la experiencia del amor del Padre impulsa al cristiano a hacerse don viviente,en una lógica de servicio y de participación que lo abre a acoger a los hermanos" (Ibid.).

En el "tiempo de gracia y de salvación" que es la cuaresma,la palabra de Dios ilumina nuestros ojos para que sepamos descubrir los "grandes espacios en los que ha de hacerse presente la caridad de Dios a través de los cristianos. (…) Quien está solo o se encuentra marginado de la sociedad,quien tiene hambre,quien es víctima de la violencia o no tiene esperanza,ha de poder experimentar en la atención de la Iglesia la ternura del Padre celestial,que desde el principio del mundo ha pensado en cada hombre para colmarlo de su bendición" (Ibid.).

Inspirados por este mensaje pontificio,deseamos compartir con ustedes,hijos e hijas de la Iglesia confiados a nuestros cuidados pastorales,algunas orientaciones e iniciativas acerca de nuestro compromiso de solidaridad cristiana,a fin de que sean llevadas a la práctica en todas las parroquias de El Salvador. De esta manera,las comunidades cristianas darán testimonio de la ternura de Dios ante las personas más necesitadas.

También nos mueve a escribirles la exhortación postsinodal "Ecclesia in America" (La Iglesia en América),que recoge las reflexiones de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos que se realizó en Roma a fines de 1997. Todos vivimos con emoción y gratitud la reciente visita del Vicario de Cristo a México para entregar personalmente tan importante documento en el que se contienen "los rasgos fundamentales de la acción pastoral del futuro" (Juan Pablo II,México,Saludo en la ceremonia de bienvenida,22.01.99).

Es la tercera vez que nos dirigimos a nuestras Iglesias particulares en tiempo de cuaresma desde que nos unimos a la firma de la paz al proclamar 1992 como "Año de Gracia y de Misericordia". Nuestro segundo mensaje cuaresmal fue la carta pastoral "Parte tu pan con el hambriento" (1 de marzo de 1995),cuando instituimos la Semana de la Solidaridad. Por diversas razones esta iniciativa cuaresmal no dio los frutos esperados.

2. Cuaresma,camino de conversión a Dios y de solidaridad

Nos enseña el Concilio Vaticano II que la cuaresma "prepara a los fieles,entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración,para que celebren el misterio pascual" (Constitución sobre la Liturgia,109). En otras palabras: la cuaresma es un camino hacia la Pascua de Jesucristo,que murió y resucitó para salvarnos.

En los últimos años,Juan Pablo II nos ha explicado bellamente que la cuaresma es camino: "un camino de reflexión dinámica y creativa,que mueve a la penitencia para reforzar todo propósito de compromiso evangélico; un camino de amor,que abre el ánimo de los creyentes a los hermanos,proyectándolos hacia Dios" (Mensaje de Cuaresma,1996,n. 1). El libro del Éxodo nos describe la cuaresma del pueblo de Dios que pasó cuarenta años en el desierto en camino hacia la tierra prometida.

Allí,donde los israelitas solo pudieron subsistir porque el Señor les dio milagrosamente el agua y el alimento cotidiano,"la experiencia de la dependencia total de Dios se convirtió para los judíos en camino de liberación de la esclavitud y de la idolatría de las cosas materiales" (Mensaje de Cuaresma,1997,n. 1).

En esta experiencia íntima que se desarrolla en el corazón,se genera un cambio de actitud. La cuaresma es -en este sentido- "un camino de conversión en el Espíritu Santo,para encontrar a Dios en nuestra vida" (Mensaje de Cuaresma,1998,n. 1). La conversión personal tiene que hacerse visible "con un signo concreto de amor hacia los necesitados,reconociendo en ellos el rostro de Cristo" (Ibid,n. 4).

El Mensaje del Papa para la cuaresma de 1999 nos habla de la caridad entendida como solidaridad. Esta virtud cristiana no es simplemente "un sentimiento superficial por los males de tantas personas,cercanas o lejanas" (Sollicitudo Rei Socialis,38). ¿Qué es,entonces,la solidaridad?: "es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir,por el bien de todos y de cada uno,para que todos seamos verdaderamente responsables de todos " (Ibid.).

"La cuaresma,vivida con los ojos puestos en el Padre,se convierte así en un tiempo singular de caridad,que se concretiza en las obras de misericordia corporales y espirituales" (Juan Pablo II,Mensaje de Cuaresma,1999,n. 4)

En el Catecismo de la Iglesia Católica se nos enseña que las obras de misericordia "son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58,6-7; Hb 13,3). Instruir,aconsejar,confortar,son obras de misericordia espiritual,como también lo son perdonar y sufrir con paciencia.

Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento,dar techo a quien no lo tiene,vestir al desnudo,visitar a los enfermos y a los presos,enterrar a los muertos (cf. Mt 25,31-46). Entre estas obras,la limosna hecha a los pobres (cf. Tb 4,51ll; Si 17,22) es uno de los principales testimonies de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf. Mt 6,2-4)" (Catecismo de la Iglesia Católica,n. 2447).

3. "El Señor preparará un banquete para todos los pueblos" (cf. Is 25,6)

En los años anteriores,en sus Mensajes de Cuaresma,el Santo Padre exhortó a toda la Iglesia a enfocar sus gestos de solidaridad en acciones muy concretas: en 1995 fue el esfuerzo por erradicar el analfabetismo; en 1996,la lucha contra el hambre; en 1997 -primer año de preparación al Gran Jubileo- el compromiso para que se respete el derecho de los pobres a tener una vivienda digna. El mensaje de cuaresma del año pasado estuvo centrado en la solidaridad con el pobre y el marginado.

