JESUCRISTO ES EL UNICO SALVADOR DEL MUNDO

Muy queridos hermanos y hermanas:

"Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Rom 1. 7).

Este sábado 8 de febrero se cumple el primer aniversario de la segunda visita de Su Santidad Juan Pablo II a El Salvador. Es un día propicio para que todos los hijos e hijas de la Iglesia nos unamos en alabanza y acción de gracias por un don tan especial. A la oración debe añadirse el compromiso renovado de acoger y poner en práctica,con espíritu de conversión,el profundo mensaje que nos dejo el Santo Padre.

Nuestro amor y fidelidad al Vicario de Cristo en la tierra nos llevará a asumir con entusiasmo su proyecto del Gran Jubileo del año dos mil,viviendo con particular intensidad el primer año de la fase preparatoria,que está dedicado a Jesucristo. También se nos recomienda poner especial interés en el bautismo,la fe,la Virgen María como Madre de Dios y el acercamiento más vivencial a la Sagrada Escritura.

1. Vivamos intensamente el "Año de Jesucristo"

Si. Juan Pablo II nos pide que en el año dedicado a Jesucristo tomemos plena conciencia de la gracia del bautismo. El Papa nos invita a redescubrir este sacramento "como fundamento de la existencia cristiana" (Carta Apostólica sobre la llegada del Tercer Milenio,"Tertio Millennio Adveniente",41). En efecto,a través del agua del bautismo el cristiano llega a la luz de Cristo y recibe la vida de Dios por la efusión del Espíritu Santo.

Pero el bautismo está íntimamente relacionado con la virtud de la fe. En este sentido podemos afirmar que el bautismo es el sacramento de la fe: en primer lugar,porque supone y exige la fe; luego porque como efecto del sacramento se infunde esta virtud sobrenatural como una iluminación interior que abre la mente del bautizado a los misterios de Dios; y,en tercer lugar,porque es una confesión y un compromiso de fe. De esta manera toda la vida del cristiano es una vida "en la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál 2,20).

En 1997 también debemos contemplar maravillados a la Virgen María en el misterio de su maternidad divina. Ella es para nosotros el modelo supremo de la fe y de la consagración total a la obra de salvación realizada por Jesucristo. Ella,que acogió con todo su ser la palabra de Dios,nos guiará en nuestro renovado interés por la Sagrada Escritura porque en la Santa Biblia "es el mismo Padre celestial que sale a nuestro encuentro amorosamente y se entretiene con nosotros manifestándonos la naturaleza del Hijo unigénito y su proyecto de salvación para la humanidad" (Tertio Millennio Adveniente,40).

2 Jesucristo llena de júbilo el mundo

En el año 1300 el papa Bonifacio VIII promulgó el Jubileo romano "para el honor de Dios y la exaltación de la fe". A partir de entonces,los Jubileos han sido para la Iglesia verdaderos momentos de unidad y renovación. El Jubileo del dos mil deberá ser también para nosotros los cristianos un periodo de renovación personal,de reconciliación con Dios y con los hermanos; un tiempo de alegría desbordante porque crecerá en el mundo la libertad,la justicia,la unidad y la paz.

El Jubileo es,por tanto,un tiempo de gracia y misericordia,un tiempo propicio para la conversión porque -como enseña el Concilio Vaticano II- la Iglesia,"recibiendo en su propio seno a los pecadores,santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante,busca sin cesar la penitencia y la renovación" (Constitución sobre la Iglesia,8). De esta manera responderemos a la apremiante llamada de Jesús: "Conviértanse y crean en el Evangelio" (Mc 1,15).

El "Evangelio" es la buena nueva anunciada por Jesús. Pero es también,y sobre todo,Jesús mismo: él es el "Evangelio del Padre". Como escribe Juan Pablo II en su carta apostólica sobre la llegada del Tercer Milenio,
"El es quien anuncia la buena noticia a los pobres. El es quien trae la libertad a los privados de ella,libera a los oprimidos,devuelve la vista a los ciegos (cf. Mt 11,4-5; Lc 7,22). De este modo realiza ‘un año de gracia del Señor’,que anuncia no sólo con las palabras,sino ante todo con sus obras" (TMA,II).

El Papa señala a continuación:
"El jubileo,’año de gracia del Señor’,es una característica de la actividad de Jesús y no solo la definición cronológica de un cierto aniversario" (ibid.).
En otras palabras,cada vez que Jesús cura a un enfermo,libera del poder del demonio o perdona los pecados,es "jubileo" para quien recibe esa gracia. Esta es la gran noticia que debemos anunciar al mundo: "¡Dios te ama,Cristo ha venido por ti; para ti Cristo es ‘el Camino la Verdad y la Vida’!" (Los fieles cristianos laicos,34).

3. Cómo celebrar el "Año de Jesucristo"

Ahora comprendemos mejor el objetivo fijado por el Santo Padre al Gran Jubileo del dos mil: el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos. Escuchemos sus palabras:
"Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad,un fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo,especialmente del más necesitado" (TMA,42).
Antes de concluir esta exhortación pastoral queremos expresar nuestro profundo gozo y esperanza por las iniciativas que están surgiendo en los diversos sectores del pueblo de Dios. Así debemos seguir para ponernos "en camino hada la Puerta santa del dos mil,símbolo de Cristo,único Salvador del mundo" (Juan Pablo II,24 de noviembre de 1996).
Para que marchemos juntos,en íntima comunión,proponemos a todos ustedes las siguientes orientaciones pastorales:

1. Meditar y hacer vida el mensaje del Papa en su segunda visita a nuestro país.

2. Difundir con especial celo la palabra de Dios. Que 1997 sea "el año de la Biblia". En ningún hogar católico debe faltar el libro de las Sagradas Escrituras.

3. Aprovechar de la mejor manera posible los materiales que se han puesto a disposición de todos. Recomendamos de manera especial el libro "Jesucristo,Salvador del Mundo",preparado en Roma por el Comité Central del Gran Jubileo así como las catequesis contenidas en el libro "Creo en Jesucristo" y las publicaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

4. Establecer,donde aún no exista,una verdadera pastoral del bautismo,sacramento que goza de particular aprecio entre el pueblo fiel,purificándolo de cualquier elemento que no este acorde con la enseñanza de la Iglesia.

5. Profundizar la "pedagogía del perdón" a la luz de lo que nos dijo el Santo Padre hace un año -sobre todo en la homilía pronunciada en la urbanización Siglo XXI- y de su Mensaje para la Jornada de la Paz de 1997: "Ofrece el perdón,recibe la paz".

6. Empeñarse a fondo en la creación de la "cultura de la vida". Aquí entra nuestra firme oposición al aborto y nuestro compromiso con el desarrollo integral del hombre y la mujer salvadoreños.

Pidamos al Padre que toda nuestra actividad pastoral hasta el umbral del tercer milenio se convierta para la Iglesia y el pueblo de El Salvador en una "nueva primavera de vida cristiana que deberá manifestar el Gran Jubileo,si los cristianos son dóciles a la acción del Espíritu Santo" (TMA,18).
En el nombre del Señor de la Vida,les bendecimos de corazón.
 
San Salvador,8 de febrero de 1997, en el primer aniversario de la segunda visita de Su Santidad Juan Pablo II a El Salvador.