VISITA A CUBA
Visita del Papa a Cuba
JUSTICIA, PAZ, LIBERTAD Y RECONCILIACION PARA CUBA
Ciudad del Vaticano, 27 de marzo de 2012.- “Vengo a Cuba como peregrino de la caridad, para confirmar a mis hermanos en la fe y alentarles en la esperanza, que nace de la presencia del amor de Dios en nuestras vidas. Llevo en mi corazón las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados”.
Estas fueron las palabras de Benedicto XVI al comenzar su visita apostólica a Cuba, donde llegó ayer noche procedente de México. El Papa fue recibido en el aeropuerto de Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla, por el presidente Raúl Castro, el arzobispo Dionisio Guillermo García Ibáñez, presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba y el cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana.
El Papa recordó en su discurso la “huella imborrable” que dejó en la isla la visita del beato Juan Pablo II. “Para muchos, creyentes o no -dijo- su ejemplo y sus enseñanzas constituyen una guía luminosa que les orienta tanto en la vida personal como en la actuación pública al servicio del bien común de la Nación. En efecto, su paso por la isla fue como una suave brisa de aire fresco que dio nuevo vigor a la Iglesia en Cuba, despertando en muchos una renovada conciencia de la importancia de la fe, alentando a abrir los corazones a Cristo, al mismo tiempo que alumbró la esperanza e impulsó el deseo de trabajar audazmente por un futuro mejor. Uno de los frutos importantes de aquella visita fue la inauguración de una nueva etapa en las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, con un espíritu de mayor colaboración y confianza, si bien todavía quedan muchos aspectos en los que se puede y debe avanzar, especialmente por cuanto se refiere a la aportación imprescindible que la religión está llamada a desempeñar en el ámbito público de la sociedad”.
También habló el Santo Padre del cuatrocientos aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre cuya “entrañable figura ha estado desde el principio muy presente tanto en la vida personal de los cubanos como en los grandes acontecimientos del País, de modo muy particular durante su independencia, siendo venerada por todos como verdadera madre del pueblo cubano”.
La devoción a 'la Virgen Mambisa', agregó “ha sostenido la fe y ha alentado la defensa y promoción de cuanto dignifica la condición humana y sus derechos fundamentales; y continúa haciéndolo aún hoy con más fuerza, dando así testimonio visible de la fecundidad de la predicación del evangelio en estas tierras, y de las profundas raíces cristianas que conforman la identidad más honda del alma cubana”. Benedicto XVI afirmó después que, como tantos peregrinos a lo largo de los siglos, irá a El Cobre para agradecer a la Virgen “sus desvelos por todos sus hijos cubanos y pedirle su intercesión para que guíe los destinos de esta amada Nación por los caminos de la justicia, la paz, la libertad y la reconciliación”.
El pontífice se refirió después a la difícil situación económica que viven hoy muchas partes del mundo y que “no pocos concuerdan en situar en una profunda crisis de tipo espiritual y moral, que ha dejado al hombre vacío de valores y desprotegido frente a la ambición y el egoísmo de ciertos poderes que no tienen en cuenta el bien auténtico de las personas y las familias. No se puede seguir por más tiempo en la misma dirección cultural y moral que ha causado la dolorosa situación que tantos experimentan. En cambio, el progreso verdadero tiene necesidad de una ética que coloque en el centro a la persona humana y tenga en cuenta sus exigencias más auténticas, de modo especial su dimensión espiritual y religiosa. Por eso, en el corazón y el pensamiento de muchos, se abre paso cada vez más la certeza de que la regeneración de las sociedades y del mundo requiere hombres rectos, de firmes convicciones morales y altos valores de fondo que no sean manipulables por estrechos intereses, y que respondan a la naturaleza inmutable y trascendente del ser humano”.
“Estoy convencido -concluyó- de que Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes, a lo que cooperará ese inmenso patrimonio de valores espirituales y morales que han ido conformando su identidad más genuina, y que se encuentran esculpidos en la obra y la vida de muchos insignes padres de la patria, como el Beato José Olallo y Valdés, el Siervo de Dios Félix Varela o el prócer José Martí. La Iglesia, por su parte, ha sabido contribuir diligentemente al cultivo de esos valores mediante su generosa y abnegada misión pastoral, y renueva sus propósitos de seguir trabajando sin descanso por servir mejor a todos los cubanos”.
VISITA A MEXICO
El Papa se despide de México
EL PAPA: “LAS ESTRATEGIAS HUMANAS NO BASTARÁN PARA SALVARNOS; DEBEMOS RECURRIR A DIOS”
Ciudad del Vaticano, 25 marzo 2012 (VIS).-Benedicto XVI celebró este domingo la Santa Misa en el parque Expo Bicentenario de la ciudad de León, adonde llegó en helicóptero desde el colegio Miraflores, en el que se hospeda durante la primera etapa de su viaje apostólico a México. A su llegada, fue recibido por el gobernador del Estado de Guanajuato y por medio millón de fieles que saludaron su paso en automóvil panorámico.
El Pontífice concelebró con 250 cardenales, obispos mexicanos, presidentes de las 22 conferencias episcopales de América Latina y del Caribe, obispos llegados de todo el continente; y con unos 3.000 sacerdotes. Un coro de 200 voces, acompañado por una orquesta, animó la liturgia, que los fieles pudieron seguir de cerca en numerosas pantallas gigantes.
Ofrecemos a continuación amplios extractos de la homilía del Santo Padre:
“«Crea en mí, Señor, un corazón puro», hemos invocado en el salmo responsorial. Esta exclamación (…) nos ayuda a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica”.
“El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente, y la esperanza de que Él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro”. (...)
“Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al Único que puede dar vida en plenitud, porque Él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo”.
“El Evangelio de hoy prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo. (…) En la cruz (…) comenzará su gloria a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante (…). Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego no como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdadero Dios, por quien se vive, al Creador de las personas (…) del Cielo y de la Tierra. Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que Él les diga»”.
(…) “Al venir aquí he podido acercarme al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete. (…) Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que Él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar”. (…)
“También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana (…) pidamos a Cristo un corazón puro, donde Él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María. Así crece nuestra amistad personal con Él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás”.
“En Aparecida, los Obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras (...) Se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar». Lo vemos muy bien en los santos, que se entregaron de lleno a la causa del Evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida. Su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final”. (…)
“Pidamos a la Virgen María que nos ayude a purificar nuestro corazón, (…) y que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad”.