Ahora el Papa nos pide que pongamos en práctica la caridad hacia el prójimo para que se cumpla la promesa que leemos en el profeta Isaías: "El Señor preparará un banquete para todos los pueblos" (cf. Is 25,6). Como sabemos,la palabra "banquete " se dice en griego "ágape "; y "ágape " significa también amor,caridad. Así se llamaba la reunión fraterna de los primeros cristianos.

"Ágape" llego incluso a ser sinónimo de celebración eucarística. "Un anticipo de este misterio es el banquete que el Señor celebra con sus discípulos el jueves santo,ofreciéndose a si mismo en el signo del pan y del vino " (Juan Pablo II,Mensaje de cuaresma,1999,n.2).

"El banquete es signo de alegría porque manifiesta la intensa comunión de cuantos participan en él" (Ibid.). ¿De qué banquete está hablando Juan Pablo II?: "Pienso,sobre todo,en los excluidos del banquete del consumismo cotidiano (es decir,los hermanos y hermanas que no tienen lo necesario parar vivir cada día). Hay muchos ‘Lázaros’ que llaman a la puerta de la sociedad; son todos aquellos que no participan de las ventajas materiales producidas por el progreso" (Ibid.,n. 4).

Estas palabras tienen plena vigencia entre nosotros porque los excluidos de los beneficios de la sociedad abundan en nuestras parroquias. En los últimos meses esta inmensa multitud ha aumentado,debido a las dificultades económicas,a los daños causados por la tormenta tropical Mitch,a los incendios que se desataron en la capital y otras ciudades del país,a las malas cosechas y a tantas otras tragedias provocadas por la naturaleza o por la mano del hombre.

En todos esos hermanos y hermanas que sufren tenemos que descubrir al Señor y comprometernos para que no queden excluidos del banquete. Lo dijo Pablo VI con singular elocuencia al clausurar el Concilia Vaticano II: "en el rostro de cada hombre,especialmente si se ha hecho transparente por sus lágrimas y por los dolores,podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (cf. Mt 25,40),el Hijo del hombre".

El pueblo salvadoreño dio una muestra admirable de solidaridad con los damnificados de la tormenta tropical Mitch. Ahora se nos llama a ensanchar la mirada para tener presentes también a "los damnificados de siempre",es decir,a los hermanos y hermanas más pobres,porque "existen situaciones de miseria permanente que han de sacudir la conciencia del cristiano y llamar su atención sobre el deber de afrontarlas con urgencia,tanto de manera personal como comunitaria" (Ibid.).

4. Vivir la solidaridad en cada una de nuestras parroquias

En nuestra Asamblea de enero,los obispos de El Salvador tomamos la decisión de que en la cuaresma de este año,se realice la Campaña de Solidaridad en todas las diócesis de esta provincia eclesiástica.
Al respecto,acordamos lo siguiente:

1. A lo largo de la cuaresma,se debe realizar en cada una de las parroquias del país,una campaña de colecta de fondos económicos para ayudar a los pobres de la misma parroquia. Este fondo deberá constituirse gracias a las privaciones voluntarias de los fieles. Cuando ayunamos o nos abstenemos de algo que nos gusta,es para aliviar el hambre de los pobres.

2. Es de desear que para la mayor motivación y una más sólida educación de los fieles en la virtud cristiana de la solidaridad,se definan en cada parroquia los casos concretos que se apoyarán con el resultado de las privaciones de los fieles.

3. Corresponde a cada obispo establecer en su diócesis las normas por las que deberá regirse esta Campaña de Solidaridad.

4. Cáritas de El Salvador y las Cáritas diocesanas colaborarán en la sensibilización de la comunidad cristiana para que responda con generosidad y entusiasmo a nuestra invitación. También podrán colaborar más estrechamente en la organización y ejecución de la Campaña donde este servicio sea solicitado.

5. Recomendamos vivamente que se aproveche la Campaña de Solidaridad para realizar un censo lo más completo posible de las familias más necesitadas de la parroquia. También podrían elaborarse pequeños proyectos para obtener fondos adiciónales en favor de los pobres. Y,donde no existe,conviene dar los primeros pasos para poner en marcha la pastoral social.

Sigamos caminando hacia el Gran Jubileo del 2000,uniendo nuestras voces al Vicario de Cristo para orar juntos al Padre:
Padre clemente,que en el Año Santo se fortalezca nuestro amor a ti y al prójimo; que los discípulos de Cristo promuevan la justicia y la paz; se anuncie a los pobres la Buena Nueva y que la Madre Iglesia haga sentir su amor de predilección por los pequeños y marginados.
San Salvador,miércoles de ceniza,17 de febrero de 1999.
 
Fernanda Sáenz Lacalle
Arzobispo de San Salvador y
Administrador Apostólico de Santa Ana
Presidente de la CEDES

José Oscar Barahona Castillo
Obispo de San Vicente

Eduardo Alas Alfaro
Obispo de Chalatenango

Samuel Elías Bolaños Avelar,sdb
Obispo de Zacatecoluca

Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador

Rodrigo Orlando Cabrera
Obispo de Santiago de María
Vicepresidente de la CEDES

Romeo Tovar Astorga,ofm
Obispo de San Miguel
Secretario de la CEDES

José Adolfo Mojica
Obispo de Sonsonate

Luis Morao,ofm
Administrador Apostólico del
Ordinariato Militar